Categoría: Entre segundos

  • La niña que miraba el verano

    La niña que miraba el verano

    No podía dejar de mirarla.
    La nieve resbalaba por el cristal.
    Dejaba su húmeda estela al pasar.
    Ella seguía el rastro con la yema del dedo.
    Mientras, sus padres hablaban entre susurros.

    Extraños susurros,
    de una preocupación ajena a los copos de nieve
    y a la luz de la mirada de ella.

    —Esto es ya aberrante.

    —Mujer, no te preocupes, dicen que es un fenómeno aislado.

    —¿Aislado? Sequías en octubre. Cuarenta y ocho grados en noviembre.
    Pero que lleve tres días nevando en verano…

    —Sí, vale, el clima está trastocado.

    —Y las cosechas se están perdiendo…
    Nos estamos cargando los ecosistemas…

    —Vale, sí, pero ¿qué podemos hacer nosotros?

    —No sé. Algo tendríamos que hacer…

    La conversación era un murmullo
    frente a la mirada atenta de la niña.

    Los copos de nieve brillaban en bucle,
    en brazos del viento de verano.

    Danny Elfman – Ice Dance

    Ella no sabía que aquello tenía un nombre.

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  • Siete segundos

    Siete segundos

    En el piso de arriba se escuchó abrir.

    Suspiro.

    Tres segundos.

    El golpe seco del cerrar de la puerta.

    Dos segundos.

    El sonido del ascensor respondiendo a la llamada. Siempre estaba en el segundo. Subía alegre mientras contaba el tiempo.

    Siete segundos.

    El deslizar de la apertura del ascensor le aceleraba el pulso.

    Dos segundos.

    El mismo ruido al cerrar.

    Un segundo.

    El clic del botón de llamada aseguró una pausa del ascensor en la planta en la que estaba.

    Dos segundos.

    Suspiro.

    Al abrir la puerta notó su perfume. Estaba allí. Tal y como había deseado. Tal y como había previsto.

    —Hola.

    —Hola.

    Silencio.

    Un segundo.

    Él pulsó el botón B. Le hubiera gustado pulsar todos los botones. Que el camino hacia la planta baja durara más de los siete segundos de costumbre.

    Uno.

    Ella disimuló la mirada.
    “Se ha peinado raro”, pensó fijándose en su pelo.
    “Le sienta bien”.

    Dos.

    A él le quemaba la mano de la necesidad de rozarla con la suya. Quiso provocarlo. Un roce fortuito. Pero… ¿y si se molestaba?

    Tres.

    “No sé cómo las chicas se meten tanto con él”, pensó intentando no mirarle.
    “No se puede negar que es guapo”.

    Cuatro.

    Dos suspiros se silenciaron en el movimiento del ascensor.

    Cinco.

    “Además, es listo. Solo le falta una chispa de valentía”.

    Ella dibujó en su mente que él le tomaba de la mano. Sin querer, la rozó.

    Seis.

    Los dos se miraron un segundo.

    Siete.

    La puerta del ascensor rompió la complicidad de la mirada.

    —Adiós.

    —Adiós.

    Esta vez, los suspiros fueron a destiempo.

    Love of Lesbian – El Hambre Invisible

    Siete segundos bastan para no olvidarse.

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