Categoría: desamor

  • Desordenado cuaderno.

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Por qué tienes un blog?

    Preso en mi cómoda cárcel de monedas a cambio, la esperaba en las noches, aburrida de exhibir sus curvas sobre neón, en danzas tribales, de intercambios de mirada, de ritmos monótonos, de bucles de bombo y lamentos sintéticos, con labios de fresa y aroma verde, terroso y amaderado.

    En mi espera, arañaba el papel con tinta de lamentos, con promesas destinadas al olvido, con plegarias ignoradas del acervo divino, de cruce de dedos, de corazones rotos por no haber vivido. Lágrimas invisibles tras sonrisas de paso, en un vuelva pronto pero déjeme aquí, escribiendo mi espera, en mi amnesia del tiempo.

    Hoy, desempolvando trastos inútiles en el almacén de olvidos premeditados, encontré mi viejo cuaderno de heridas en verso y llantos enfrascados, limpié con la manga el polvo que había entre párrafos y estrofas, busqué al azar esperando antigua vergüenza de cansinos sentimientos de culpa que paralizaban antaño las ganas de salir huyendo. 

    Encontré sucias canciones mudas, sin voz que la entonaran, pintarrajos de rabia contenida, perdida por no hacer nada, pasión impresa en tono desesperado, de la esquiva sensación de no ser amado, en respuesta a no saber ser visto o no haberlo intentado, también risas flojas, sencillas carcajadas, apretadas en renglones torcidos de un dios primitivo, que miraba para otro lado, cuando flirteaba con Lilith en el baño de empleados.

    Recordé que no solo era exorcismo de dolor y rabia, eran canción de la brisa, de las melodías de Silvio y del tronar de las barricadas, de la electricidad estática, que dejaba al vinilo chispas acústicas y que también dejaban surcos de tinta en mis delirios, dejándome con las ganas de sangrar mejor y no padecer en vano.

    Atari Teenage Riot – Activate
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  • A veces…

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Cómo te sientes ahora mismo?

    A veces siento en negro, y mi pasión tiñe letras de un oscuro azulado que, mientras desangro mi alma, se tiñe en rojo  los adjetivos o en frases tintas y abrazo al vacío que tanto me inspira. Evoco danzas macabras en tonos pastel y trazos de tiza emborronados, que acaricio mientras caigo en el más absoluto misterio. Y amo así mi juego de arrítmica oratoria silenciosa, en el falso papel de fantasía electrónica.

    A veces la oscuridad se torna en colores, y brillan en metálicos reflejos, compases de estética televisiva, abriéndose en morse, circunloquio de risas melancólicas de un sombrerero a la hora del té. Disfrazando cada palabra en mi carnaval, de campanillas asonantes, de lágrimas de alegría en danza, descalzo, tensando las cuerdas místicas de una guitarra.

    A veces hablo blanco y mis letras se desarman en relieves de piedra, gastados por la marea, mientras runas incoherentes juegan a ser oraciones mágicas, capaces de rotar en creciente, negras y blanca entre corcheas.

    A veces callo y acompaño al viento a contemplar las olas en silencio.

    A veces simplemente sueño.

    Vetusta Morla – Sálvese Quien Pueda
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  • Una mirada

    Sugerencia de escritura del día
    Crea un plan de preparación en casos de emergencia.

    El saber de ella, esa cálida tarde de primavera, la que me crucé con su triste mirada cabizbaja, que de reojo quiso un encuentro y sentir que mi corazón se desbocaba arrogante, golpeando mi pecho con rabia, sin escrúpulos, se convirtió en una emergencia al volverme atrás y entre la marea de prisas por seguir, encontrarme con su ausencia. 

    Las luces rotaron en rojo, como una alarma constante,  hasta que mis ansias de sanar mi sobresaltado músculo, suspirando el momento idóneo, de encontrar la paz de un alma, que cure la ausencia de ti en el calor de otros labios. Así que siguiendo el sendero de su recuerdo, dibujé un plan en la funda de la almohada, soñando un encuentro cercano donde atrapar el movimiento de sus caderas al compás de la hoguera de San Juan y del crepitar de su fuego.

    Me detuve a investigar su rastro, en el lugar del cruce del camino, la melodía de la pista escondida que llevara a tu encuentro mi destino. El desenfado de su risa me llevó al momento, rumbo a sus huellas difuminadas en la arena de la playa. Supe que estaba en el camino acertado cuando encontré el aroma de su piel entre el salitre de la orilla, suspirando por el suelo que pisaba.

    La descubrí al amor de la sombra de un bar, donde un café revuelto le hacía compañía, sin más conversación que el tintineo de la cucharilla y el chocar del circular de monedas. Yo le ofrecí la mía, auspicio de lo imposible, que creía a la deriva, serendipia de su sonrisa al verme sentar a su vera, al mostrar que se aburría.  

    Exorcice a Ennui en ciernes con la invocación de risas furtivas cazadas, saque de mi chistera las palomas que había escondido para la cita adecuada, que pacientes guardaban su oportunidad de vuelo, alto, hacia la copa de las palmeras y arriesgué de su vuelta el olvido. Ella me susurró al oído misterios de vidas pasadas, de cristales de jarrón roto, pegado a trazos de pincel, de su cariño por las almas de hocico húmedo, que lamen su cara contentos cuando vuelve y del signo de que sus ojos tristes, soportaban la ausencia de a quien su amor alejaba, más allá de la luna, en una estrella, esperaba.  

    La película terminó en largos besos de falta de caricias en las frías noches de invierno, con el anticipo de una segunda parte en la sesión de la noche del viernes, en el mismo bar, con el mismo café revuelto, conversando con la cuchara y la taza, solo que me encontré que no eras tú y tú nunca llegabas.

    A la brisa del cierre quien me vino a cobrar me dijo que te habías ido lejos a donde su tristeza miraba, allá donde vos eres tú y el invierno calienta amenazante de estío.

    Deambulaba perdido sintiendo en secreto la lluvia sobre mi cara, cuando el roce casual me hizo encontrarme con una sonrisa urgente, que se perdía en la noche, arrastrada por la primavera, llevándole a iniciar un secreto al recordar mi tristeza.

    The Beatles – Sexy Sadie

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  • La Estampa

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué es la cosa más importante que siempre llevas contigo?

    Querida amiga.

    Hace tiempo que espero incansable saber de ti. Malditas las circunstancias que nos separan, que consiguen que mis letras y las tuyas caminen despacio, distantes e imprecisas. Tanto, que desespero en el momento de ver tu remite, en lugar del afecto que procesa el sobre del hogar del dinero.

    Todavía conservo aquella estampa que me regalaste, la llevo siempre encima, cuando me voy a dormir, en silencio, le susurro. No en una plegaria desesperada, mas bien como quien murmura secretos al oído pidiendo la complicidad de una mirada. A la hora que el gallo conjura estridente los rayos de luz a mi ventana, la recojo de su lugar seguro, debajo, al calor de la almohada, la beso y a buen recaudo, en mi cartera, peregrino con ella en mis quehaceres diarios, sintiendo su presencia, siempre, en mi pecho.   

    Quien quiere conocerme piensa que es devoción, pero la realidad es otra, que hace que mi sangre hierva roja en mis mejillas, y una presión en los labios que suplican ser saboreados con la voracidad de un lobo hambriento de ganado o de un erudito la necesidad curiosa del verbo.

    La oscuridad de mis pensamientos mancha el brillo de luna llena de mi tesoro, pero en el fondo, sin saber por qué, yo siento que es también su deseo, que su virtud intacta sea borrada por la yema de mis dedos en lo que dura un sueño, de sudor en sabanas limpias aquellas noches de verano.

    Espero que pronto, por el azar o el destino, crucemos de nuevo nuestras risas al caminar y que pueda a tu lado, recorrer el sendero que nos lleva a mi casa y hagas mías tus aventuras allá lejos. O al menos que sean de tinta tus palabras y lleguen a mí pronto, cruzando el puerto.

    Un abrazo enorme,

    con amor.

    Virginia S.

    Nox Arcana – Santa Selena
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  • Cruce de miradas

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué escuchas mientras trabajas?

    Él, volvía del agobio del trabajo, de haber aguantado absurdas exigencias 

    ella, paseaba desolada por la ciudad, purgando incansable su pensar

    Él, creyéndose apóstrofe multiplicado por cero, invisible evidencia,

    ella, harta de mentes vacías, con urgencia a devorarla sin el verbo amar.

    Él, harto de su existencia, ella tan solo pedía más.

    Pasó un rayo de estática, un roce, un tropiezo, un no dejar de mirar, 

    un sonido de surco viejo, un perdón no quise, intercambio de auricular,

    una parada sin querer, una caricia sin pensar,

    luego vino la piel y un verbo a conjugar,

    pretendo ser y estar

    y yo también.

    Él, ferviente poeta en estrofa de ritmos de electricidad,

    conjurando “vertical, transversal, soy grito y soy metal”

    ella, amante del acervo y de la melodía emocional,

    susurrando “Siento ante tu pecho libertad”

    Love of Lesbian – Allí donde Soliamos Gritar
    Andres Suarez – Herbeira
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  • Paisaje

    Desde mi ventana, aquella vez, con el rostro en nostálgicos reflejos naranja y rojo, deseando que fuera noche para ver las estrellas y soñar con galaxias, sentía el aroma de frito de barra del bar con serrín en el suelo, olor antiguo de aquel vino que yo no podía y aquella tortilla de camarón, que me parecía enorme y en un momento devoraba.

    Desde mi ventana, olor a sal, rumor de palmas y risas, calor de levante. Sonrisa de azahar en aquella playa, de manos heladas y un tierno beso entre las tibias aguas donde se rompen las olas, de ojos cerrados soñando con más, con el sabor de miel en los labios mientras cruzaba el mar, después. 

    Ya no quedan días de ese verano en el que mi cuerpo rezaba por ti y mi mente se rindió a los lejos, saboreando otros perfumes y tornándolos distantes, pues nadie permanece en tierras de otros, esperando, solo van de paso.  

    Desde mi ventana calima y viento y alrededor la mar, sintonía de brillo de neón, de lenguaje extraño y caricias cercanas de noche y olvido. De flashes de colores secuestrando tu sonrisa, de vapor etílico desde tu voz y risas y olvido y pasión de verano, que todos los días es carnaval y todas las noches nos despedimos.

    El Columpio Asesino – Toro
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  • Verdes

    Silueta de brillo de luna, ritual de verano en batalla contra las olas del mar, de espuma salpicada de rostros alegres buscando y yo que no encontraba hasta que me crucé con tu aroma rozando mi piel y perdí la intención de acechar la marea y enloquecí por probar el sabor de mar que empapaba tus labios.

    Verdes eran, brillando con el  23 de junio reflejado en ellos, el mismo de la hoguera con la que nos calentábamos, que no hacía falta, tenías ese efecto en mí. Mojados en un conjuro de amor eterno, entre risas de aire helado, me ofreciste una parcela en tu toalla y yo a ti el espíritu fatuo que quemó tu garganta, relajó tu inquieta mente e hizo brillar tu mirada.

    Tu tarareabas aquella horrible canción, yo palpitando cada vez que me acercaba a tu oído, tintineo hilarante de mis chistes malos, botella cansada de tanto trago, yo soñaba beber de tu boca tu añorabas sentir mis brazos, aquelarre a saltos alrededor del fuego, excusa perfecta para agarrar tu mano y derribarnos los dos a orillas de la lumbre, asándonos a fuego lento, a caricias escondidas a lo lejos.

    Tú me contaste del frío con el sol a lo lejos, pidiendo un abrazo, yo no dudé un segundo en abordar tu piel y comer de tus besos. Mientras moría la noche en la playa y nos quedamos solos cosiéndonos a caricias, olvidándonos del resto. 

    Me tengo que ir, estropeó el momento de querer seguir sintiendo algo más que afecto. Y me quedé sin tu voz, sin el sabor de tu piel, sin la promesa de un ya vuelvo. Al humo de la mañana solo encontré el viento, que se llevó el hechizo de tu verde mirada y la transformó en recuerdo. 

    Blasfemando tu canción volviendo a casa, te vi de lejos huir de la mano de un caballero andante motorizado, de brillante armadura Armani y de besos profanados.

    Rod Hot Chili Peppers – Under the Bridger
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  • Del Latido de mi Corazón.

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Alguna vez te han operado? ¿De qué?

    Tras sentir la ausencia de tus caricias, enfermé sin remedio, la mente se me quedó ausente y las lágrimas ensuciaban mi cara, turbias y saladas, como si quisieran lavarme las penas a lametones de vaca. Andaba lento, con los pies arrastrados, dejando un surco en la arena donde sonaban melodías de olvido y de ganas de verte. 

    Me acordé de un amigo, que entiende los síntomas del alma, que me dijo que si algún día sentía que mi mente se había ido lejos y los huesos de mi cuerpo, se amontonaban hundidos, en un rincón de la casa, solo había una cura, había que extirpar el corazón. Con un bisturí de verdades tardías y unas pinzas de celos de los rayos de sol en tu piel, extraje a latidos ese órgano exhausto de altibajos, lo guardé en alcohol barato y lo olvidé en la repisa de mis deseos sin cumplir.

    Al principio era raro, en el hueco anidaron los gorriones, notaban el pisar de sus patas sustituyendo latidos y dejaba un rastro de plumas allá donde me quedaba pensando. Los niños se asustaban cuando me acercaba, al verme pálido y con ojeras y las señoras del barrio cuchicheaban a mis espaldas, al pasar caminando desganado, vestido con pupilas contraídas y sonrisa seca de alegría. 

    Con el tiempo, una mirada buscando, se encontró con la mía perdida, y quiso calentar mis frías manos con su pasión olvidada y el recuerdo de la mía. Pasamos días aislados, saboreando recuerdos y maquillando cicatrices de garras de gato herido. Por fin comprendió del vacío silencioso que ocultaba mis suspiros. Con un escalpelo de tímido afecto y húmedos besos, me regaló un fragmento de su corazón congelado y me lo cosió al pecho diciéndome un te quiero.

    Huyó con prisas al amanecer, con la promesa de un mañana de risas y cama caliente de madrugada, dejó las huellas de sus manos en mi espalda y las ventanas empañadas de su aroma, pero me dejo latiendo fuerte y repartiendo sonrisa ancha allá por donde camino.

    Accept – Metal Heart
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  • Tus Besos

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Cuál es la comida más rica que has probado?

    Dejé de apreciar el sabor el día que perdí la ocasión de volver a besar tus labios. Desde entonces, me quedan manchas de grasa en papel estracilla y las mañanas han perdido el aroma a café, el crispear  de los churros en las calles, me produce la angustia del que recoge una rosa con miedo a pincharse. 

    La cocina se ha vuelto ese lugar mudo, triste, sin ganas, de tan limpio que ha quedado el horno y ordenados la alacena. Los fogones, sin llama, me piden la compañía que trae el fuego lento, cuando allí habitaban tus caricias, cuando en condimento, exótico, fragante y especiado volaba sobre la encimera pidiendo entrar en tu plato. 

    Mi paladar ya no recuerda el dulce ni el salado, solo recuerda el ácido rumor de tu recuerdo y el decantar de aquel aliento, que a diferencia tus labios color burdeos, queda en amargas notas de licores extraños de colores turbios y texturas sintéticas.

    Tal vez, tenga que abrir la ventana y dejar que el olor denso del asado escape liberado, y dejar entrar el aire de la mañana, a ver si, con los rayos del sol, entra en mi cocina, unos labios nuevos, que de un beso a fuego lento, me devuelva la capacidad de apreciar el sabor.

    The Smashing Pumpkins – Tonight Tonight
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  • Susurro a tu oído

    Esta noche quiero contarte algo, pero mi voz no sale, se la lleva viento, se equivoca de camino cuando cruza mi boca y pierde tus oídos. Mis palabras se marchitan, como hojas caídas en mi otoño y se caen tristemente, sin gracia, sin acento, con la triste fragancia de quien aprende refranes y lo convierte en cacofonía, en el desesperado intento de suspirar un sentimiento.

    Pensé, que tal vez, si secuestrara tu tiempo para tratar de crear la historia de tus besos cuando eran rojos y se posaban en mis sílabas acentuando mis labios. O si gritase en los prados, buscando animales hambrientos del verbo, y alimentarlos con pasiones lejanas, de otro tiempo, para saberlos felices o que huyan espantados, pidiendo exilio en versos ajenos rimados en curva y huesos o brillos de mísero bronce. 

    Pero me cuesta que mi mente aprenda del tiempo que no tengo, a alzarse independiente del sabor de la tónica, de tus adjetivos entonada al verbo amar y quizás en un susurro aprenderé la conjugación, amé, amo, amaré. Que sea tu respiración quien me delate la cadencia y el tiempo, si es un efímero infinito o si es un terminar empezando.

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