Categoría: Cuentos cortos

  • Pícara mirada

    Tras esa pícara mirada se escondía la más feroz de las sonrisas. Tras esa fila de dientes puntiagudos, una historia de terror en reposo. Una medianoche oscura, con luna llena de fondo y tres gotas rojas de lo que fue su alimento. 

    Ella no quiso saltar al turbio mundo que la mantiene envuelta, pero esta noche su hambre exigió caza y entre las luces nocturnas encontró su presa.

    Era una velada más de risas y bailes, de corazones rotos, esperando una afirmación en braille, un sí de sus labios rojos sedientos que, con el aire le dijo: ¡vamos! Y él no dudó en hacerlo.

    La penumbra del camino dejó que la siguiera, no sabía por qué se apartaba y dejó que desapareciera, delante su traje corto y su andar sin prisas del que quiere compañía.

    Pero había alguien más entre ellos, era quien conocía el miedo de la mano de un cuchillo, y se aproximó en un movimiento felino. Ella, deteniendo pasos, miró de reojo. Él, con expresión de desprecio, mostró brillando su mano. 

    Lucía su afilada navaja en el cuello del enamorado, ella se volvió con calma y observó al desarmado y, en un sobresalto violento, ya estaba a su lado.

    Ella sonrió siniestra al que portaba el arma, aprendió a sentir terror cuando sus colmillos blancos perforaban sus latidos y se convirtió en su alimento en medio de un grito.

    El galán tendido en el suelo, que no entendía nada, comprendió que su dama era a quien debía la vida. Mientras ella se envolvía encima de quien portaba el arma, una voz desde su mente le susurraba.

     -huye, es el momento, hoy no serás mi alimento, pero aléjate de mí mientras puedas. 

    Viento a través, lágrimas entre tanto, sin mirar hacia atrás, tan solo en sus pensamientos, donde sus ojos cargados de deseo le estaban llamando. Donde una pesadilla atrapaba un sueño y se quedó corriendo hasta que el sol le saludó.

    Tras esa pícara mirada se escondía la más feroz de las desdichas, y tras la sombra suspiraba el temor al deseo perdido.

    Korn – Forsaken

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  • La matricula

    Su vestido de color rosa y su carita de ángel contrastaron con la enérgica audacia al entrar en el despacho del director del colegio, que sorprendido, tras los saludos de rigor, le preguntó por el motivo de su visita.

     – Mi padre tiene cita con usted.

     – Hola pequeña, dile que pase y hablaré con él.

     – Bueno… se lo paso.

     – ¿Por teléfono?

     – Algo así.

    La pequeña puso los ojos en blanco y la oscuridad se hizo a su alrededor. Su cara tomó la textura y el color de la porcelana envejecida, en su mirada aparecía el reflejo de la hoguera, su voz… esa no era su voz.

     – BUENOS DÍAS, HUMANO, SOY  ASMODEO, DESEO Y ORDENO MATRICULAR A MI HIJA EN ESTE COLEGIO.

     -Niña, deja de bromear, que no es divertido.

    La oscuridad se hizo con el despacho, los objetos de alrededor empezaron a temblar de inmenso terror. El ordenador y las luces centelleaban a la vez. El director, con muestras de sudor frío en la frente, le contestó.

     – De acuerdo, pero, ¿qué es lo que podemos ofrecerles nosotros?

     – ESTE ES UN COLEGIO DE MUCHO RENOMBRE, TIENE BUENAS REFERENCIAS EN MI CÍRCULO.

     – No conozco muchos casos como el suyo.

     – CLARO, PORQUE ES UN CÍRCULO OCULTO Y HERMÉTICO.

     – Sí, tenemos un índice muy alto de éxito escolar, nuestros alumnos van muy preparados para la universidad. Aunque somos muy exigentes, hacemos un examen muy selectivo a los nuevos alumnos. Con ustedes haremos algunas excepciones, no siempre se tiene la oportunidad de tener contacto con alguien como usted.

     – Y QUIEN LO TIENE NORMALMENTE LE CUESTA EL ALMA, HUMANO, TAMBIÉN YO HARÉ UNA EXCEPCIÓN, A NO SER QUE TENGAS OTRAS NECESIDADES.

     – No, no, ya tengo bastante con la hipoteca. A ver, necesito los datos de la madre de la criatura.

     – LA… ¿MADRE?

     – Sí, la madre, porque ¿tiene madre, no?

     – SÍ, SÍ, ESTÁ AQUÍ CONMIGO, ME AYUDA CON LA GESTIÓN DEL INFRAMUNDO.

     – Entonces… ¿Quién se ocupa de la niña aquí, en la tierra?

     – PUES ESTÁ BAPHOMET CON ELLA.

     – ¿Baphomet? ¿Es pariente de la niña?

     – ¡NO, QUE VA! ESTÁ AHÍ PORQUE LE HE MANDADO QUE LA CUIDE.

     – ¿Es su representante legal? ¿Quién es? ¿Lo conozco? 

     – PUES NO SE, PELUDO, CON CHIVA, CUERNOS NEGROS…

     – ¿La cabra?

     – BUENO, ES MÁS DEMONIO QUE CABRA…

     –  ¿Ha dejado a la niña con una cabra?

     – OIGA, QUE ESA CABRA SABE VEINTITRÉS LENGUAS MUERTAS, CONJURA EN ÁRABE Y CURSO SUS ESTUDIOS EN LAS ESCUELAS DE ALEJANDRÍA, ADEMÁS, DA LECHE.

     – Vale, sí, es buena influencia para la niña, pero necesito tener un contacto legal.

     – VALE, YO LE DIGO A BAPHOMET QUE SE PRESENTE Y FIRME.

     – Sí, hombre, que venga la cabra para que los alumnos la vean y se rían de nosotros. ¿Algún representante legal más humano?

     – BUENO, PUEDO DECIRLE A LILITH QUE SUBA EN UN MOMENTO, PARA EL CASO ALGUNA VEZ FUE HUMANA.

     – Pero ¿Lilith es familia de ella?

     – AQUÍ EN EL INFIERNO SOMOS UNA GRAN FAMILIA, ESO DEBE VALER.

     – Bueno, mientras no venga la cabra… Que firme aquí y ya la tendremos matriculada.

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  • Hogar

    La nube se deshizo en llantos al pasar por el bosque, hechizo de frío para la criatura que acechaba en la sombra, y para la que creía no ser vista, mordisqueando el suelo sin afiladas preocupaciones, convirtiéndose en humo ante las primeras lágrimas.

    El rugido del empapado depredador hoy sería en las tripas. Volvió lento y cabizbajo por el sendero que va a su hogar, allá entre los muros de piedra. Saltó grácil por la ventana abierta.

    Su cara, tres renglones de un poema, mirada triste del que viene herido de guerra, vio la mano protectora con la cola elevada y se tumbó a explicar su batalla con el silencioso ronroneo que siempre entonaba.

    Soñó ser jaguar en la montaña nevada, sintiendo frente al radiador, la cálida caricia de su cesta.

    PJ Harvey – The Wind

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  • El desagüe

    El cauce estancado de material de deshecho formaba un río lento, viscoso y pestilente. El barro llamaban a esa sustancia; toda la basura líquida, orgánica o química, iba a parar allí, a que fermentara. Aarón, metido hasta la cintura en dicho fluido, maldecía por cada paso que daba.

     – Maldito barro de las narices, ¿quién inventaría esta puta mierda de sistema de drenaje que ni los androides queréis trabajar aquí?

     -Haber estudiado jefe. 

     -Mira quien fue a hablar, el que no pasó los estándares de calidad. Proyecta el mapa, a ver si damos con el atasco, anda.

    Un proyector láser apareció del zancudo ayudante del operador y disparó una ráfaga de luz que tomó forma de laberinto de canales. En el centro, un punto rojo parpadeante les decía dónde estaban situados.

     -Estamos cerca, hojalata, prepara el taladro.

     -Vale jefe, seguro que va a ser tan fácil como siempre.

     -Si, yo también lo dudo, enfoca a 40 grados a la izquierda, a una distancia de cinco metros, ahí debía estar el desagüe.

    La zona indicada burbujeaba, parecía hervir con rabia, pero la temperatura del lugar decía que no era posible tal cosa. 

     -Me lo temía, dispara una esfera de plasma, pero que no llegue al suelo, es muy delicado y puede romperse. 

    Se escuchó un silbido desde el cuerpo del ayudante que terminó en el chapoteo de la esfera entrando en el barro. 

     -Que empiece la fiesta, prepárate para disparar otra.

     -No quedan, jefe.

     -Mierda. 

    La bola de plasma hizo explosión, dejando un estruendoso vacío que empezó a tragarse el lodo. El operario notó el tirón e hizo lo imposible por mantener el equilibrio mientras la marea lo impulsaba al desagüe. Lo que mantenía tapado el desagüe tuvo que haberse movido.

    Tras él apareció una forma que, llena de tentáculos ondulantes, le propinó un golpe, le hizo rodar hasta la boca de la alcantarilla, que por suerte estaba drenando bien. De su muñequera salió disparado un pequeño arpón quedó clavado en la pared, estaba engarzado a una cuerda que le dio estabilidad para ponerse en pie.

     – Hojalata, prepara los dardos ¿Hojalata? 

    Nadie respondió. 

     – Mierda.

    Justo delante de él, la masa de lodo fue levantándose hasta conseguir la altura de un oso, empezó a tomar forma, tenía tentáculos en su parte superior y un cuerpo viscoso y rechoncho, parecía una siniestra anémona llena de fango.  

     – Hojalata, por Dios, ¿dónde estás?

    El monstruo se empezó a aproximar reptando, estaba a pocos metros. Rápidamente, se liberó de la sujeción del arpón y  saltó hacia un lateral, golpeándose con la pared que había a su izquierda. Tumbado entre el lodo, sin capacidad para reaccionar, la sombra de la mole viscosa empezaba a tapar su cara mientras él luchaba por ponerse en pie entre los restos del fango.

    Un resplandor plateado escaló el cuerpo de la criatura, clavando sus tres finas patas en el cuerpo viscoso de la alimaña. Hizo una ráfaga de luces a su compañero humano en busca de instrucciones.

     – ¡Hojalata, dale una descarga, rápido!

    El lugar se iluminó de un resplandor azul eléctrico, el monstruo empezó a hincharse y explotó desparramando materia gelatinosa por toda la estancia, quedaron hombre y máquina llenos de residuos.

     – ¿Me echaba de menos, jefe?

     —Un poco sí —dijo Aarón mientras veía cómo el barro se desplazaba lentamente hacia el desagüe. – Tampoco ha sido tan difícil esta vez. ¿Te acuerdas cuando el alcantarillado estaba invadido por las ratas?

     – Poco, jefe. Mi módulo de memoria la golpeó aquella grande.

     – Dos metros y medio de roedor…

     – Esa fue su cena, ¿no, jefe?

     – Qué gracioso, no hay nada como el humor androide.

     – ¿Me está pidiendo un chiste?

     – ¿En qué se parece un Ghorb de alcantarilla con el ministro de relaciones interplanetarias?

     – No, por Dios.

     – En que los dos andan metidos en mierda. ¡Qué soso es usted, jefe!

    System of a Down – B.Y.O.B.

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  • Telaraña

    La luna estaba en el filo del cielo cuando ella tejía. La noche derramaba lágrimas sobre su hilo blanco, filamento de seda cosido con el frío de la escarcha, que la luz de la mañana premiaba con su calor.

    Apresaba entonces sueños con su tela de araña.

    Aurora – Silhouettes

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  • Mi humano interior

     – Mi humano interior es Jack Nicholson. – Dijo el lobo con semblante serio mientras giraba alrededor de la fogata. El amanecer se empezaba a intuir en el claro del bosque y el frío atrajo a muchos animales a esa hoguera mal apagada.

     – Pues yo no pude identificar al mío. – Explicaba el castor frente a la lumbre. – Sé que nadaba muy bien y rápido. Le aplaudían cuando salía del agua.

     – ¡Qué aburrido, castor! – Contestó el antílope. – Mi humano interior es negro, rápido como una gacela, y tiene un salto que le deja machacar en la canasta. No sé cómo se llama, pero juega en Los Milwaukee Bucks.

     – Yo me veo bailar y cantar. – Comentó el mapache – Millones de personas me miran, cuando aparezco todo brilla, hay música muy fuerte y salgo a darlo todo. Creo que soy Michael Jackson, o King África, no sé muy bien.

     – Yo percibo que soy Aretha Franklin – Dijo el oso.

     – Y yo, Jack el destripador. – Informó el pavo.

    El fuego comenzó a extinguirse y la luz del amanecer empezaba a inundar el claro del bosque. El coyote contemplaba a lo lejos, sonriendo, sin perder detalle. Jabalí, que pasaba por allí en su paseo matutino, le preguntó.

     – ¿Qué está pasado ahí? Menudo colocón que llevan, ¿no?

     – Esta noche vinieron unos señores, hicieron una hoguera y, entre canto y danza, cocinaron un brebaje en un caldero. Cuando se marcharon los humanos, estos de ahí quisieron comer de las sobras. Tenías que verlos revolverse y saltar. Venga, anímate y comprueba cuál es tu humano interior.

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  • En el otro lado

     -¿Está preparado?

     -¿Está usted seguro de que no habrá ningún daño cerebral?

     -No se preocupe, yo lo he experimentado varias veces y estoy bien. Además, le acompañaré en todo momento, viajaré con usted.

     -Está bien, conecte eso.

     -¿Ya?

     -Sí, estamos fuera.

     -Pues yo no siento nada raro.

     -¿No se da cuenta de que ya no uso mi voz? Estamos conectados.

     -Es verdad, ¿cómo lo hace? ¿Dónde estamos?

     -No lo tengo claro, pero es un lugar muy complejo.

     -No veo nada.

     -Tranquilo, irá apareciendo algo, no se preocupe.

     -¡Ah, sí! Estamos en una especie de catedral. ¿Cómo es posible?

     -Es usted católico, ¿verdad?

     – Mis padres eran muy religiosos, forma parte de mi educación.

     -Le voy a explicar mi hipótesis. Como ya le expliqué, lo que hace este aparato es seguir un vínculo cuántico. La materia cuántica puede tener vínculos casi irrompibles y eso es lo que hemos hecho, seguir los nuestros.

     -¿Entonces estamos en otro lado que está conectado con nosotros?

     -Algo así, lo que está pasando es que hay parte de nosotros mismos, que está en otra parte, y eso es lo que hemos seguido.

     -¿Un segundo cuerpo? Yo me veo manos y pies, incluso la misma ropa.

     – Es usted muy conservador, fíjese en mí.

      – ¡Dios mío!, parece un ángel.

     – En verdad lo he creado yo, estamos en un entorno muy manipulable.

     -¿Estamos muertos?

      – No, no se preocupe, estamos en el lugar donde terminamos cuando morimos, pero sin cortar el enlace que hay con nuestro cuerpo.

     -Pero solo estamos usted y yo. 

     -En verdad no, pero todavía usted no ha aprendido a verlo todo.

     -¿Usted los ve?

     -Sí, he visto muchos, incluso he hablado con algunos, no siempre con mucho sentido, eso sí. Incluso creo haber visto animales.

      – Según me dice, el entorno es moldeable, como si pudiéramos personalizarlo, nos comunicamos mentalmente…

     – Podemos intercambiar recuerdos.

     -¿Cómo?

     -Podemos enviar imágenes, sensaciones, recuerdos vividos, como si fueran nuestros, es más, casi creo que podemos archivarlos.

     -Esto es muy confuso, tengo demasiadas preguntas. Entiendo que esto es como un banco de memoria. ¿No?

     – Algo así.

     – Entonces, ¿qué coño somos aquí?

     – No lo sé, pero tengo mi teoría.

     – Vale, ¿qué piensa usted que somos?

     -Software.

    Alt-J – Adeline

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  • Salto

     Tras guardar su equipaje de mano en el compartimento superior, la joven tomó asiento, saludó con un gesto a su compañero de butaca, suspiró profundamente y se quedó con la mirada fija hacia el respaldo que tenía enfrente.

     – Es tu primer salto, ¿verdad? – Le dijo aquel desconocido que compartía asiento con ella. Un señor de unos cuarenta años, unas entradas prominentes en el pelo y cara de cansado.

     – Sí. – Respondió ella como si de un suspiro se tratase.

     – Olvídate de lo que te han contado, cada cual lo vive a su manera, no es tan terrible

     – Pues yo estoy muerta de miedo.

     – No te preocupes, yo ya he hecho varios y no me ha pasado nada. Saldremos en breve y todo será muy rápido.

    En ese momento, la luz interior bajaba de intensidad, por megafonía, se invitaba a los pasajeros a ocupar sus asientos y recordaban que los dispositivos transmisores de datos debían estar desconectados. Un zumbido blanco recorría las paredes, en ese momento notó que empezaban a moverse.

     – Tranquila, no vas a notar ninguna sacudida, ni vibraciones, ni golpes. Vamos a desplazarnos durante unos minutos sin más sensaciones que esta.

    La ventanilla mostraba un paisaje inmóvil, el mismo que había contemplado tanto tiempo en la estación de tránsito, una bella esfera azul que lo abarcaba todo y miles de estrellas alrededor. Pasarían treinta minutos cuando la megafonía se puso otra vez en marcha.

     – Señores pasajeros, vamos a cruzar el portal del salto, deben mantener los cinturones de seguridad puestos en todo momento…

     – Ahora viene lo bueno -Dijo el compañero de sitio—. Relájate, no pasará nada.

    El tirón fue tan fuerte que sintió que todo era tragado por un gran desagüe espacial, dejándola sola, flotando en el espacio. Veía la tierra de fondo, alejándose. Delante, miles de estrellas se aproximaban, dejando una lenta estela borrosa que empezaba a llenar de blanco toda la oscuridad del cielo.

    Tomó aire con todas sus fuerzas y abrió los ojos, no recordaba haberlos cerrado. El señor del asiento de al lado le sonrió.

     – ¿Estás bien?

     – Es extraño, estoy mareada. Parecía que me había quedado afuera y estaba flotando en el espacio.

     – Los científicos no saben por qué ocurre y lo achacan a alucinaciones, pero algunos dicen que el alma no comprende que el cuerpo se desplace tan rápido y se queda en el sitio hasta poder reaccionar.

     – Pues es una sensación aterradora.

     – Normal, mira por la ventanilla, solo por esto merece la pena lo que has pasado.

    Un resplandor brillante de color rosa abarcaba todo el cielo, nunca imagino tener tan cerca la nebulosa de Orión en todo su esplendor. La estación orbital les estaban esperando frente a ellos.

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  • Primer contacto

    Esta história empieza aquí

    La sala oscureció, todos estaban sentados, entre murmullos que iban acallando ante la mirada atenta del anfitrión de la reunión. Entre los asistentes había científicos con sus batas blancas, militares de uniforme condecorado y gruesas estrellas en la manga y cargos políticos con su indumentaria de etiqueta.

    Llegó el silencio y empezó la proyección. 

    En la pantalla apareció una especie de chimpancé sin pelo, con ojos de color violeta y vestido con americana negra, y empezó a relatar una historia.

    Hola amigos, soy Anfûr Kleimöàsêahg, pero me pueden llamar Anf. Voy a contaros un breve resumen de la historia de nuestra especie. Nacimos en el cuarto planeta de un sistema situado en la galaxia que ustedes llaman Andrómeda. Es un poco más grande que el de ustedes y estamos más lejos de nuestra estrella, que es de clase G pero de un blanco azulado, muy bonita en las tardes de verano. No la veis porque la hemos ocultado, hemos creado una esfera Dyson alrededor de ella y eso hace que casi no emita radiación al exterior. 

    Nuestras especies, según hemos investigado, se parecen mucho, aunque la evolución nos haya tratado de manera distinta, el resultado es que somos tan guapos como ustedes. La clasificación de nuestra flora y fauna, aunque ligeramente diferente, tienen muchas similitudes, tenemos el equivalente a insectos, peces, aves, reptiles y mamíferos, a los que nosotros pertenecemos. Aunque hay sutiles diferencias, ya habrá tiempo para explicarlas.

    Nuestra civilización es más antigua que la de ustedes, por lo que, como ya habrán intuido, nuestro grado de desarrollo es más elevado. Somos de tipo II según la escala de Kardashev y ya tenemos experiencia en el contacto con otras civilizaciones. Así que este mensaje pretende ser una tarjeta de visita nuestra, con la intención de comenzar un primer contacto. 

    Comprendo que este tipo de asuntos sean un poco difíciles de asimilar y comprendemos que necesiten su tiempo para hacerlo. Así que, para cualquier consulta, aclaración o para comenzar el proceso de contacto, por favor, pulsen el siguiente vínculo.

    El silencio se resistía a abandonar la sala, todos tenían la mirada fija a la pantalla. Hasta que alguien, el más condecorado de los uniformes militares, se decidió a hablar.

     – ¿Qué broma es esta? ¿Es una coña, no?

     – Hemos recibido este mensaje desde unas coordenadas bien definidas en la galaxia Andrómeda, no nos consta manera de que pueda ser un bulo.

     – Qué va, ¡alguien está de guasa y se está riendo de nosotros!

     – No tenemos la tecnología para emitir ese tipo de señal ¿Quién va a querer gastar una cantidad indecente de energía para…?

     – ¡Qué vergüenza! Que os dejéis tomar el pelo por cualquier zumbado, seguro que esto tiene que ver con Elon Musk y su promoción de X.

    Todos los asistentes fueron abandonando la sala entre reproches y caras de indignación. La sala quedó vacía y triste, como la expresión del astrónomo que lideraba la reunión. 

    Coldplay – Adventure Of A Lifetime

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  • Al galope

    Evaristus suspiraba apoyado sobre el cuello de su montura, con la mirada fija en el horizonte y su mente en aventuras imaginarias más allá de estas tierras que pisaba. Espacios abiertos a batallas de espada y escudo, repletos de criaturas fantásticas, guardianas del presidio de bellas doncellas, que no dudarían en agradecer fervorosamente sus puestas en libertad, todas ellas y a la vez.

     – Señorito, si a las enseñanzas no anda atento, su padre se va a enojar.

     – De qué me sirve saber de diezmos e impuestos si yo lo que ansío es luchar.

     – El Conde se va a cabrear.

     – Siento que no esté contento, pero lo mío es pelear.

     – No lo conoce enfadado.

     – Yo no lo quiero a mi lado y me voy a escapar.

     – Señorito, vuelva, se lo ruego.

     – Lo siento, ya me he ido.

    Raudo, con su corcel derrapando por las laderas del camino, nuestro joven caballero escapó de la rutina. Galopó toda la mañana y parte de la tarde, y su corcel decidió aminorar el ritmo pese al constante azuzar de su jinete. Empezaba a caer el sol cuando el caballo paró. Nuestro protagonista le gritó enojado y su montura, con expresión de ofensa, le propinó un mordisco en la nariz.

     – Bestia inmunda, jamelgo desconsiderado, como osas mancillarme la tez.

     – Hijijiji – Contestó el corcel, mientras se fugaba aliviado.

     – Eso vete de una vez, total, me las arreglo bien si él.

    Por suerte para el caballero, tras no mucho caminar, encontró en el camino un sitio para descansar. Hambriento y cansado, Evaristus entró en lo que parecía ser una posada. Todas las mesas estaban ocupadas por gente que reían y brindaban, por lo que optó por asomarse a la barra, una corpulenta camarera con un corto vestido oriental, muy transparente para.

     – Buenas tardes, joven dama, ¿este es buen sitio para yantar y dormir?

     – Nuestra carne es buena, nuestro vino un elixir, pero aunque tengamos cama, no es descanso lo que se busca por aquí.

     – Yo busco cama y cordero.

     – Siempre que tengas dinero.

     – Solo llevo una moneda, salí corriendo y no llevo más.

     – O bien te enseño una teta o como mucho comer acelgas.

     – Entonces para dormir nada.

     – En el granero tienes paja.

     – este no es un sitio decente.

     – ¿Y ahora te das cuenta? ¡Qué impertinente!

    Nuestro joven héroe, cabizbajo y con cara de pesar, se dirigió a la puerta dispuesto a dormir en la intemperie, cuando entró un señor bien acicalado que reconoció en el acto.

     – ¿Padre? ¿Qué hacéis en este burdel?

     – ¿Evaristus? ¿Tú no te escapaste ayer?

     – Venga hijo, vete a casa. No ves que te echamos de menos.

     – Después de tanta travesía, ni de coña me vuelvo.

     – Pero si estás aquí al lado.

     – Llevo todo el día galopando.

     – Al castillo llegamos paseando.

     – Pero ¿Y todo lo que he cabalgado?

     – En círculo habrá sido.

     – Pues estoy jodido.

     – Más bien perdido. Sigues recto, la primera a la izquierda, y ahí tienes el castillo. Si vas de prisa, tardarás unos diez minutos. ¡So pardillo! Te acompañaría, pero aquí me retiene un asuntillo.

    Hawkwind – Assault & Battery

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