Categoría: Ciencia Ficción

  • Paseo por el desierto. (4:1-11)

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Sueles rechazar las cosas que se interponen con tus objetivos?

    El sol abrasaba sin piedad, y la arena hacía bien su papel de asador sobre sus pies descalzos. El horizonte nublado de calor, el paisaje monótono que termina en locura y en muerte, pero el sabía que solo podía hacer una cosa, seguir caminando arrastrando su túnica a su paso.

     – ¡Hola, guapo!

    Su espejismo fue mujer, no agua, ni sombra, ni descanso merecido tras días de marcha. Una hermosa señorita, vestida de cuero corto y negro, ceñido hasta estrangular sus extremidades, que hacía caso omiso a las inclemencias del desierto para seducirle.

     – Tengo algo que proponerte, ¿me acompañas?

     – Largo, aparición, no tengo tiempo para ti.

     – No soy una aparición, ¿quieres tocarme para comprobarlo?

     – No, gracias, si paro muero, no consigo nada prestándote atención.

     – Pero, ¿te has fijado en aquel oasis? Descansamos un rato allí y escuchas mi trato.

    La mujer señaló hacia la izquierda, la bruma producida por el calor se disipó en un conjunto de palmeras con abundante vegetación en una pequeña extensión de terreno. 

     – No me interesa descansar.

     – Vamos, hombre, date un respiro, no vas a perder nada por eso.

     – Verdad, nada pierdo por desviarme un poco.

    En lo que pareció un suspiro, se adentraron entre la sombra de los árboles, estaban protegidos por una baja formación rocosa que paraba la tormenta de arena. En el fondo, una grieta en la pared salpicaba el suelo de bendición líquida. Él corrió al sonido de la fuente y saltó sobre el charco que dejaba. La exuberante dama caminó hacia el hombre que se hallaba sentado en el agua.

     – ¿Ahora si me vas a hacer un poco de caso?

     – ¿Quién eres y qué quieres?

     – Oh, eso no es importante, me llamo Lucy y quería hacer un trato contigo.

     – ¿Lucy? ¿Cómo que no estás muerta? Con esa minúscula ropa de ramera y el poco cuerpo que tienes deberías estar seca. ¿Qué coño eres?

     – No es lo que soy, sino lo que puedo hacer. Puedo sacarte del desierto.

     – Estoy aquí por voluntad propia, saldré de él cuando lo necesite.

     – ¿Quieres riqueza? Tengo la posibilidad de bañarte en oro.

     – ¿Para qué? No necesito más de lo que yo mismo me procuro.

     – También puedo ser tu fantasía.- Dijo la dama bajando lentamente la cremallera de su escote.

     – Hace tiempo me hubiera encantado la idea, hoy, sin embargo, no. Además, no me resultas atractiva. 

     – Vamos, hombre, habrá algo que desees. ¿Una familia?

     – Una cabra.

     – ¿Una cabra?

     – Sí, sí, una cabra, que pueda pasear con ella, llevarla a pastar y me dé leche fresca todas las mañanas. Ese sería mi deseo.

     – ¿Seguro?

     – Sí.

     – Bueno, pues no se hable más.

    La mujer dio una patada a una palmera con la punta del tacón, de esta cayó un coco enorme que, al romperse, salió una pequeña cabra joven balando.

     – ¡Oh, es preciosa!

     – Vale, ahora solo tienes que adorarme.

     – ¿Qué? ¿Cómo se hace eso?

     – Oye, para ser el hijo de Dios eres un poco bobito, ¿no?

     – ¿Qué soy… quién?

     – Tú no eres Jesús de Nazaret?

     – ¿Te refieres al colgado ese que camina por el agua y abastece de vino en las bodas? 

     – Sí

     – Me lo encontré hace días y me regaló su túnica, a saber como estará, con este sol y sin ropa…

    Sleep Token – Take Me Back to Eden

    Anuncios
  • Otra luna

    I

    Era tan grande que al entrar en órbita se veía como una segunda luna, un poco más pequeña y con cierto reflejo azulado. Daba una sensación fantasmagórica, no solo tener este satélite extra, lo peor es que nadie había conseguido descifrar el mensaje que llevaban meses enviando.

    El artefacto apareció de la nada, se detectó por su anormal trayectoria y enseguida saltó la alarma. Una esfera de 800 kilómetros de radio se acercaba a la tierra a una velocidad de vértigo. En el trayecto emitieron varias señales, por lo que en la tierra comprendieron que los tripulantes de la estructura ponían empeño por comunicarse. Por más que la humanidad lo intentó, no hubo manera de entender el extraño zumbido que les llegaba en las distintas emisiones que enviaban con frecuencia.

    La superficie era rugosa, una bruta masa de una aleación metálica, detectaron una sola entrada y aterrizaron al lado. Un simple y estrecho agujero, donde a duras penas entraban dos humanos juntos. En el interior, tras adentrarse por un conducto que recordaba a una cueva, tras un recorrido de un kilómetro se encontraron una salida. Era un paisaje insólito, parecía encontrarse en alguna parte del sur de Europa, una pradera inmensa rodeando un enorme lago, bajo una luz artificial que recordaba el sol. El artefacto era hueco, había conseguido recrear de alguna manera una gravedad parecida a la de la tierra.

    Desconcertados, los astronautas decidieron esperar. Observaron vegetación silvestre, plantas bajas llenas de flores de diversos colores  y algunos árboles aislados. No se apreciaba ninguna edificación, tampoco caminos, carreteras, raíles, ningún indicio aparente de civilización. El campo estaba lleno de pequeños insectos alados, también habían creído ver algún pequeño reptil y aves volando a lo lejos. 

     –  Esto es una locura, Mayor, parece que estamos en el pueblo de mi abuelo, ¿qué hacemos?

     – Las órdenes son esperar al contacto. 

     – Nos quedan seis horas de oxígeno. 

     – Esperaremos lo que podamos.

     – Fíjate, por ahí se aproxima algo.

    Caminando despacio, llegaba una criatura, de color pardo, con pelo corto, que recordaba vagamente a una jirafa muy flaca pero con más movilidad en el cuello. Escasamente, superaba la longitud del humano, le saludaba enseñándole la mano con el índice pegado al medio y el anular pegado al meñique.

     – ¿Está seguro de que este es un saludo correcto, mayor?

     – Que sí, que sí, que forzosamente se han tenido que fijar en nuestras emisiones de televisión, va a ser lo más comprensible.

    La criatura se paró frente al astronauta más pronto, con su hocico parecido al de un cerdo comenzó a olfatearlo, se detuvo un instante en su brillante casco y empezó a lamerlo.

     – Mayor, me está… ¿Qué hago? Me está pringando el casco

     – Quizás está comunicándose de alguna manera, ¿Y si se comunican con olores? O con sabores, quién sabe.

     – Sí, vale, pero me está dando mucho asco.- El astronauta le dio un pequeño empujón – ¡Quita bicho!

     – Martínez, por favor, no sea brusco, de usted depende el inicio de un primer contacto cordial.

    El extraño ser se quedó mirando el casco y siguió lamiéndolo. 

     – Mayor, inténtelo usted, yo… voy a vomitar.

    II

    Las criaturas se reunieron encima de la hoja de una planta cercana, todas se arremolinaban alrededor de la más grande. Estaban muy frustradas, lo habían intentado todo. Les habían enviado varios mensajes muy elaborados, constaban de varios fragmentos de audio, eligieron el tipo de lenguaje que mejor podían dominar, el morse. Una serie de zumbidos largos y cortos explicando su historia y sus pacíficas intenciones. Al fondo se veía cómo los dos gigantes venidos de la tierra estaban entretenidos con otros menesteres.

     – Reina madre, ahí están. Les hemos intentado llamar la atención por señas, pero nos espantaban a manotazos.

     – Bizz Zum, paciencia, es una cultura muy distinta a la nuestra.

     – Pero llevan media hora ahí jugando con el Fñuom.

     – Lo intentaremos de otra forma.

     – Lo ve, Reina madre, han cabreado al Fñuom, y ahora juegan a que les pilla, si ya decía yo que los San Fermines eran un resumen muy acertado de qué tipo de criaturas son estos humanos.

     – Bien, tendremos que ir y robarles las flores a estos primates, seguro que ni se dan cuenta.

    La reina madre se dirigió zumbando al panal maestro para dirigir el hurto mientras los humanos volvían corriendo a su nave espacial, huyendo de la extraña criatura mientras gritaban.

     – ¡Son hostiles, son hostiles!

    Anuncios
  • Paseo astral

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Con qué consigues evadirte?

    Siete golpes de campana y yo saliendo de mí. Fue de repente, sin costarme nada, como el que se libera de la presión de los zapatos y quedas libre, caminando descalzo. Solo que ahora no había ropa, ni piel, ni aire en mis pulmones. Solo un resplandor que imaginaba un cuerpo desnudo y un cordón brillante que me ataba fuerte, al lugar donde reside mi mente.

    Me quedaba todavía un rato, hasta la campanada del medio, esa que parte a la mitad el tiempo y me cuenta el momento perfecto, ese en el que la lluvia acaricia tu cuerpo, o tal vez solo me lo invento y quiero que ocurra eso. Quizás sería mejor un paseo para pasar el tiempo.

    Con mi rastro incorpóreo fui capaz, con facilidad, de fundirme en el cemento. Atravesar el muro que me aísla oculto fue claramente alentador, también lo fue ver pasar a la gente sin estar yo delante. Aquel perro me ladraba como al fantasma que era, ese niño que sintió miedo por el roce de mi alma, al pasar a su lado no había nada. 

    La puerta de tu casa no era frontera, no acepté su invitación a quedarme fuera y pase a través de su madera. Quise subir las escaleras, pero bajabas tú, sin sombrilla ni vestido que te tapara. Brillabas como yo, incorpórea como el aire que por ti viajaba. Dijiste: “¿Qué haces aquí?” Yo no dije nada. Comprendí enseguida que simplemente soñabas.

    Descubrí chispas en la mirada, el color del deseo en tu alma y en tus labios una llamada. Te quise abrazar y perderme en tu cintura al vals del misterio de tu delirio, ansiaba tu piel mis manos, mis dedos, la curva de tu cadera, pero no había más que alma, más que la esencia de nuestra hambre de besos. Penetré en tu psique interior y me quedé dentro, fundiéndome en el hueco de tu mente y tú en la agonía de mi anhelo.

    Desperté sobresaltado, ocho golpes fueron tras ocho campanadas de tiempo. En la puerta tus nudillos ansiaban mi presencia, imaginé tu sonrisa, imaginaste tu mi espíritu mientras me esperabas.

    Nightwish – Ghost Love Score

    Anuncios
  • ¿Empatía?

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué estrategias usas para lidiar con las sensaciones negativas?

    – ¡Sí, yo tengo una pregunta!

     – Adelante, Martínez, ¿qué no ha entendido esta vez en relación con el curso de atención al cliente?

     – Verá, nos ha recalcado que la empatía es muy importante, que nos debemos poner en la piel del cliente, es así ¿Verdad?

     – Así es, es muy importante escuchar al cliente, comprender su problema y actuar en consecuencia.

     – Sí, sí, pero tengo alguna duda con el modo de proceder.

     – Bueno, hemos explicado sobre la escucha activa y sobre la forma de obtener información y…

     – Sí, lo del interrogatorio lo entiendo, lo que no llego a comprender es cómo poder ayudar.

     – ¿Ayudar? No comprendo.

     – Ya lo veo.

     – No, no, póngame un ejemplo.

     – Vale, un cliente adquiere uno de los flamantes frigoríficos de alta capacidad. En seis meses este electrodoméstico tiene un fallo de funcionamiento. El equipo se apaga a raíz de una descarga eléctrica. El técnico que lo repara decide un trato inadecuado en el uso y descarta la garantía en la reparación. Se informa al cliente y se le da un presupuesto, a mi gusto, bastante elevado.

     – Vale, se le explica la situación y se le hace entender al cliente. ¿No es así?

     – Sí, así es.

     – Pues no sé dónde está el problema, además, si ha comprado un frigorífico de alta gama es porque su nivel adquisitivo es alto.

     – Bueno… mi pregunta es más bien en relación con el método empático para tratar al cliente.

     – Sigo sin entender…

     – Verá, en el momento del contacto con el cliente es cuando se pone en práctica la escucha activa, en este caso el cliente ha comprado este tipo de producto por necesidad, tiene familia numerosa y lo que más le interesaba es la capacidad que tiene el producto y la durabilidad que explica la marca en su publicidad.

     – Pero esa durabilidad es según el trato de…

     – Sí, sí, déjeme explicarle. Como ya le dije, el cliente tiene familia numerosa. Nueve son los que usan el frigorífico: el cliente y su esposa, cinco niños, el abuelo y un caniche que se llama Pikachu.

     – Buen ejemplo de escucha activa.

     – Claro, claro. El problema empezó cuando el hijo mayor, en un descuido, tira la botella de leche y, por no sé qué peculiaridad del destino, le llega líquido a la instalación eléctrica interior del aparato. El adolescente recibe una descarga y el aparato enfriador muere entre chispas y destellos. 

     – Ahí está; negligencia del cliente.

     – Nadie lo niega, aunque en el anuncio tan tierno que sale en la tele tiene carácter “child friendly”. Sí, donde el niño pasa el camioncito de la marca sobre las nevadas colinas de las empanadillas y se cabrea porque no hay escarcha.

     – Sí, bueno, es solo una representación, sabe que a los críos no se les debe dejar…

     – Comprendo, la historia sigue con las lágrimas de un padre preocupado que, no solo se siente estafado por el funcionamiento de un refrigerador que permite la entrada de líquido en lugares sensibles, sino que debe abonar una factura sin esperarlo. Además del retraso por envíos y espera a recambios, lo que le deja casi un mes sin poder usar su nevera. Sabiendo que tiene niños pequeños…

     – Planificación, es algo que ya hemos visto en otros cursos; una buena planificación hace que…

     –  Sí, todo está previsto, pero el envío sale tarde. El técnico tiene tanto trabajo que retrasa la entrega y la pieza está en China y es mandada por barco, pasa por tres aduanas y el inspector nacional no sabe leer chino, por lo que retrasa el tiempo de espera buscando un traductor. A propósito, ¿se debe aplicar la empatía con el técnico que no le da tiempo y se le obliga a tener preferencia con determinados casos? ¿Y con el transportista que debe soportar atascos monumentales y se le aconseja trabajar más allá de lo indicado en el registro de su ruta para cumplir plazos de entrega?

     – Vale, sí, pero a usted lo que le interesa es el cliente. 

     – Que va a esperar un mes y tiene que pagar ochocientos euros. Entiendo que debo ponerme en su piel, darle palabras de ánimo y hacerle entender que yo también sufro por él. Pero, ya que el tiempo de espera no lo puedo reducir, ¿le puedo descontar algo de la factura?

     – Bueno, es complicado, los recambios tienen un coste, la mano de obra también, hay muchos gastos, tenemos beneficios mínimos…

     – O sea, que no, que no hay descuentos posibles.

     – No deberíamos hacer descuentos, no es una solución en este caso. 

     – Vale, entonces creo que donde quiere decir empatía realmente deberíamos poner otro término distinto.

     – A ver, ¿qué termino?

     – Falsedad.

    Metallica – Damage, Inc.

    Anuncios
  • Ahí fuera.

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Tienes alguna superstición?

    04:37 am Desierto de Tabernas – Almería

     – Mi teniente, ¿faltará mucho?

    El más veterano de los dos puso los ojos en blanco, hizo el gesto de mirar la hora en su muñeca y le dijo a su subordinado.

     – El contacto tendrá lugar a las 04:44, tal y como se te concretó en el informe de la misión. Según mi reloj faltan siete minutos. ¿Tienes prisa?

     – Mi teniente, con todo mis respetos, estamos en el lugar más deshabitado del sur de Europa, hemos caminado casi cincuenta kilómetros en la oscuridad, llevamos una caja que pesa casi cuarenta kilos, no nos han permitido la ayuda de la tropa, y estamos en un lugar inaccesible para la gran mayoría de vehículos. ¿Qué hacemos aquí?

     – Cuando los veas lo comprenderás, hasta entonces no voy a dar explicaciones, sargento, limítese a cumplir las órdenes.

     – A sus órdenes, mi teniente. Comprenderá que todo es muy misterioso.

     – Será por eso que se le ordenó discreción y el nivel de la misión implicaba máximo secreto. 

    La ausencia de la luna regalaba un cúmulo de estrellas tapizando el lóbrego y helado cielo. La oscuridad fue rota por la aparición de un fuerte resplandor que, de improviso, apareció sobre las cabezas de los impacientes soldados. El mayor de ellos sonrió a su subordinado y le dijo.

     – Ahora empieza lo bueno.

    Encima de ellos, en la oscuridad de la noche, se abrió un agujero en el cielo y empezó a vomitar un chorro de luz. Era una luz espesa, con apariencia líquida, y servía como transporte a dos criaturas humanoides con cuerpo pequeño, brazos largos y una gran cabeza de aspecto grotesco. 

     – No te asustes, está todo previsto.

     – A sus órdenes, mi teniente – Le dijo el sargento con el rostro blanco por el efecto de la luz o quizás por el miedo que parecía tener.

    Las criaturas bajaron del haz de luz y se plantaron delante de los dos soldados, uno de ellos dio un paso adelante y saludó al teniente.

     – Hola, Antonio, qué noche más fría, ¿no?

     – Hola, Gñofr, sí, lleva unos días así, un frío aterrador, pero nada de lluvia. ¿Qué tal tu espalda? 

     – Bien, mucho mejor, va sanando. En fin, ¿Es eso? – Preguntó señalando con sus finos y largos dedos la caja que habían transportado. – ¿Puedo verlo?

     – Claro que sí. – Respondió el militar haciendo un gesto a su subordinado para que hiciera la apertura de la caja. Al destaparla, la criatura se relamió. 

     – Perfecto – 

    Gñofr se aproximó y colocó la tapa en su sitio. El otro ser instaló un dispositivo en la caja y empezó a elevarse con ella siguiendo el carril del haz de luz.

     – Lo acordado, bien, hasta la próxima entonces. – Le dijo mientras le daba un pequeño aparato extraño con minúsculas lucecitas en movimiento y un aparente latido. – Dile a tus superiores que no sean tan tacaños.

    El ascensor luminoso absorbió en un instante a los dos humanoides. Al cerrarse la compuerta, se iluminó parcialmente una enorme esfera oculta en la oscuridad que, en un zumbido, desapareció, dejando reinar el silencio en la noche.

     – Mi teniente, ¿qué ha ocurrido aquí?

     – Ya te dije que es confidencial.

     – Con todos mis respetos, mi teniente, no todos los días tengo encuentros con extraterrestres y necesito una explicación.

     – Bueno, vale. Es un simple intercambio entre dos civilizaciones distintas.

     – Pero ¿qué hostias es ese aparato que le han dado que parece derramar luz?

     – Una muestra de su tecnología, no sé lo que es y ni tengo autorización para saberlo, ni quiero entender nada.

     – Y lo que nosotros le hemos entregado es…

     – Efectivamente, ha visto bien, cuatro patas de jamón ibérico. De la serranía de Córdoba exactamente, yo mismo me he encargado de conseguirlas. Están muy ricas.

    Anuncios
  • En OVNI

    Sugerencia de escritura del día
    Estás a punto de emprender un viaje por todo el país. ¿Avión, tren, autobús, coche o bicicleta?

     – Fíjate lo curioso que son los humanos, Gñorf.

     – ¿Qué andas investigando esta vez, Wgñerf?

     – Tienen una forma de reproducirse de lo más interesante.

     – Pues será como la de los demás animales del planeta, supongo.

     – Bueno, sí, al fin y al cabo un sujeto introduce un miembro dentro del otro sujeto y le escupe un chorro de células incompletas que compiten en una maratón para fecundar o morir. Lo apasionante es el comportamiento sexual.

     – ¿Qué hay de particular?

     – ¡Uff! Es muy complejo, Gñorf. Existen muchos géneros, varios tipos de orientación y todos tienen una interrelación de lo más compleja. Fíjate, ¿Ves ese humano? 

     – ¿El del holograma? Sí, claro.

     – Pues se llama Andrea y es del género femenino, pero ella se siente masculino, así que gracias a la tecnología humana la han podido transformar y ahora se hace llamar Andrés.

     – Como quien cambia de traje, no le veo gran inconveniente, nosotros cambiamos de forma y no pasa nada.

     – Resulta que a Andrés le gusta una humana que se llama Rosanna, que es hembra, pero le gustan las hembras y, ya que Andrés es algo femenino, se han propuesto tener descendencia. Algo imposible, ya que entre los dos no pueden.

     – ¿Por qué no?

     – Pues porque la tecnología humana no produce una transformación completa, en este caso le faltarían los órganos internos masculinos.

     – Vale, ¿cómo solucionan esta ecuación de carácter sexual?

     – El factor z es Javier, amigo de toda la vida de Rosanna.

     – Es el masculino faltante, ¿no es así?

     – No, él es demisexual, birromántico y antroxesual. Con Rosanna ha acordado la fecundación, pero con condiciones.

     – ¿Qué se repartan los vástagos a partes iguales?

     – No, que en el proceso copulativo también participe su pareja.

     – Vale, y qué condiciones impone.

     – Se llama Anabel y el pansexual poliamorosa, quiere que Andrés también participe.

     – ¿Y qué problema hay?

     – Que Andrés no quiere participar en el acto si está Javier, que Rosanna se inhibe si está Javier y necesita el vínculo afectivo de su amiga María.

     – Vale, ¿cómo solucionaron esto?

     – Pues todos juntos en un cuarto oscuro.

     – ¿Y fueron felices y comieron perdices?

     – Bueno… Andrés y Anabel se hicieron más que amigos y se fueron a vivir a Marbella. Javier ahora está con Rosanna y María fue la única que fue fecundada, que como ella no quería tener descendencia, ahora ejerce de vientre de alquiler. Por lo demás, Anabel es vegana, así que no come perdices, que ahora tiene una relación abierta con Sandra.

     – ¿Quién es Sandra?  

     – La vecina, que se fue a quejar porque había mucho ruido y se quedó a participar.

     – Todo esto es como el fútbol de segunda división, ¿verdad?

     – No, la realidad del deporte es más complicada aún.

     – Bueno, ese problema no lo tenemos nosotros, que con un roce y un poco de convicción ya nos quedamos fecundados.

     – Como me vuelvas a poner el tentáculo encima, sales por la escotilla del ovni.

    Joe Santriani – Not Of This Earth

    Anuncios
  • Ultimas Noticias

    Mi participación tardía en el reto Escribir Jugando del mes de Febrero (Perdón, no me sonó el despertador)

    mas información en el Blog de Lidia (Animaos y participad)

    – Te los he dejado ahí guardados.

     – ¿Qué?

     – Que no me gustan. Tanto papel impreso desparramado. Me ocupaban espacio. 

    – Pero si la idea es genial…

    El joven Johann, cabreado, no daba crédito a lo que estaba escuchando, cinco años de trabajo constante metidos en un viejo baúl. No comprendía que, en pleno siglo XVII, no se pelearan por un formato impreso para transmitir noticias. 

    – ¿Noticias? Aquí solo hay interés por escribir sobre caballeros andantes, que paseando en busca de horribles criaturas, se quieren llevar el aplauso de los pocos lectores que hay. No merece la pena este caro artificio que quieres inventar.

    Misfits – Dig Up Her Bones

    Anuncios
  • ¿Estas bien?

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué es lo que más odias que te pregunten? Explica por qué.

    Una sombra.

     – ¿Miguel?

    La figura salió desde las brumas, despacio.

     – Hola, Miguel… ¿Eres tú?

    Despacio, caminando con la lastimosa parsimonia de una danza fúnebre, suspiro agónico por llegar de entre las sombras. 

     – ¿Miguel?

    Acercándose lentamente con marcha suplicante, como si la carencia de alma fuera una característica del movimiento, desplomando su peso en cada paso, con un esfuerzo inconsciente para mantener la cadencia sin caer despedazado en el suelo.

     – ¿Estás bien?

    “Que pregunta más curiosa” susurraba en forma de melodía su agónica mente, mezclada con la confusión de ideas que perecían en el fondo de su cerebro, la constante destrucción de recuerdos que iban quedando agrietados en un rincón, como fotografías viejas, quemadas por el tiempo y, sobre todo, por la aparición del hambre. Hambre atroz, que lo envuelve todo, su cuerpo, su estómago, su ser. Apresurándose sin conseguirlo bien, fue consciente de que la pregunta correcta era otra. “¿Estarás tú bien si logro atraparte?”

    Anuncios
  • La sombra del cuervo.

    Ella gritó fuerte, en una explosión desde sus pulmones quebrantados de dolor. Su sonido se expandió lejos, más allá de los árboles que la habían capturado en el interior del bosque.

    El cuervo se posó en el mismo árbol roto en el que la habían atado. Pendiente a sus tres atacantes, que esperaban las sombras de la noche, para forzar un macabro juego con ella como protagonista. 

    El que jugaba con ella se dio cuenta de la presencia de la oscura ave y advirtió a los demás. El cuervo graznó tres veces, la mujer asistió desde sus ataduras.

      – Mira ese bicho lo grande que es.

      – ¿Y qué? Es un cuervo, espántalo y ya está.

     – Que es muy grande, Armand, da mal agüero.

      – Es solo un pájaro, no tienes miedo del bosque y te lo da un puto pájaro.

    La sombra del cuervo se proyectaba justo detrás del bandido. Y de ella salió, con su uniforme de placas brillantes y su capa parda de plumas de cuervo negro, del mismo color que la espada que separó por sorpresa la cabeza del cuerpo del miedoso infeliz, que no pudo comprender lo que pasaba a sus espaldas.

    La palabra rápido se hizo lenta para los dos que quedaban, uno agarró su espada, el otro fue ensartado sin tiempo para más que para una última mueca de dolor.

    Espada sobre espada que se desafiaron en duelo, chispas azules salían de ellas, pero el sabor del miedo fue esta vez para el tercer facineroso, que no supo del filo del contrario hasta no ver la sangre brotar de su cuello.

    La última estocada del caballero de la oscura armadura fue a romper las cadenas de la dama que, dolorida de sus ataduras, cayó sin remedio al suelo.

     -Un día no voy a estar cerca para sacarte de los líos en que te metes, bruja.

     – Sabes que no será así.

     -Claro que no.

    Con una leve sonrisa se fundió en la sombra del cuervo que, graznando tres veces, alzó el vuelo. Se lo tragó el anochecer tras la mirada constante de la dama que sonreía mientras se ponía en pie.

    Nine Inch Nails – Dead Souls

    Anuncios
  • Rumor de olas

     – Adrián, esta velada a sido única.

    La ventana abierta de par en par consentía que el aroma a salitre invadiera la habitación, desde allí contemplaban las olas romper al compás de los primeros rayos de sol, que asomaban tímidos sin impedir ver las últimas estrellas en apagarse. 

     – Ojalá fuese siempre así, Ariadna.

     – ¿Por qué no iba a poder ser?

     – Es demasiado bonito para ser cierto.

      – Bueno, estamos aquí, hemos tenido una noche de sueño que me gustaría repetir. ¿Tú no?

     – Desde luego que sí, pero…

     – No hay peros, Adrián, tú y yo construiremos lo que debe ser cierto o no. 

     – Pero Ariadna…

     – Deja que fluya, Adrián, vamos a tener todo el tiempo del mundo para amarnos si queremos que sea así.

     – Claro… ¿nos vemos esta noche?

     – Solo si tú quieres, yo te esperaré aquí.

    Él acarició la mejilla de Ariadna con el cariño de quien se va lejos, cerró los ojos suavemente y despertó.

    Anuncios