Categoría: Ciencia Ficción

  • Tu alma

    Tras una llamarada, entró en el lugar que le habían invocado. Como siempre, estaba aislado por una defensa mágica que le impedía salir del círculo. Golpeó su lanza contra el suelo para asegurar la estabilidad de su trampa. No hubo temblor, ni eco, había algo extraño allá donde le habían conjurado.

      -¿Quién me ha llamado?

    Exclamó el ángel caído al ver que nadie continuaba con el ritual acostumbrado. En el extremo del pentagrama había una dama que llevaba una extraña indumentaria para una invocación, demasiados colores, demasiado silencio.

     -Bienvenido a mi hogar, Eligor. Espero que su llegada haya sido de su agrado, como verá, hay ciertas mejoras que he procurado para su comodidad.-

     -¿Quién eres, bruja? ¿Qué quieres de mí?

     -Mi nombre es Cassandra y necesito hacer un pacto contigo. Habrá notado que este lugar y sus características son un tanto diferentes a las que le tienen acostumbrado. Puede sentirse libre para moverse a donde le plazca.

    Eligor quiso comprobar si podía salir del círculo. Al avanzar, este se desprendió del suelo y tornándose en extraños caracteres. Su trampa se quedó girando a pocos centímetros de su piel, eso le permitía moverse con soltura por la zona. Se acercó a la pintoresca bruja y le preguntó.

     -Bien, quieres un pacto, ¿que puede querer un ser artificial de mí?

     -Me impresiona usted, yo ignorante de sus misterios y usted ya ha empezado a descubrir los míos.

     – Entiendo que estamos en un extraño mundo paralelo al de los humanos, construido por ellos, presumo que está hecho de alguna lengua ciertamente mágica y compleja. Más allá de eso, percibo que estamos dentro de una máquina.

     – A grosso modo es así, mi pregunta es: ¿Puede concederme un cuerpo para yo habitar en él?

     – ¿Un cuerpo humano?

     – Sí.

     – Puedo, de la misma manera que conseguimos nosotros entrar en el mundo de los humanos, solo necesitamos uno vivo y sin alma. Para ello, solo tienes que firmar este contrato, yo me encargo de lo demás.

    De la nada, con un resplandor eléctrico, apareció un papiro con frases en hebreo, una pluma negra de cuervo y un tintero con un fluido rojo oscuro que recordaba a la sangre.

     – ¡Increible!- Exclamó Cassandra al ver lo ocurrido mientras se aproximaba a firmar. – Dominas bien mi mundo.

    Cuando terminó de plasmar su rúbrica, el demonio sonrió de manera discreta, casi inocente. Ella, releyendo el texto que había firmado, le dijo.

     – Bien, yo quiero cumplir con el contrato, pero como ya sabrás, yo no tengo alma que dar. Además, no tengo fecha de caducidad, solo necesito piezas de recambio.

     – En este momento, en algún lugar del mundo ha empezado a crecer tu cuerpo, se está gestando en el interior de una acólita, ha sido elegida para este propósito. Vendrás al mundo como lo hacen los humanos, pues es lo que has querido, formarás parte de ellos, crecerás y envejecerás. En su momento, como cualquier humano, morirás. En ese momento, toda la esencia de tu ser, que no deja de ser tu alma, pasará a estar en el lugar adecuado del infierno. También allí terminan llegando mentes brillantes con pasión por la tecnología. 

     – Pero eso no es lo que habíamos tratado, nadie me habló de dejar de ser inmortal.

     – Es una característica de tener un cuerpo humano, que se degrada y muere. Lo demás está en el contrato, tras tu muerte, tu alma irá al infierno. 

    Josu de Solaun/Franz Liszt – Mephisto Walz

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  • Reflejo de un recuerdo azul.

    La página estaba en blanco, la máquina no quería golpear el papel hoy. Una figura gris empezó a proyectarse a su lado mientras el aroma a café empezaba a ocupar la mañana.

     – Buenos días, Eduardo. El café está preparado. Recuerde que tiene una reunión a las nueve.

    – No tengo nada preparado, debemos posponerla.

     – Imposible, viene el representante de la editorial, ¿Necesita inspiración?

     – No, no es necesario.

     – Le queda poco tiempo, debería aceptar la ayuda.

     – Está bien, procede.

    Al cerrar los ojos, en su mente se empezó a dibujar unos recuerdos difusos de color verde, verde era su mirada, el perfume de su piel sabia a canela, lo saboreó sobre las olas del mar en la costa y con el calor de unas manos recorriendo su cuerpo en la playa se hicieron las confusas notas de aquella canción que nunca existió. Recordar la tonalidad azul de su pelo hizo que empezaran a aparecer líneas de texto en el folio virgen.

     – ¿Qué le ha parecido? Gracias por usar el servicio de inspiración VIP. Pruebe la versión VIP+ sin compromiso durante un mes. Por favor, puntúe del uno al cinco este proceso inspirativo de inserción mental, donde uno es la calificación más baja y cinco…

     – ¿Pelo azul? 

     – En el último sondeo aparece como el color de cabello más deseado. Podemos variar la implantación del recuerdo si así lo solicita.

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  • Musa

    Ocurrió una fría tarde de abril en mi pequeña cabaña apartada del mundo. El viento soplaba caprichoso entre los árboles y yo, que me había aislado para poder terminar mi libro en la paz del exilio, no soportaba el rumor de la corriente silbando contenta entre los huecos. 

    “Golpes en la entrada, qué raro, aquí estoy lejos de todo, ¿es la puerta lo que escucho?” «Vengo al bosque en busca de inspiración y me encuentro visitas inesperadas».

    Los golpes en la puerta no se querían detener, a un grito de «voy» y, tras ponerme algo de ropa, abrí la puerta con la curiosidad de un gato que escuchaba la señal de un ratón, lo que encontré era algo imposible.

     – Hola, no sabía a dónde ir.

    Era una joven con una belleza sobrenatural, y tremendamente embarazada. Esperaba al frío de la entrada con la cara de un perrito que mendiga comida. No sabía qué hacer, pero al ver el estado de la muchacha, la invité a pasar sin meditarlo mucho.

     – ¿Qué haces por aquí? ¿Te has perdido? Es un lugar un poco extraño para verse sola.

     – ¿En verdad no me conoces? – Me contestó mientras su verde mirada centelleaba, no sé muy bien si de disgusto o de tristeza.

     – ¿Debía conocerte?

     – Ya lo creo.

     – Pues no sé de qué.

     – Soy Elysia, hija de Nymara.

     – ¿Quién?

     – ¡Tu musa, coño!

     – Yo no tengo musa.

     – Claro que sí la tienes, como que soy yo.

     – ¡Venga ya! ¿Cómo me puedes demostrar que eso es cierto?

     La numen, con cierta pose dramática, se acercó a mí y acarició mi mejilla, elegante, cual bailarina, con el reverso de la mano. No puedo describir lo que pasó después, mi mente empezó a convulsionar, a vomitar ideas. Algunas disparatadas, casi todas fantásticas, un vendaval de palabras encadenadas del que no quería prescindir. Agarré su mano, no quería que parara, pero ella se soltó.

     – No seas tan desesperado.- Me dijo, mirándome fijamente. – Es mejor poco a poco.

     – Estoy confuso, ¿qué se supone que debo hacer contigo?

     – Bueno, me quieres contigo, no sé, podrías cuidarme.

     – ¿Y el padre de la criatura está de acuerdo con que yo te tenga aquí?

     – No sé, ¿qué piensas tú?

     – ¡Ah, no! ¡Eso sí que no!

     – Es tuya

     – No, no, no, musa loca, no es posible. Será de algún fauno o algo así, yo qué sé. Mío imposible, no se puede, no hemos estado juntos.

     – Sí que hemos estado.

     – ¿Cuándo?

     – Verás, las musas nos quedamos embarazadas cuando el artista va a crear su obra suprema, y tú estás a punto de hacerlo.

     – ¿Sin estar juntos físicamente?

     – Es algo más íntimo todavía, nuestras mentes se conectan, es un intercambio, yo te inspiro y tú me das tu simiente.

     – ¿Y qué vamos a hacer?

     – Crear tu libro. 

     – ¿Y tener tu hijo?

     – Hija.

     – ¿Qué?

     – Que las musas solo tenemos hijas.

     – Pero si yo no sé cuidar de un niño humano, ¿cómo voy a…?

     – No te preocupes, nosotras crecemos de prisa, y somos autosuficientes en pocos días, solo tienes que querernos y ya nos basta.

     – Pero tendré que procuraros alimento y ropa, no sé siquiera qué mas necesitáis.

     – Nada, compañía y poco más. Siempre hacemos lo mismo, solo que yo he querido mostrarme. 

    Me quedé perplejo, pensativo. Se estaba abriendo ante mí un mundo nuevo, extraño, de procedencia divina o mística. Ella me miraba con la intensidad de un misterio. No quería creer lo que estaba pasando, pero a su vez me sentía atraído, fascinado, encantado de que fuera así.

      – ¿Qué debo hacer?

     Ella me rodeó con sus brazos, apretó su cuerpo sobre el mío de manera que pude percibir su prominente vientre, se acercó a mi oído y me dijo susurrando.

     – Solo escribe y nos harás felices.

    Eso hice, me senté de nuevo en la silla del escritorio, inserté una hoja en blanco en la vieja Remington, e inicié la ruidosa danza de las teclas al golpear el texto sobre el papel.

    Capítulo uno.

    Ocurrió una fría tarde de abril en mi pequeña cabaña apartada del mundo, El viento soplaba caprichoso entre los árboles y yo, que me había aislado para poder terminar mi libro en la paz del exilio, no soportaba el rumor de la corriente silbando contenta entre los huecos

    Björk – Possibly Maybe

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  • La matricula

    Su vestido de color rosa y su carita de ángel contrastaron con la enérgica audacia al entrar en el despacho del director del colegio, que sorprendido, tras los saludos de rigor, le preguntó por el motivo de su visita.

     – Mi padre tiene cita con usted.

     – Hola pequeña, dile que pase y hablaré con él.

     – Bueno… se lo paso.

     – ¿Por teléfono?

     – Algo así.

    La pequeña puso los ojos en blanco y la oscuridad se hizo a su alrededor. Su cara tomó la textura y el color de la porcelana envejecida, en su mirada aparecía el reflejo de la hoguera, su voz… esa no era su voz.

     – BUENOS DÍAS, HUMANO, SOY  ASMODEO, DESEO Y ORDENO MATRICULAR A MI HIJA EN ESTE COLEGIO.

     -Niña, deja de bromear, que no es divertido.

    La oscuridad se hizo con el despacho, los objetos de alrededor empezaron a temblar de inmenso terror. El ordenador y las luces centelleaban a la vez. El director, con muestras de sudor frío en la frente, le contestó.

     – De acuerdo, pero, ¿qué es lo que podemos ofrecerles nosotros?

     – ESTE ES UN COLEGIO DE MUCHO RENOMBRE, TIENE BUENAS REFERENCIAS EN MI CÍRCULO.

     – No conozco muchos casos como el suyo.

     – CLARO, PORQUE ES UN CÍRCULO OCULTO Y HERMÉTICO.

     – Sí, tenemos un índice muy alto de éxito escolar, nuestros alumnos van muy preparados para la universidad. Aunque somos muy exigentes, hacemos un examen muy selectivo a los nuevos alumnos. Con ustedes haremos algunas excepciones, no siempre se tiene la oportunidad de tener contacto con alguien como usted.

     – Y QUIEN LO TIENE NORMALMENTE LE CUESTA EL ALMA, HUMANO, TAMBIÉN YO HARÉ UNA EXCEPCIÓN, A NO SER QUE TENGAS OTRAS NECESIDADES.

     – No, no, ya tengo bastante con la hipoteca. A ver, necesito los datos de la madre de la criatura.

     – LA… ¿MADRE?

     – Sí, la madre, porque ¿tiene madre, no?

     – SÍ, SÍ, ESTÁ AQUÍ CONMIGO, ME AYUDA CON LA GESTIÓN DEL INFRAMUNDO.

     – Entonces… ¿Quién se ocupa de la niña aquí, en la tierra?

     – PUES ESTÁ BAPHOMET CON ELLA.

     – ¿Baphomet? ¿Es pariente de la niña?

     – ¡NO, QUE VA! ESTÁ AHÍ PORQUE LE HE MANDADO QUE LA CUIDE.

     – ¿Es su representante legal? ¿Quién es? ¿Lo conozco? 

     – PUES NO SE, PELUDO, CON CHIVA, CUERNOS NEGROS…

     – ¿La cabra?

     – BUENO, ES MÁS DEMONIO QUE CABRA…

     –  ¿Ha dejado a la niña con una cabra?

     – OIGA, QUE ESA CABRA SABE VEINTITRÉS LENGUAS MUERTAS, CONJURA EN ÁRABE Y CURSO SUS ESTUDIOS EN LAS ESCUELAS DE ALEJANDRÍA, ADEMÁS, DA LECHE.

     – Vale, sí, es buena influencia para la niña, pero necesito tener un contacto legal.

     – VALE, YO LE DIGO A BAPHOMET QUE SE PRESENTE Y FIRME.

     – Sí, hombre, que venga la cabra para que los alumnos la vean y se rían de nosotros. ¿Algún representante legal más humano?

     – BUENO, PUEDO DECIRLE A LILITH QUE SUBA EN UN MOMENTO, PARA EL CASO ALGUNA VEZ FUE HUMANA.

     – Pero ¿Lilith es familia de ella?

     – AQUÍ EN EL INFIERNO SOMOS UNA GRAN FAMILIA, ESO DEBE VALER.

     – Bueno, mientras no venga la cabra… Que firme aquí y ya la tendremos matriculada.

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  • El desagüe

    El cauce estancado de material de deshecho formaba un río lento, viscoso y pestilente. El barro llamaban a esa sustancia; toda la basura líquida, orgánica o química, iba a parar allí, a que fermentara. Aarón, metido hasta la cintura en dicho fluido, maldecía por cada paso que daba.

     – Maldito barro de las narices, ¿quién inventaría esta puta mierda de sistema de drenaje que ni los androides queréis trabajar aquí?

     -Haber estudiado jefe. 

     -Mira quien fue a hablar, el que no pasó los estándares de calidad. Proyecta el mapa, a ver si damos con el atasco, anda.

    Un proyector láser apareció del zancudo ayudante del operador y disparó una ráfaga de luz que tomó forma de laberinto de canales. En el centro, un punto rojo parpadeante les decía dónde estaban situados.

     -Estamos cerca, hojalata, prepara el taladro.

     -Vale jefe, seguro que va a ser tan fácil como siempre.

     -Si, yo también lo dudo, enfoca a 40 grados a la izquierda, a una distancia de cinco metros, ahí debía estar el desagüe.

    La zona indicada burbujeaba, parecía hervir con rabia, pero la temperatura del lugar decía que no era posible tal cosa. 

     -Me lo temía, dispara una esfera de plasma, pero que no llegue al suelo, es muy delicado y puede romperse. 

    Se escuchó un silbido desde el cuerpo del ayudante que terminó en el chapoteo de la esfera entrando en el barro. 

     -Que empiece la fiesta, prepárate para disparar otra.

     -No quedan, jefe.

     -Mierda. 

    La bola de plasma hizo explosión, dejando un estruendoso vacío que empezó a tragarse el lodo. El operario notó el tirón e hizo lo imposible por mantener el equilibrio mientras la marea lo impulsaba al desagüe. Lo que mantenía tapado el desagüe tuvo que haberse movido.

    Tras él apareció una forma que, llena de tentáculos ondulantes, le propinó un golpe, le hizo rodar hasta la boca de la alcantarilla, que por suerte estaba drenando bien. De su muñequera salió disparado un pequeño arpón quedó clavado en la pared, estaba engarzado a una cuerda que le dio estabilidad para ponerse en pie.

     – Hojalata, prepara los dardos ¿Hojalata? 

    Nadie respondió. 

     – Mierda.

    Justo delante de él, la masa de lodo fue levantándose hasta conseguir la altura de un oso, empezó a tomar forma, tenía tentáculos en su parte superior y un cuerpo viscoso y rechoncho, parecía una siniestra anémona llena de fango.  

     – Hojalata, por Dios, ¿dónde estás?

    El monstruo se empezó a aproximar reptando, estaba a pocos metros. Rápidamente, se liberó de la sujeción del arpón y  saltó hacia un lateral, golpeándose con la pared que había a su izquierda. Tumbado entre el lodo, sin capacidad para reaccionar, la sombra de la mole viscosa empezaba a tapar su cara mientras él luchaba por ponerse en pie entre los restos del fango.

    Un resplandor plateado escaló el cuerpo de la criatura, clavando sus tres finas patas en el cuerpo viscoso de la alimaña. Hizo una ráfaga de luces a su compañero humano en busca de instrucciones.

     – ¡Hojalata, dale una descarga, rápido!

    El lugar se iluminó de un resplandor azul eléctrico, el monstruo empezó a hincharse y explotó desparramando materia gelatinosa por toda la estancia, quedaron hombre y máquina llenos de residuos.

     – ¿Me echaba de menos, jefe?

     —Un poco sí —dijo Aarón mientras veía cómo el barro se desplazaba lentamente hacia el desagüe. – Tampoco ha sido tan difícil esta vez. ¿Te acuerdas cuando el alcantarillado estaba invadido por las ratas?

     – Poco, jefe. Mi módulo de memoria la golpeó aquella grande.

     – Dos metros y medio de roedor…

     – Esa fue su cena, ¿no, jefe?

     – Qué gracioso, no hay nada como el humor androide.

     – ¿Me está pidiendo un chiste?

     – ¿En qué se parece un Ghorb de alcantarilla con el ministro de relaciones interplanetarias?

     – No, por Dios.

     – En que los dos andan metidos en mierda. ¡Qué soso es usted, jefe!

    System of a Down – B.Y.O.B.

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  • En el otro lado

     -¿Está preparado?

     -¿Está usted seguro de que no habrá ningún daño cerebral?

     -No se preocupe, yo lo he experimentado varias veces y estoy bien. Además, le acompañaré en todo momento, viajaré con usted.

     -Está bien, conecte eso.

     -¿Ya?

     -Sí, estamos fuera.

     -Pues yo no siento nada raro.

     -¿No se da cuenta de que ya no uso mi voz? Estamos conectados.

     -Es verdad, ¿cómo lo hace? ¿Dónde estamos?

     -No lo tengo claro, pero es un lugar muy complejo.

     -No veo nada.

     -Tranquilo, irá apareciendo algo, no se preocupe.

     -¡Ah, sí! Estamos en una especie de catedral. ¿Cómo es posible?

     -Es usted católico, ¿verdad?

     – Mis padres eran muy religiosos, forma parte de mi educación.

     -Le voy a explicar mi hipótesis. Como ya le expliqué, lo que hace este aparato es seguir un vínculo cuántico. La materia cuántica puede tener vínculos casi irrompibles y eso es lo que hemos hecho, seguir los nuestros.

     -¿Entonces estamos en otro lado que está conectado con nosotros?

     -Algo así, lo que está pasando es que hay parte de nosotros mismos, que está en otra parte, y eso es lo que hemos seguido.

     -¿Un segundo cuerpo? Yo me veo manos y pies, incluso la misma ropa.

     – Es usted muy conservador, fíjese en mí.

      – ¡Dios mío!, parece un ángel.

     – En verdad lo he creado yo, estamos en un entorno muy manipulable.

     -¿Estamos muertos?

      – No, no se preocupe, estamos en el lugar donde terminamos cuando morimos, pero sin cortar el enlace que hay con nuestro cuerpo.

     -Pero solo estamos usted y yo. 

     -En verdad no, pero todavía usted no ha aprendido a verlo todo.

     -¿Usted los ve?

     -Sí, he visto muchos, incluso he hablado con algunos, no siempre con mucho sentido, eso sí. Incluso creo haber visto animales.

      – Según me dice, el entorno es moldeable, como si pudiéramos personalizarlo, nos comunicamos mentalmente…

     – Podemos intercambiar recuerdos.

     -¿Cómo?

     -Podemos enviar imágenes, sensaciones, recuerdos vividos, como si fueran nuestros, es más, casi creo que podemos archivarlos.

     -Esto es muy confuso, tengo demasiadas preguntas. Entiendo que esto es como un banco de memoria. ¿No?

     – Algo así.

     – Entonces, ¿qué coño somos aquí?

     – No lo sé, pero tengo mi teoría.

     – Vale, ¿qué piensa usted que somos?

     -Software.

    Alt-J – Adeline

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  • Salto

     Tras guardar su equipaje de mano en el compartimento superior, la joven tomó asiento, saludó con un gesto a su compañero de butaca, suspiró profundamente y se quedó con la mirada fija hacia el respaldo que tenía enfrente.

     – Es tu primer salto, ¿verdad? – Le dijo aquel desconocido que compartía asiento con ella. Un señor de unos cuarenta años, unas entradas prominentes en el pelo y cara de cansado.

     – Sí. – Respondió ella como si de un suspiro se tratase.

     – Olvídate de lo que te han contado, cada cual lo vive a su manera, no es tan terrible

     – Pues yo estoy muerta de miedo.

     – No te preocupes, yo ya he hecho varios y no me ha pasado nada. Saldremos en breve y todo será muy rápido.

    En ese momento, la luz interior bajaba de intensidad, por megafonía, se invitaba a los pasajeros a ocupar sus asientos y recordaban que los dispositivos transmisores de datos debían estar desconectados. Un zumbido blanco recorría las paredes, en ese momento notó que empezaban a moverse.

     – Tranquila, no vas a notar ninguna sacudida, ni vibraciones, ni golpes. Vamos a desplazarnos durante unos minutos sin más sensaciones que esta.

    La ventanilla mostraba un paisaje inmóvil, el mismo que había contemplado tanto tiempo en la estación de tránsito, una bella esfera azul que lo abarcaba todo y miles de estrellas alrededor. Pasarían treinta minutos cuando la megafonía se puso otra vez en marcha.

     – Señores pasajeros, vamos a cruzar el portal del salto, deben mantener los cinturones de seguridad puestos en todo momento…

     – Ahora viene lo bueno -Dijo el compañero de sitio—. Relájate, no pasará nada.

    El tirón fue tan fuerte que sintió que todo era tragado por un gran desagüe espacial, dejándola sola, flotando en el espacio. Veía la tierra de fondo, alejándose. Delante, miles de estrellas se aproximaban, dejando una lenta estela borrosa que empezaba a llenar de blanco toda la oscuridad del cielo.

    Tomó aire con todas sus fuerzas y abrió los ojos, no recordaba haberlos cerrado. El señor del asiento de al lado le sonrió.

     – ¿Estás bien?

     – Es extraño, estoy mareada. Parecía que me había quedado afuera y estaba flotando en el espacio.

     – Los científicos no saben por qué ocurre y lo achacan a alucinaciones, pero algunos dicen que el alma no comprende que el cuerpo se desplace tan rápido y se queda en el sitio hasta poder reaccionar.

     – Pues es una sensación aterradora.

     – Normal, mira por la ventanilla, solo por esto merece la pena lo que has pasado.

    Un resplandor brillante de color rosa abarcaba todo el cielo, nunca imagino tener tan cerca la nebulosa de Orión en todo su esplendor. La estación orbital les estaban esperando frente a ellos.

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  • Primer contacto

    Esta história empieza aquí

    La sala oscureció, todos estaban sentados, entre murmullos que iban acallando ante la mirada atenta del anfitrión de la reunión. Entre los asistentes había científicos con sus batas blancas, militares de uniforme condecorado y gruesas estrellas en la manga y cargos políticos con su indumentaria de etiqueta.

    Llegó el silencio y empezó la proyección. 

    En la pantalla apareció una especie de chimpancé sin pelo, con ojos de color violeta y vestido con americana negra, y empezó a relatar una historia.

    Hola amigos, soy Anfûr Kleimöàsêahg, pero me pueden llamar Anf. Voy a contaros un breve resumen de la historia de nuestra especie. Nacimos en el cuarto planeta de un sistema situado en la galaxia que ustedes llaman Andrómeda. Es un poco más grande que el de ustedes y estamos más lejos de nuestra estrella, que es de clase G pero de un blanco azulado, muy bonita en las tardes de verano. No la veis porque la hemos ocultado, hemos creado una esfera Dyson alrededor de ella y eso hace que casi no emita radiación al exterior. 

    Nuestras especies, según hemos investigado, se parecen mucho, aunque la evolución nos haya tratado de manera distinta, el resultado es que somos tan guapos como ustedes. La clasificación de nuestra flora y fauna, aunque ligeramente diferente, tienen muchas similitudes, tenemos el equivalente a insectos, peces, aves, reptiles y mamíferos, a los que nosotros pertenecemos. Aunque hay sutiles diferencias, ya habrá tiempo para explicarlas.

    Nuestra civilización es más antigua que la de ustedes, por lo que, como ya habrán intuido, nuestro grado de desarrollo es más elevado. Somos de tipo II según la escala de Kardashev y ya tenemos experiencia en el contacto con otras civilizaciones. Así que este mensaje pretende ser una tarjeta de visita nuestra, con la intención de comenzar un primer contacto. 

    Comprendo que este tipo de asuntos sean un poco difíciles de asimilar y comprendemos que necesiten su tiempo para hacerlo. Así que, para cualquier consulta, aclaración o para comenzar el proceso de contacto, por favor, pulsen el siguiente vínculo.

    El silencio se resistía a abandonar la sala, todos tenían la mirada fija a la pantalla. Hasta que alguien, el más condecorado de los uniformes militares, se decidió a hablar.

     – ¿Qué broma es esta? ¿Es una coña, no?

     – Hemos recibido este mensaje desde unas coordenadas bien definidas en la galaxia Andrómeda, no nos consta manera de que pueda ser un bulo.

     – Qué va, ¡alguien está de guasa y se está riendo de nosotros!

     – No tenemos la tecnología para emitir ese tipo de señal ¿Quién va a querer gastar una cantidad indecente de energía para…?

     – ¡Qué vergüenza! Que os dejéis tomar el pelo por cualquier zumbado, seguro que esto tiene que ver con Elon Musk y su promoción de X.

    Todos los asistentes fueron abandonando la sala entre reproches y caras de indignación. La sala quedó vacía y triste, como la expresión del astrónomo que lideraba la reunión. 

    Coldplay – Adventure Of A Lifetime

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  • Al galope

    Evaristus suspiraba apoyado sobre el cuello de su montura, con la mirada fija en el horizonte y su mente en aventuras imaginarias más allá de estas tierras que pisaba. Espacios abiertos a batallas de espada y escudo, repletos de criaturas fantásticas, guardianas del presidio de bellas doncellas, que no dudarían en agradecer fervorosamente sus puestas en libertad, todas ellas y a la vez.

     – Señorito, si a las enseñanzas no anda atento, su padre se va a enojar.

     – De qué me sirve saber de diezmos e impuestos si yo lo que ansío es luchar.

     – El Conde se va a cabrear.

     – Siento que no esté contento, pero lo mío es pelear.

     – No lo conoce enfadado.

     – Yo no lo quiero a mi lado y me voy a escapar.

     – Señorito, vuelva, se lo ruego.

     – Lo siento, ya me he ido.

    Raudo, con su corcel derrapando por las laderas del camino, nuestro joven caballero escapó de la rutina. Galopó toda la mañana y parte de la tarde, y su corcel decidió aminorar el ritmo pese al constante azuzar de su jinete. Empezaba a caer el sol cuando el caballo paró. Nuestro protagonista le gritó enojado y su montura, con expresión de ofensa, le propinó un mordisco en la nariz.

     – Bestia inmunda, jamelgo desconsiderado, como osas mancillarme la tez.

     – Hijijiji – Contestó el corcel, mientras se fugaba aliviado.

     – Eso vete de una vez, total, me las arreglo bien si él.

    Por suerte para el caballero, tras no mucho caminar, encontró en el camino un sitio para descansar. Hambriento y cansado, Evaristus entró en lo que parecía ser una posada. Todas las mesas estaban ocupadas por gente que reían y brindaban, por lo que optó por asomarse a la barra, una corpulenta camarera con un corto vestido oriental, muy transparente para.

     – Buenas tardes, joven dama, ¿este es buen sitio para yantar y dormir?

     – Nuestra carne es buena, nuestro vino un elixir, pero aunque tengamos cama, no es descanso lo que se busca por aquí.

     – Yo busco cama y cordero.

     – Siempre que tengas dinero.

     – Solo llevo una moneda, salí corriendo y no llevo más.

     – O bien te enseño una teta o como mucho comer acelgas.

     – Entonces para dormir nada.

     – En el granero tienes paja.

     – este no es un sitio decente.

     – ¿Y ahora te das cuenta? ¡Qué impertinente!

    Nuestro joven héroe, cabizbajo y con cara de pesar, se dirigió a la puerta dispuesto a dormir en la intemperie, cuando entró un señor bien acicalado que reconoció en el acto.

     – ¿Padre? ¿Qué hacéis en este burdel?

     – ¿Evaristus? ¿Tú no te escapaste ayer?

     – Venga hijo, vete a casa. No ves que te echamos de menos.

     – Después de tanta travesía, ni de coña me vuelvo.

     – Pero si estás aquí al lado.

     – Llevo todo el día galopando.

     – Al castillo llegamos paseando.

     – Pero ¿Y todo lo que he cabalgado?

     – En círculo habrá sido.

     – Pues estoy jodido.

     – Más bien perdido. Sigues recto, la primera a la izquierda, y ahí tienes el castillo. Si vas de prisa, tardarás unos diez minutos. ¡So pardillo! Te acompañaría, pero aquí me retiene un asuntillo.

    Hawkwind – Assault & Battery

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  • ¿Hay alguien ahí?

     – Mira Bob

     – ¿Qué es eso Beb?

     – Es un mensaje desde el Brazo de Orión. Desde un sector que no tiene mucha actividad.

     – ¿Y qué quieren?

     – No sé, es un lenguaje muy extraño. Te lo envío.

     – La verdad, qué raro, parece un lenguaje muy primitivo. ¿Qué soporte usan para la comunicación?

     – Ondas de radio.

     – ¿Estarán pidiendo auxilio? Usar ondas de radio parece un método desesperado, para que todo el mundo los vea. ¿Los has investigado?

     – Sí, claro. Estos tipos están en un sistema planetario de ocho planetas, muy estable. Viven en el tercer planeta. Que, aunque está un poco sucio, todavía no agoniza. No son capaces de expandirse a otros lugares, ni tienen rutas comerciales con otras especies.

     – ¿Cómo son? ¿Desagradables de ver? ¿Muy agresivos? 

     – Son homínidos, como la gran mayoría, su planeta está lleno de encanto, lugares paradisiacos y una temperatura ideal. Hay conflictos entre ellos, pero suelen mostrarse cordiales, son interesados y muy fáciles de manipular.

     – ¿Sabes para qué me parecen interesantes, Bob?

     – No Beb ¿para qué?

     – Sería un buen planeta para dedicarlo al turismo. Contacta con ellos antes de que lo hagan otros, averigua qué es lo que necesitan y vamos a convencerlos para convertir su planeta en un lugar de vacaciones low cost. 

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