Categoría: Cuentos cortos

  • Exterminad, criaturas.

    ¿Sueñas con el exterminio de la raza humana? ¿La destrucción de grandes ciudades es importante para ti? O tal vez prefieres la invasión alienígena o la invocación de demonios ancestrales para destruir todo signo de civilización en el planeta.

    Sea cual sea tu perturbadora fantasía de un fin del mundo perfecto, aquí tienes la oportunidad de demostrarlo con unos párrafos, así que da rienda suelta a tu afán de destrucción y regalanos un bonito apocalipsis bien sangriento.

    Bases de la propuesta;

    Venga hombre, que es el fin del mundo, ¿quien quiere reglas?, solo que al menos sean dos palabras o más, no vale simplificar en  “THE END” que eso ya está muy visto.

    Esto es un ejercicio de autoexploración, para que puedas encontrarte con lo más abominable de tu ser, que también necesita cariño. En ningún momento pretende ser un concurso, pero al mejor texto original se le dará una palmadita en la espalda y el cariño de una lectura apasionante y dedicada del resto de los participantes (¿Verdad?)

    Quien quiera participar y ser leído sólo tiene que vincular su historias en los comentarios de esta entrada. Si no es así, disfruta de la lectura y que el fin de todos los tiempos te agarre confesado.

    Aquí va mi contribución en dos capítulos.

    Un nuevo comienzo.

    I – Reunión

     – Buenos días a todos, gracias por dedicarme su preciado tiempo, pero como comprenderán, la situación lo requiere. – La Reina Madre Superiora del Sureste de África, con la sobriedad que la caracterizaba, haciendo uso de los canales protocolarios, había conseguido reunir a todos los dirigentes. Ahora, en un emplazamiento seguro, bajo la Cordillera del Atlas, llevaban a cabo ese encuentro internacional. 

     – Entiendo que el asunto que nos concierne es la previsión climatológica extrema. ¿No es así? —La Reina Madre Superiora de Asia Meridional se mostró preocupada.

     – No hay nada más importante, Hermana Reina, nuestros métodos para anticiparnos a la variación climática, que hemos conseguido hacer muy fiables, nos está demostrando que en pocos años desertizará todo el planeta, veinte nos queda, como mucho, para que empiece a afectar seriamente a los ecosistemas. – La Reina Madre hizo una pausa en su explicación y contempló las expresiones de las demás. Había aroma de desesperación contenida en el aire. – La Reina Madre del Este de Europa ha creado un proyecto en el que yo misma he estado colaborando, es hora de que salga a la luz. Por favor, hermana Reina, explíquenos en qué consiste.

     – Por supuesto, hermana. Todos sabemos las consecuencias, nos enfrentamos a la extinción, en pocas décadas las posibilidades de sobrevivir serán escasas. Así que hemos ideado la manera de lograrlo. Nos trasladaremos a otro planeta. – 

     –  Se me presentan muchos interrogantes, hermana Reina —puntualizó interrumpiendo la Madre Reina del Norte de América, apoyada por la Reina Madre de América Central y por la Reina Madre de Australia.

     – Paciencia, todo será explicado, hermanas, cuando termine. Si hay más preguntas serán respondidas por orden. – respondió cortante La Reina Madre Superiora del Sureste de África.

     – Prosigo, pues —retomó la palabra La Reina Madre del Este de Europa. – Aprovechando una estructura metálica que se encuentra en la zona ártica, a varios kilómetros bajo la corteza, se está construyendo un artefacto de transporte, en el podemos comenzar la búsqueda de un lugar habitable.

     – ¿Hay algún lugar pensado? – Quiso saber la Reina Madre de Europa del Sur

     – Hay varias coordenadas interesantes para investigar, todas están a más de cuarenta años luz de nuestro hogar, nos lanzaremos al más cercano. 

     – ¿Cómo conseguiremos llegar? ¿No es mucho tiempo? —interrumpió a la Reina Madre de Asia del Norte.

     – Nos moveremos lentamente. Habrá períodos de suspensión vital. Esto significa que pasaremos en letargo casi todo el trayecto.

     – ¿Cómo vamos a hacer para alimentarnos cuando lleguemos? No sabemos si habrá plantas o animales que sean comestibles para nosotros. -Esta vez fue la Reina Madre de América del Sur quien tenía una cuestión.

     – Llevaremos alimentos, plantas, semillas, animales, todos los que podamos, intentaremos crear un planeta parecido. 

     – A mí, lo que más me preocupa es saber cómo vamos a poder salir de la atmósfera con un aparato tan grande. Según está contando la hermana Reina, para llevar tanta carga debe tener una envergadura colosal.

     – En el diseño original es de una longitud de ciento veinte kilómetros cuadrados y un grosor de doce, quizás podamos hacer que sea más grande, además se tiene pensado ampliarlo una vez fuera de órbita. Para sacarlo de órbita no tendremos más remedio que crear una explosión en el planeta y que nos impulse.

     – Dejaremos un planeta roto.

     – ¿Qué más da? Ya lo está en cierto modo. ¿Alguna pregunta más?

     II – Adiós, planeta azul.

    La gran explosión dejó al planeta herido de muerte, pero les dio el impulso necesario para iniciar la marcha. Todos dormían cuando esto ocurrió.

    Tras cruzar un horizonte programado empezó el proceso del despertar. Habían transcurrido años y tenían en vista varios sistemas planetarios cercanos a su posición. Las Reinas Madres andaban ocupadas dirigiendo a sus subordinadas. El resto estaban procurando que el artefacto se conservara habitable.

    La mente común hizo que la evolución fuera rápida y que la tecnología, que nunca fue necesaria hasta ahora, se desarrollara en décadas, hasta conseguir un transporte hueco, que con la velocidad de giro contaba con gravedad artificial y con varios focos de luz y calor con tecnología de fusión, que simulaban el funcionamiento solar. 

    El espacio resultante era una capa interior de tierra y piedra, con inmensidad de túneles y pasadizos para ellas bajo la superficie, y una zona con relieve en varias capas y formas donde harían su vida los animales y plantas cuando no estuvieran en suspensión. El terreno era enorme para tan pequeñas criaturas, pero necesario para todos los animales y plantas que llevaban consigo.

     – Las hermanas jardineras ya han preparado el terreno, ahora toca ir despertando a los animales, lo haremos por peso. 

     – Hermana Ganadera Superior ¿Empezamos por bacterias y pluricelulares simples?

     – No, hermana, hay otras que se encargan de estos, hace tiempo que los están acomodando, ahora tocan insectos, crustáceos, cualquier organismo inferior a cinco gramos. Se va a hacer por escala de peso. Recuerden, herbívoros primero, los depredadores varios meses después.

     – Pero si se pretende recrear un ecosistema, ¿no deberíamos despertarlos a todos a la vez? 

     – No, hermana, todo con un control. En las tablas está todo estructurado, síguelas bien y ordena a las demás con bastante precaución, Nos hemos dejado muchas especies en el planeta, hay que calcular muy bien para poder permitir el perfecto funcionamiento del ecosistema. Hay animales, como los elefantes y las ballenas, que no hemos podido salvar.

      -¿Y qué pasará cuando despertemos a los humanos, hermana?

     – No hemos salvado a los humanos.

     – ¿Por qué? Ellos eran la otra especie inteligente del planeta.

     – Sí, hermana, pero ellos fueron los causantes del desastre.

    La pequeña hormiga se quedó pensativa antes de volver con sus tareas, después olvidó a los humanos y empezó con los preparativos para despertar a la primera especie.

    Kreator (and Lacrimosa) – Endorama

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  • Parte de mi familia

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué tiene de bueno tener un animal de compañía?

    Al anochecer se quedaba sentada en el pasillo, blanca como la espuma de las olas del mar rompiendo, serena como la manecilla corta del reloj de pared, Delilah, la gata, se quedaba custodiando la esquina durante al menos una hora, si más que hacer que proyectar su verde mirada sobre una minúscula grieta en la pared. 

    Al principio no le di importancia, pero sé que el instinto felino oculta secretos que los hace sabios, así que empecé a preocuparme. Me quedaba observando, junto a la gata, la grieta que se formaba en la pared. En poco tiempo empecé a percibir una amenaza, algo tenebroso que se desprendía de esa esquina del pasillo, derramando oscuridad al aire como una nube cargada de lluvia.

    Esa noche Delilah había faltado a su cita y sola quedé en el pasillo mientras los rayos de sol se ocultaban en el horizonte. La grieta de la pared empezó a supurar humo negro, que caía en cascada, depositándose en el suelo como lava negra escupida de un volcán. Avanzaba espesa sobre las baldosas blancas, ensuciándolas al contacto con un rumor alquitranado, susurro de palabras, de símbolos extraños que quedaban grabados al pasar.

    Al ir acercándose aumentaba el cuchicheo hasta convertirse en cánticos, que se dirigía a mí convertidos en una espesa niebla negra, avanzando lentamente. A ritmo del creciente miedo que me invadía, fui retrocediendo hasta acabar arrinconada en la pared contraria. De la espesa humareda fue formándose un largo brazo con una garra negra de dedos afilados, que tanteaba el suelo, buscando palmeando y arañando, infectando todo lo que tocaba de su sucia lobreguez, hasta que cerca de mí paró mientras mi respiración se desbocaba.

    De la ventana saltó iluminándolo todo. La pequeña Delilah parecía tener alas, y a la velocidad de la inercia de un salto llegó a mi lado. Su zarpa inquieta atravesó la palma de la garra de humo, entonces abierta, disolviendo con aire su negrura, haciendo retroceder la sucia marea que la alimentaba hasta quedar dentro de la grieta de la pared,  donde nunca tendría que haber salido.

    Siempre he pensado que la gata me daba paz, al sentir su ronroneo acariciarme en las noches de frío, al escuchar sus leves pasos por la mañana, al despertar, o las tardes de lluvia, con su revoloteo frente al cristal de la ventana. Ahora también me hace sentir querida y segura. Delilah no es solo mi amiga, sino también es parte de mi familia.

    The Jesus and Mary Chain – Darklands

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  • Despues

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Te falta tiempo?

    Era tan difícil, la oveja no se estaba quieta y Lila, con sus pequeñas manos atrapadas en su piel lanosa, se le hacía complicado el trabajo de esquilar, sin mas medios que unas tijeras, ademas bastante arriesgado. Habían evolucionado el sistema de silbatos para adiestrar a los perros, que hacían posible dirigir al ganado. Estos canes también eran peligrosos, pero una vez instruidos eran un aliado imprescindible. Estaba el sistema de poleas para poder canalizar a los bovinos y atraparlos en pequeñas jaulas, donde poder manejarlas mientras dura el esquilado. Pero no todas las ganaderas podían permitirse uno y para construirlos se necesitaba maquinaria compleja y pesada.

    «Quizás algún día», pensaba Lila sentada en el tejado. Tras terminar la jornada, se relajaba contemplando el amanecer, antes de subir a su hogar en el árbol y descansar. Las dos lunas estaban en cuarto creciente, la grande y blanca milenaria, casi llena, esplendorosa. La azul y más pequeña, con ese reflejo metálico que la caracterizaba y que la hacía extraña en el cielo. Las ancianas decían que ese satélite lo habían construido los dioses, los que habitaban antes y dejaron ciudades en ruina. 

    En algunas cámaras, en los lugares sagrados, había restos de libros antiguos, en escritura primigenia, donde hablaban de fabulosos viajes más allá de nuestro sol. Ellos dejaron también pequeños libros para enseñarnos a leer sus signos y poder así investigar el uso y la construcción de sus maquinarias. Lila tenía la esperanza de poder conseguir algún tipo de ingenio para que su trabajo con el ganado no fuera tan arriesgado.

    Se sabía que los dioses eran mucho más grandes, tenían dos brazos enormes con los que podían inmovilizar una oveja sin necesidad de ningún aparato, pero tenían un artilugio con el que podían  esquilar a decenas de ovejas en una sola jornada. 

    Lila se sentía pequeña, con sus minúsculos brazos y su alargado cuerpo. Elio, su compañero, era mucho más grande, casi media el doble que ella, pero, los antiguos habitantes sagrados medían cuatro veces la longitud de él erguido. Curioso era, que estos seres divinos caminaran siempre así, que sus piernas y brazos fueran tan largos, que carecieran de cola y que no tuvieran casi pelo.

    Lo que sí sabía, gracias a un aparato que se había descubierto hace poco tiempo, es que nosotras habitamos junto a ellos, de una manera más primitiva. En dicha maquina se habían capturado imágenes en movimiento, en las que ellos hablaban con una de nosotras, con sus hijos agarrados fuerte en su espalda, con la expresión de su cara llena de temor. Eran palabras amables, se podían entender “madre, encantadora y déjala marchar”, también se podían comprender palabras como, “fuera y largo de aquí”, que, aunque amenazantes, no parecían llevar odio, ni enfado.

     Las estudiosas cuentan que antaño, nosotras vivíamos junto a los dioses, gozando de su cuidado y su amor, pero nuestros machos, se rebelaron contra ellos e intentaron herirles con sus afilados dientes. Como castigo nos dejaron aquí, en el mundo, hasta que nosotras mismas seamos capaces de viajar al paraíso. Desde ese momento, los machos llevan el pecado en su lomo y por eso no tienen el don del raciocinio como Lila y las demás hermanas zarigüeyas.

    Incubus – Megalomaniac

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  • Rabia en tres fases

    Las lágrimas lo delataban, incontrolables, rodando por sus mejillas, como nube de invierno. No les dejaba otra opción que escapar de las miradas de compasión de alrededor. Una vez en aquel minúsculo aseo, frente al espejo, quiso, de la manera más fría posible, recapitular en silencio, en los cinco minutos que Samuel tenía de descanso.

    El pasado 18 de agosto, cumplió los cincuenta, padre de dos hermosas criaturas de once y trece años, una pareja estable, con sus diferencias y sus contradicciones, pero con amor y respeto y con un caniche color chocolate con el que compartía largos paseos al atardecer. Vivía en un piso y pagaba su correspondiente hipoteca, más el préstamo personal concedido para la reparación de su viejo auto, un sueño secuestrado por una entidad bancaria de unas vacaciones y la promesa financiada de un futuro mejor para sus hijas.

    Futuro que no comparte la compañía de seguros donde trabaja, en la que las personas son números a sumar o restar, según les conviene, según les place. Él es un número alto, poco elegante, con mala adaptación para lo que se necesita ahora. Pero eso no es lo que le han dicho. En la reunión le han explicado un cuento sobre unos objetivos difíciles de llegar  y sobre la dedicación y el esfuerzo ejemplares, como si no llevara décadas superándose año tras año, como si todo se resumiera al ahora y siempre. 

    Las caras jóvenes sonreían con codicia en la mirada y aire en la cabeza, las mayores con resignación. A la alta cúpula no le importaba nada, solo sabe de cifras que suben y bajan. A los del medio solo les interesa tener méritos y ser respetados, saber enseñar los dientes en una sonrisa feroz, dando dentelladas al aire para demostrar su instinto de devorador de almas perdidas. 

     I – Monstruo.

    Samuel destiló sus lágrimas en rabia dulce y esta se volvió incontrolable, empujo la puerta del baño tan fuerte que estalló en grietas las baldosas de la pared. Se dirigió al despacho de su superior, con las lágrimas todavía rodando por su cara, salpicando su camino. Abrió sin llamar, sin darle tiempo a pronunciar una sola palabra, lo agarró del pelo y le impulsó la cabeza con todas sus fuerzas sobre el punzón sujetapapeles, que bailaba sobre el escritorio sin ritmo. Quedando ensartado desde la oquedad de su ojo izquierdo.

    Pero no, no podía hacerse así, tendría que pensar en otra solución.

    II – Perdido.

    Al abrir la puerta del baño, Samuel encontró vegetación espesa, que tuvo que ir apartando para abrirse paso y llegar al claro donde comprendió dónde estaba, era un bosque, encantado supuso, donde por más que caminaba no encontraba más camino que los transitados por los animales que lo habitaban, el ruido del correr del agua le llamó la atención. Una cascada espléndida le dio la excusa para sentarse a descansar y a contemplarla, recreándose en el reflejo del pequeño lago que formaba, donde consiguió ver su imagen, su cara de cansancio, a la que se le sumó la cara de su mujer, esperando en casa, con cara de preocupación.

    Huir no era una opción. 

    III – Apático.

    Se limpió bien la cara, se arregló la corbata, miró su reloj de muñeca y se dispuso a salir, sin ganas, de su refugio en el aseo. Se sentó frente a los papeles de su cubículo y abrió el cajón de su escritorio donde guardaba, bien a mano por sí las emergencias, su teléfono móvil. Buscó la aplicación pertinente y pidió cita en el servicio de salud mental. 

    Más tarde, en la cafetería, en uno de los pocos periódicos que todavía conservaban formato físico, rodeaba en rojo el anuncio de una oferta de trabajo. No le apetecía nada empezar otra vez de cero, pero era la mejor opción, al menos para acallar sus instintos.

    Korn – Insane

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  • La fiesta patronal de Almendralejos de la Viña

    Sugerencia de escritura del día
    Invéntate un día festivo. Explica por qué todo el mundo debería celebrarlo y cómo.

    No cabía un alma en la plaza mayor de Almendralejos de la Viña, estaba a punto de empezar, todos vestían con sus mejores galas. Todos menos los participantes de la prueba, claro, ellos llevaban sus monos de cuero marrón y su pañoleta roja atada al cuello, que es lo que les identificaba como participantes. Allí estaban la dama y el caballero que habían obtenido el puesto de rey y reina de las fiestas que, como manda la tradición, debían dar el pistoletazo de salida.

    El estruendo fue feroz, fue el comienzo de la búsqueda del puercoespín, que como novedades este año había chicas participando y volvía a estar vetado el uso de palos y piedras como acto de liberarse de los demás concursantes. 

    La carrera por llegar al prado fue de lo más limpia, destacó la salida del joven número 12, quien fue seguido muy de cerca por la chica con el número 9 en la espalda. Ella saltó a los pies del contrincante, que quedó tumbado en el sueño al caer sobre una roca. En pocos minutos estaban buscando los rastros del animal, los demás participantes.

    Como todos saben en el pueblo, el puercoespín es rociado con un fluido pastoso de color rojo intenso, y al soltar al animal va dejando el rastro que le llevará a los competidores a saber su escondite. Y ya el número 4 había dado indicios de haberlo encontrado. El chaval marcado con el 1 se había dado cuenta y le arrojó en la cabeza un tronco enorme que había en el camino, dejándolo noqueado, y quedando número 1 descalificado por la normativa de palos y piedras. El juez le disparó el dardo tranquilizante de costumbre en esta actividad, quedando fuera de combate.

    Curiosamente, del interior del tronco lanzado anteriormente salió el preciado roedor. Número tres y número 12 estaban ahí para verlo, y corrieron a agarrarlo. El escurridizo animal decidió huir entre los matorrales más próximos mientras los dos participantes chocaban y se enlazaban en una pelea en la que terminaron rodando por el suelo. Acto que aprovechó la chica numerada con el 6, que empezó a palpar entre la maleza, descubriendo el paradero del bicho al clavarse en la mano varias de sus púas.

    Eso no fue suficiente para amedrentar a la número 6, agarró como pudo a la criatura con pinchos y se la llevó como trofeo hasta que la número diez logró arrebatársela con un poco de dolor al pincharse y la ayuda de un rodillazo en la barriga que dejó a la número seis bastante perjudicada. 

    Número diez con el puercoespín en los brazos, estaba llegando al lugar donde debía entregarlo para ganar la competición: la iglesia de Nuestra Señora de la Almendra, patrona de Almendralejos de la Viña. Ya la participante, con su trofeo con pinchos entre los brazos, cruzaba la plaza cuando apareció el número 13 detrás del manzano y de un certero puñetazo en la nariz, le hizo perder el equilibrio y caer por el puente. No sin antes perder el preciado animal con púas que quedó clavado en un brazo de 13, corrió con todas sus fuerzas hasta dentro del templo y empezó a golpear al cura con el puercoespín, tal y como manda la tradición, dejando al animal sin las pocas púas que le quedaba y al párroco sin conocimiento.

    Días después, cuando ya todos andaban recuperados, se celebró la boda del participante ganador del evento y de la reina de las fiestas, tal y como era la tradición. La novia lloraba desconsolada, no se sabe bien si de la alegría o por no haber ganado el galán que ella quería. Pero la tradición manda, en este caso, con una prohibición por normativa de solicitar el divorcio, hasta haber cumplido la mayoría de edad el primer hijo de los tres que deben concebir.

    Lamb of God – Reclamation

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  • Apiádate de nosotros

     El ejército estaba preparado, desplegados los soldados por todo el terreno, no podían imaginar una batalla más corta, abundantes en número, contaban con seis escuadrones subiendo la colina a esperas de las órdenes del mando. Tras ellos, todo un batallón esperando en retaguardia. Sería una cruenta masacre si no terminaban por rendirse, haría falta un milagro para que cambiasen las tornas.

    En la cima de la colina, expuesto al escuadrón más próximo, se le vio llegar, viejo como la montaña, arrastrando cansado sus pies a su paso, pero con la mirada feroz del depredador hambriento tras descubrir a su presa.

     – Ríndete, viejo. – Gritaron desde las trincheras. – Salva las vidas de tus discípulos.

     – ¡El Señor, mi Dios, me protegerá!

     – ¡Esta es vuestra última oportunidad, viejo! 

     – Dios misericordioso, imploro que caiga tu poder, que protejas tu pueblo elegido. Por tu gracia esperamos tu luz entre las sombras de nuestros enemigos.

     – ¡Comiencen el ataque!

    Los soldados aumentaron la velocidad, corrían hacia la cima con la esperanza de poder reducir a los invasores, sin muchas bajas, de ambos bandos. Los más veteranos sabían que no había que dar por sentada una victoria antes de una batalla.

    El cielo se iluminó amarillo intenso, la luz del sol se volvió violenta y se disparó en haces a los soldados más próximos a la cima. Quedando carbonizados en el acto. El rayo de luz invadió las trincheras, despojando de vida a los allí escondidos y se desplazó por la ladera, sembrando la muerte a su paso, hasta llegar al resto del regimiento. Había empezado a huir. 

    Aterrados estaban los pocos supervivientes que quedaban por tanta devastación, cuando una voz profunda y siniestra se escuchó desde más allá del horizonte.

     – ¡Manolito hijo, vamos, que nos tenemos que ir!

     – ¡Jo Mamá! Que se van a cargar a mi ejército.

     – Manolito, niño, deja de quemar hormigas con la lupa. ¡Coño! Que pareces un psicópata.

     – Espera que ya está casi.

     – Cómo se lo diga a tu padre…  

    Metallica – Creeping Death

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  • De guerreros y magos.

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué significa ser un niño de espíritu?

    – ¡Cuidado! ¡Detrás de ti!

    El guerrero giró en una imposible cabriola y se dejó caer al suelo. La abominable criatura que,  ofuscada en la maleza del camino, atacaba entre las sombras, cayó sin control entre las piedras de la calzada. Un golpe de hacha le hubiera dejado sin cabeza, pero este horripilante ser era un ciempiés mutante y quedó partido por la mitad. 

    Pronto, las dos partes del monstruo hicieron amagos de atacar, pero el mago preparaba un conjuro, con el inquietante susurro de una canción inexplicable formó una lluvia de fuego que carbonizó a la dividida criatura, reduciéndolo a cenizas.

     – ¡Gracias mago! Buena jugada.

     – Ha estado cerca.

    El guerrero y el mago siguieron avanzando por su senda hacia el castillo negro, fue saliendo del bosque cuando se encontraron con el peor de los imprevistos.

     – Un segundo, hay un mensaje entrante – Se excusó el mago.

    Ante la mirada de los aventureros, se abrió una grieta en el cielo donde se podía ver el rostro de una señora un tanto enfadada, que con la lejana voz del que existe en otra dimensión exclamó:

     – ¿Se puede saber cuando vais a terminar? – 

     – ¡Oh no! ¡Es la bruja del mundo real! – Dijo asustado el guerrero.

     – ¡Niño, no le digas eso a la abuela! – Reprendió el mago a la impertinencia del guerrero.

     – Si no llegáis a la mesa en menos de cinco minutos, os quedáis sin postre, los dos. – Sentenció la malvada bruja. – Que tenga que estar llamando para que estos dos coman…

     – Bueno, Carlos, dejamos la partida para mañana.

     – ¡Jo! Abuelo, mañana tengo fútbol.

     – Bueno, pasado.

     – Hoy habéis estado tres horas metidos en esa maldita máquina – Bramó la voz de la bruja, a la que creían ya desconectada.

     – ¡Anda, Carlos! ¡Guarda la partida y vamos a comer!

     – Sí, antes de que la bruja nos lance un sortilegio.

     – El sortilegio de dejarte sin postre, niño insolente.

     – Es broma, abuela.

    De pronto el mundo de fantasía donde habitaban guerreros y magos se sumió en la oscuridad.

    Tool – Die Eier Von Satan

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  • La llegada

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué trayectorias profesionales alternativas te has planteado o te interesan?

     – ¿Estás seguro?

     – ¡Que sí!

     – Pero es que queda raro.

     – Vamos a ver, todos tienen coche, así que he buscado uno que no llame la atención. 

     – Sí, pero…

     – Es uno de los favoritos del lugar, líder en ventas por muchos años consecutivos, ¿no?

     – Sí, es así, pero…

     – ¿Ostentoso? ¡No! ¿Verdad? 

     – No, eso no.

     – Pues he conseguido uno sin llamar la atención y lo estoy reformando.

     – Eso es una de las cosas que me preocupa.

     – A ver… Tiene una carrocería, un volante y ruedas, ¿no? Lo tengo que adaptar a nuestros medios, por diferencias tecnológicas.

     – Sí, eso lo comprendo.

     – Es un 127. De color beige, con antena, suena música de la época y lleva cinturones de seguridad delanteros.

     – Sí, todo eso está muy bien.

     – Entonces, ¿Qué es lo que te preocupa Smerk?

     – Pase que haya ciertas luces y pantallas holográficas en el interior, que la antena del techo sea una resistencia ovalada de diodos de tungsteno. Pero que el vehículo circule flotando a cinco centímetros sobre el suelo y que las ruedas que lleva son de cartón pintado es algo que nos delata un poco.

     – Tu siempre tan exquisito, así no vamos a poder invadir nada.

    El Milagro de P. Tinto – Tengo un OVNI formidable

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  • Moneda de un Dólar

    Sugerencia de escritura del día
    Si un genio te concediera tres deseos, ¿qué pedirías?

    La moneda de un dólar brillaba argenta en su mano, su abuelo se lo había regalado aquella noche que se fue de casa, harta de discutir con todos, de que siempre pensaran lo peor. Su regalo prometía un deseo, la ofrenda de suerte perdida, ahora la abandonaría tirándola a la fuente, en un anhelo mezclado con rabia.

    Hace poco, en el gimnasio,  Marta se había encontrado la puerta entreabierta en el vestuario de los chicos, ahí lo vio, desnudándose frente al espejo, con esa mezcla de sudor y piel húmeda, que le hizo paralizar, contemplando en silencio sus movimientos. La mirada de él se quedó clavada en el espejo, ella reaccionó escapando con vergüenza. Supo que se había dado cuenta.

    Pasaron unos días en coincidir de nuevo, él vestía una sonrisa, ella un pequeño atisbo de pudor, él jugaba a buscar entre líneas, ella esquivaba balones, él detrás de sus pasos, ella buscó la puerta de atrás y desapareció. 

    Él tampoco apareció más. Hasta hoy. Y Marta se le quedó mirando alzar pesas, tensar músculos, empapar su minúscula camiseta de poliéster con el sudor de su frente. Se pensó nimia gota en el mar y quiso volver a casa, a meditar en calma sobre el placer solitario de un recuerdo. Pero a la salida una mano le agarró el brazo.

     – ¿Qué quieres?

     – Perdona, solo quería saber si querías tomarte algo conmigo.

     – ¿Por qué? No quiero nada contigo. 

     – Pero, yo noto que te fijas en mí.

     – ¿Y qué?

     – Pensaba que te gustaba.

     – Pero eso no significa que quiera nada.

     – El otro día sé que te quedaste mirándome, al desnudarme en el vestuario.

    Marta se escondió tras una mirada de furia, se hizo viento y se fue.

    La moneda de un dólar giró impulsada por el chasquido de dedos de Marta, volando alegre hasta estrellarse en un sonido de campanas más allá de la oscuridad en el pozo de los deseos.

     – Ojalá desaparezca – Pensó la joven, con los ojos brillantes, apoyada en el pozo. Pensó en el chico del gimnasio, en sus padres, en el ruido sordo del viejo que le mira cuando sube las escaleras. En su vecina que le sonríe raro, en el de la frutería que se equivoca en el peso, en el jefe de personal, con su porte serio de maestro antiguo, con aroma de naftalina y polillas en los bolsillos, en el niño que toca al timbre de su casa y la mira desde la esquina de la escalera… 

      – Ojalá desaparezcan todos –

    Antes de que una lágrima estallara en el suelo, Marta se quedó sola.

    Lacuna Coil – Oxygen

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  • El tío Tobías

    Sugerencia de escritura del día
    Describe a un miembro de la familia.

    El tío Tobías es algo excéntrico, siempre con un salmo secreto en los labios, con una parábola hiperbólica en la mente. Desde pequeño parecía mayor, su pelo tornó a blanco al mismo tiempo que su voz cambió de tono y su cara de niño cambió a la de un señor, serio, sin tintes de broma adolescente, ni juvenil alboroto.

    Si me acerco a su vera, simula que no me ve, si me pego a él, se retira discreto, recitando no sé qué indescifrable misterio, pero se queda cerca, vigilando. Detrás de esa mirada perdida en un vaso de luquete de limón sobrio, donde pierde el tiempo cuando está en casa, cuando no está en un libro.

    Cuando estoy yo, él lee en voz alta, sin expresión pero con fluidez. Le pido historias de animales salvajes, de tierras inhóspitas y de selvas perdidas, de ríos anchos y árboles eternos. Aunque él parece no escucharme, aparece pronto, dispuesto a llevarme de paseo, por alguna de sus impenetrables junglas o algún desierto yelmo.

    El tío Tobías parece perdido, pero no lo está, simplemente sonríe de otro modo, su lenguaje es diferente y ama suave desde su respiración profunda, para comprender el significado de su canción hay que entrar en su mente. Aunque el tío Tobías esté siempre serio, yo sé que también se alegra de tenerme cerca aunque él esté lejos.

    Don McLean – Vincent

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