Categoría: Ciencia Ficción

  • Hazme flipar.

    Sugerencia de escritura del día
    Cuéntanos algo que te gustaría que dijeran sobre ti.

    Era un callejón muy oscuro, fuera del dominio de las cámaras de los locales de ocio, en medio del silencio, sin rastreo, gracias a la interferencia asesina de señal de un bloqueador casero. Estaba apoyado en el muro, detrás de los contenedores de basura, inhalando una bocanada de vapor de un aparato brillante ensamblado a mano. El individuo vestía un suéter envejecido por el tiempo, que gracias a su capucha solo mostraba su boca. Las chicas, que sabían a lo que iban, fueron acercándose a él.

     – ¡Hola! ¿Eres el vendedor de sueños? – Dijo la portavoz del grupo.

     – ¿Traes el dinero?

     – Sí, 18,35 Criptos en tarjeta sin número de serie.

    El encapuchado pasó la palma de su mano enguantada por la tarjeta, la tela de la manga se iluminó en azul y proyectó al aire una cifra encriptada.

     – Es correcto. ¿Sabéis cómo funciona?

     – ¡No! – Dijeron las tres al mismo instante.

     – ¡Bien! Esta tarjeta PicoSd tiene el programa – El hombre enseñó la pequeña tarjeta negra que llevaba en la palma de la mano. – Supongo que todas tenéis un lector desbloqueado en vuestro dispositivo.  

     – Yo no – Dijo una de las chicas.

     – Te puedo vender uno, pero te costará un aumento de 20,00 Criptos.

     – Pero eso es muy caro.

     – Pues verás desde fuera cómo tus amigas flipan.

     La joven manipuló el teclado virtual invisible proyectado desde su dispositivo de pulsera, con un gesto de muñeca, la tarjeta de Criptomonedas, que ahora estaba en el poder del encapuchado, subió a la cifra acordada.

     – Bien, cuando insertéis la tarjeta encontraréis un archivo ejecutable que instalará un programa en vuestro dispositivo. Es válido para tres sesiones de cinco horas de duración. Tras ese tiempo desaparecerá todo rastro del programa. Sincronizaros para poder entrar a la vez.

     – ¿Hay que hacer algo más? ¿Cómo funciona?- Preguntó la portavoz.

     – Una vez hagáis correr el programa, entraréis. Será por una puerta trasera, así que no tendréis que identificaros. Una vez dentro tendréis acceso a cualquier sala, a todos los juegos y a todos los eventos. 

     – ¿A los conciertos?

     – Sí, claro.

     – ¡Guau!

     – Si eso te impresiona, ahora viene lo bueno. Tendréis acceso a todas las tiendas de ocio, de los locales virtuales, con una pequeña modificación.

     – ¿La ropa será gratis?

     – Sí, también, y la podréis llevar hasta que se os acabe el tiempo. En ese momento desaparecerá todo lo que hayáis comprado y se os expulsará de la sala.

     – Y… es verdad que podemos…

     – Sí, en la tienda habrá también alcohol y drogas, el efecto será el mismo que en la vida real, así que id con cuidado.

     – Pero si es virtual, las drogas no nos pueden hacer daño real, ¿no?

    Bajo la capucha se percibió una discreta sonrisa burlona, hizo una pausa para inhalar otra bocanada de vapor, que expulsó con cierta potencia, dejando a su alrededor una nube con aroma a menta artificial.

     – No, físicamente, claro. Pero son drogas y tienen efectos sobre la mente. Si la tomáis y el tiempo se termina, os quedaréis sin el efecto de repente, y eso no lo va a tolerar muy bien vuestro cuerpo. ¡Buen viaje, señoritas!

    Portishead – All Mine

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  • La cima

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Cuáles son tus actividades o ejercicios físicos favoritos?

    El camino era largo y escarpado, un inmenso sendero maltrecho y lleno de barro en estos días húmedos, hacía que llegar a la vieja y deslucida cabaña fuese una bendición. Abrió la agrietada puerta escuchando la siniestra llamada de auxilio de las bisagras, a lo mejor la engrasaba un poco luego, pero ahora quería descansar, la noche iba a ser larga. Descargo la enorme mochila en la entrada, y se tumbó en la rechinante cama. Dirigió su mirada azul a las telarañas del techo y respiró en paz. Era urgente la necesidad de estar sola, pero, a su modo, también era una experiencia gratificantemente salvaje.

    Casi se había dormido cuando escuchó jaleo fuera de la casa. Agudizó el oído y escuchó pasos, risas, conversación en susurros. Aterrada, salió a comprobar quién era. Dos hombres de aspecto cansado subían el último tramo del sendero. El más alto reía sin parar a pesar de haberse quedado casi sin aliento. El más corpulento quedó atrás, sentado en la roca más lisa, respirando fuerte, mareado por la ascensión.

     – ¿Qué hacen aquí? Esto es una propiedad privada. – Tenía que echarlos de la montaña, rápido, antes de que anocheciera. Quedaba poco.

     – Oye, después de la caminata vamos a descansar un poco y luego ya veremos. – Dijo el alto, aproximándose. El otro, ya de pie, empezó a acercarse.

     – Este lugar es peligroso, tienen que irse.

     – Si cariño, muy peligroso, pero nosotros somos muy duros, ¿verdad Paco? – El más robusto a duras penas podía respirar, no respondió.

     – Se va a hacer tarde, corren peligro aquí.

     – ¿Qué peligro hay aquí? Sabemos que estás sola, te hemos visto subir.

     – Hay lobos.

     – Bueno, nos dejas entrar en la casita, te protegemos y jugamos un ratito.

    Respirando profundo, cerró la puerta y se apoyó en ella. El sistema de cierre era un tablón rudimentario que se colocaba atravesado que, al no haber considerado la necesidad de bloquear la puerta, lo había dejado lejos. Pensó en huir, así que cuando el grandullón empujo la puerta, ella había salido por una de las ventanas.

     – Corren peligro, os lo he advertido. – gritó mientras salía por la ventana.

     – Pero ven, gatita, no escapes, te lo pasarás bien con nosotros. ¿Verdad, Paco? ¿Paco? Venga, coño, espabila, que se nos escapa la pava.

    Corrió hasta perderse entre los árboles, calculando el tiempo, se sentó en el risco frente al acantilado y se permitió disfrutar de la puesta de sol, no se escondía, no le hacía falta. Quedaba un suspiro de sol y ella había hecho un círculo de piedras a su alrededor. Hizo una reverencia al astro rey mientras era engullido por las montañas y se quedó de pie, mirando al bosque y escuchando la maleza crujir.

     – ¡Aquí estás! Ven, que te vamos a proteger – Los dos hombres aparecieron, apartando las ramas de los árboles de alrededor. Aunque la claridad era todavía suficiente para distinguir detalles, ellos llevaban linternas. Al verlos, ella sonrió al ver la cara que habían puesto. Su ropa, amontonada a un lado del círculo, su pelo ondeado por el viento. – ¿Pero qué haces así, mira, Paco, ¡quiere que juguemos con ella!

     -¡No! – Dijo en el mismo momento en que la luna llena apareció entre las nubes para dejar su reflejo sobre el cuerpo desnudo de la mujer. – Yo jugaré con vosotros.

    Su mirada se iluminó de rojo, su cuerpo se elevó varios centímetros del suelo y empezó a cambiar, su cuerpo oscureció con las sombras, al volver a pisar la tierra, ya no eran pies ni manos, eran garras, empezó a husmear el aire, buscando a los dos hombres que ya no estaban, habían huido corriendo al comenzar la transformación.

    Ahora era tiempo de cazar.

    Korn – No Place to Hide

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  • Paz

    La luz se fundió en negro.

    Atrás se quedó el miedo en un atronador silencio, que dio paso a la paz.

    Infinita paz.

    Dropkick Murphys – Going Out In Style

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  • Conexión cuántica neuronal

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué habilidades o conocimientos has adquirido recientemente?

     – Hola

     – ¿Qué?

     – Hola, ¿me entiende?

     – ¿Quién eres? ¿Dónde estás?

     – Estoy muy lejos, mi nombre no es importante.

     – ¿Eres Dios?

     – ¿Qué? No, qué va, tan solo soy un científico, verá, es que…

     – ¿Andrés? 

     – No, en verdad me llamo Grfxnfff

     – Andrés, sal ya, no sé cómo has conseguido hacer esto, pero ya vale de bromas.

     – Que no, que no soy ese tal Andrés… nosotros hemos enlazado una conexión cuántica neuronal que permite una conversación mental fluida que…

     – ¡Venga ya!, Andrés, no me hace gracia.

     – Señora, esto no es una broma, nos está costando horrores hacer esta conexión.

     – ¿De qué conexión me estás hablando?

     – Verá, os descubrimos hace tiempo y empezamos a estudiarles…

     – ¿A quién? ¿A nuestra familia?

     – Defina usted familia, ¿a qué se refiere?

     – ¡Coño, a nosotros!

     – ¿A ustedes, sí, a la humanidad? ¿se consideran una gran familia?

     – Oye, esto no será un truco para robarme la receta de las croquetas.

     – ¿Qué? No, no pretendemos robarles información, solo intercambiar ideas y aprender de ustedes.

     – Pues ya le digo yo que de las croquetas no te voy a decir nada, ven al bar a comerlas si quieres saber de ellas.

     –  Señora, que estamos a setecientos cincuenta y cuatro años luz.

     – Eso es por lo menos Murcia. Andrés, ¿qué haces en Murcia?

     – No, estamos en lo que ustedes llaman KOI4016.01 un planeta habitado más al centro de la galaxia.

     – Mira, Andrés, ni sé dónde estás ni me interesa, deja ya de susurrarme la mente.

     – Señora, pero ¿usted no es también científica? ¿No tiene curiosidad?

     – Ah, no, científico es el que vive en el quinto, yo soy la cocinera del bar Baró, creo que os habéis confundido de neuronas, dejad de retumbarme en la mente ya.

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  • Luna lejana

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Tienes algún lugar favorito que hayas visitado? ¿Cuál es?

    Bajo el hielo

     – ¿Y qué hacen ahí fuera?

     – ¡Yo qué sé! Ni siquiera sé cómo pueden vivir ahí, se tendrían que estar secando.

     – Están perforando el techo, yo creo que van a por nosotros. ¿Qué querrán?

     – No sé. Parece que están un poco perdidos, están abriendo por la parte más gruesa. 

     – Pues están poniendo nerviosos a los animales con tantas vibraciones.

     – Son muy raros, tienen una forma extraña, así alargados, permanecen tiesos, no se desparraman ahí al aire. Fíjate ese, excavando furioso.

     – A mí me parece que eso es una máquina, ¿ves las dos blancas con la cabeza brillante? Eso sí que son criaturas. 

     – A mí también me parecen máquinas.

     – Creo que llevan ropa, algún tipo de armadura, o un envase. Como las conchas de los guerreros.

     – ¿Crees que son guerreros? 

     – ¡No! Parecen muy torpes, en cuanto entren en el agua se los comerá el borloq, con el ruido que hacen estará esperándolos cerca.

     – Como vinieron del cielo, pensaba que eran dioses, bajaron brillando desde las estrellas.

     – Si fueran dioses, no necesitarían estos artilugios tan raros para deshacer el hielo. ¿Qué pasa? ¿No saben producir calor para derretirlo? ¿Cómo pueden hacer túneles entonces?

     – ¿Y si viven allí arriba, en el aire?

     – ¿No se asfixian? 

     – Pues serán como las plantas esas que salen a la superficie. 

     – Me da igual que sean plantas, si se acercan a mi ganado se van a llevar un arponazo.

     – Baja, que te van a ver, atontado.

    Sobre el hielo

     – Ivanov, ¿has recogido suficientes muestras? El radar muestra una perturbación en la temperatura, temo que pueda estar causada por algún fenómeno meteorológico complejo e imprevisible, y no me gusta.  

     – Ya estoy recogiendo las últimas, dame cinco minutos más y recojo. Las primeras muestras ya han dado positivo en restos orgánicos, esto va a ser interesante para la NASA, seguro que consigue financiación para otros proyectos en el satélite, ¿Y tú, has encontrado algo?

     – No, esto es un desierto de hielo, aquí debajo hay temperaturas muy elevadas en diversos puntos, hay una actividad sísmica impresionante, ideal para la vida unicelular.

     – ¿Cree que encontraremos criaturas más complejas bajo este mar?

     – Tal vez algún microorganismo simple. No creo que haya muchas posibilidades de evolución en este oscuro y frío satélite de mierda. ¡Venga! ¡Vámonos ya! A ver si nos manda de una vez a casa.

    Tina Guo & Serj Tankian – Moonhearts in Space

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  • Desembarco

    Sugerencia de escritura del día
    Cuéntanos cómo fue tu primer día en algo (en el colegio, en el trabajo, como padre o madre, etc.).

    Antes de entrar en la habitación, Antonio, con un hambre atroz, quiso pasar por el restaurante que, al ser demasiado temprano, estaba cerrado. Así que decidió salir a ver qué encontraba por la extensa avenida principal. El hotel estaba muy bien situado para alguien que no conocía el lugar.

    A pocos metros encontró un bar, que desentonaba mucho con el resto de la calle. Todos los edificios tenían un corte muy moderno y daba la sensación que al cruzar la puerta hubiera vuelto a su Granada natal. Se sentó en la barra, y pidió un refresco y algo de comer.

    El vaso era extraño, parecía una pirámide con una estrecha abertura por donde salía el líquido. En un gesto desesperado intentó beber, pero el líquido salía lentamente, con desgana. Desesperado, intentó agitar el recipiente, separándolo un poco de la boca. El fluido fue saliendo y se quedó agolpado en su cara, haciendo una burbuja pegada a la nariz y la boca, haciéndole imposible respirar.

    El camarero, que estaba atento, agarró un trapo y se lo plantó en la cara. Estaba hecho de un material muy absorbente, consiguiendo atrapar muy bien el líquido. Antonio hizo una respiración profunda y miró al camarero con cara de agradecimiento.

     – Es la primera vez que visita el planeta, ¿verdad?

     – Sí, este es mi primer día en tierra. Sabía de la poca gravedad que hay aquí, pero me cuesta mucho hacerme una idea de que, algo tan cotidiano como beber, sea tan complicado.

     – Te explico, ¿ves que en el vaso, abajo del todo, hay una válvula? 

     – Sí.

     – Al apretar, el líquido sube lentamente, al soltar, baja. Es la mejor manera de no pelearse con un refresco flotante.

     – Ni me imagino entonces cómo tomar una ducha.

     – Vapor frío a presión, que con el calor se agradece. No sé cómo no os preparan para eso en la nave.

     – Se ve que variar la gravedad artificial es complicado. Te explican sobre el peso de la ropa y las suelas magnéticas, pero poco más.

     – Pues hay todo un manual para poder pasar una temporada por aquí, amigo.

    Antonio tardó un poco en aprender a usar el artilugio para la bebida. Con el bocadillo no hubo tanto problema, dio buena cuenta de él al momento. Tenía un sabor exótico, pero tradicional a la vez, aunque de primeras no se vio con fuerzas para aprender sobre la materia de la que estaba hecho. Había que reconocer que estaba bueno y eso le bastaba. Pensativo, Antonio se dio cuenta de que había algo más que hacer.

     – Por favor, ¿me puede decir donde está el baño?

    El camarero le miró con una discreta sonrisa y le respondió.

     – Me temo que estás de camino a tu siguiente aventura.

    Lord of the Lost – Raining Stars

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  • El olvido.

    Sugerencia de escritura del día
    Dinos una cosa que cambiarías de ti si pudieras.

    Hay veces que tengo la suerte de aburrirme, entonces cierro los ojos y miro hacia dentro, en busca de restos de imaginación pegados en las cuencas de mi mirada o retazos de canciones sordas, lanzadas al mar una tarde de sal de playa y lluvia en agosto. Casi siempre vuelvo con una sonrisa disimulada o una lágrima que compartir con la cama. Todo es mejor que dejarse aburrir sin hacer nada

    Aquella vez, de tan profundo que llegué, caí en el hipotálamo, confundido, sin saber cómo regresar a mi yo consciente, seguí una vieja marca de tinta de bolígrafo azul, de textura vieja y agrietada, que en forma de garabato, me fue acercando a los ganglios basales, donde el color se disipaba de recuerdos. Pintados con crayón, dibujaban figuras de risas y carreras en el parque, de animales aullando a la primavera, queriéndome eterno hasta que me muera. 

    Lo encontré ahí, sentado, agarrado a sus piernas. Lo conocía bien, aunque no sabía quién era, esa persona sin cara y con sombrero que, por querer ser mi amigo, se hizo etéreo. “Cuánto has crecido”, me dijo triste, “¿Sigues asustado?”, me dijo serio, “Te veo estupendo”, dijo sonriendo. Entonces le recordé salir de la sombra de un misterio, abrazarme al recuperar el aliento, hace tanto tiempo… Que el olvido me visitó enterrando su aspecto. 

    Tomamos café como hacen los mayores, contándonos historias de citas y de flores, del fracasar caminando y sobre aprender errando. Le hablé del pasado, de lo que no había alcanzado, de tu luz que es mi vida, de lo que gané prodigando, de mis instantes eternos, de la efímera dama donde se esconden mis sueños. Brindamos por el futuro y rezamos por que sea verdadero.

    Me tomó de la mano suavemente, como antaño, cuando estaba más cerca del suelo y él a mi lado, y recorrió conmigo el laberinto de mi mente, que ahora era diferente, y me entregó en la entrada de los párpados cerrados.

     – ¿Vas a quedarte conmigo?

     – Siempre.

     – ¿Eres real?

     – Tanto como lo eres tú.

    Así nos despedimos, con la promesa inventada de algo que jugaba a ser real y desapareció de mi memoria, como las letras de una pizarra borrada, entre tizas blancas de letras curvas y signos de sumar.

    Sexy Sadie y Big Toxic – SR. Nadie

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  • Sinriu

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Alguna vez has visto animales en su hábitat natural?

    Estaba ella sentada en una nube rosa, de esas tan esponjosas que se forman al ocaso, cuando el cielo limpio de verano la marca con los últimos rayos de sol. Llevaba un biquini a rayas, pamela ancha del mismo color de la nube y su caña de pescar, hecha de bambú, de hilos de escarcha como nailon y de anzuelo un ramo de pensamientos silvestres, ideal para pescar sueños húmedos a finales de junio.

    A lo lejos lo vio pasar, cautivando el horizonte con su baile y destruyendo cúmulos a su paso. En su cadencia imposible brillaban sus escamas perladas, de un azul pálido de escarcha helada, que contrastaba con el abrasador violeta, fuego de su mirada. Largo como un día sin noche, volátil como diente de león, el sinriu andaba aproximándose veloz cuando ella soltó la caña y sin pensarlo saltó al vacío.

    Resbalando por las escamas de la enorme criatura, ella fue a parar a uno de los cuernos de ciervo que le asomaban en la cabeza al sinriu, agarrándose fuerte para no caer. Fue entonces cuando reparó en la existencia de ella.

     – ¿Qué haces en mi cabeza humana? ¿Qué quieres de mí?

     – Quiero que me concedas mi deseo.

     – ¿Quién te ha dicho que puedo conceder deseos?

     – Es lo que cuenta la leyenda.

     – ¿Quién te ha dicho que la leyenda sea cierta?

     – ¿Me vas a conceder mi deseo?

     – Para poder usar mi magia tienes que atraparme.

     – Ya lo he hecho, te tengo atrapado.

     – Más bien, te tengo atrapada yo a ti ¿Qué es lo que quieres? ¿Riquezas? ¿Amor?

     – Quiero volar. Así, como tú lo haces.

     – ¿Cómo es posible que hayas llegado hasta aquí, pero no puedas volar?

     – Pues no, no puedo.

     – Humana, solo tienes que quererlo hacer.

     – Ya quiero, no puedo.

     – Para poder volar solo tienes que darte cuenta de que en realidad estás soñando.

    Incubus – Aquerous Transmission

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  • Espejo de luna llena.

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Eres de día o de noche?

    Demasiada luz, a pesar de cubrir su fría mirada con una lente redonda nivel cuatro, seguía siendo demasiada luz, tanta que esperaba a la maravillosa puesta de sol para salir a respirar. Cuando la línea de la sombra iba ganando terreno, caminaba tras ella, desafiando al sol agonizante,  paso a paso, hasta que el ocaso devorara su último destello.

    Se asomó al acantilado en busca del reflejo de la luna, llenó sus pulmones plenos con la sal del océano y gritó fuerte, muy fuerte, hasta que las pardelas le contestaron y volaron a su alrededor, con su gutural canto en tono de saludo. Al filo de la roca dejó caer su vestido negro y se lanzó al mar.

    Dejó un rastro de espuma tras sus pies, penetró en la profundidad, deslizándose hasta el fondo, arremolinando la arena al pasar veloz y volvió a la superficie a respirar. Se encontró rodeada de figuras luminiscentes, girando sin parar, empujándola hacia la orilla al vals de las olas.

    Impregnada de efervescencia salió del mar, resbalando salitre por las caderas, marcó sus huellas sobre la oscura arena escupida por el volcán y caminó. Sintió el viento secando su melena, desafío en duelo a la oscuridad y corrió, a través de las piedras, sorteando las plantas que crecían cuando ya se quedaba la costa sin marea y, en la sombra de los árboles, se deshizo en el bosque.

    Acechó en silencio, en pasos lentos, como los últimos minutos de un condenado, danzando con respiración agitada, en equilibrio veloz, hasta un último salto hacia su presa, que chilló y luchó por su vida con garras y dientes. En el lago del claro del bosque ofreció su presa al reflejo de la luna, desgarró su carne y la devoró con ansias. 

    Una vez saciada, entró en el azul y frío lago para limpiar su cuerpo de sangre y su alma de maldad, dejando que la cascada meciese su cabello y adormeciera su mente, allí, saliendo de la orilla, en la ruidosa penumbra, las criaturas del lugar dejaron de temerla y salieron a saludar. Corrieron alrededor con ojos brillantes, ardiendo en fuegos fatuos de fluorescencia química y alada, vibrando en violines de cuerdas vocales y percutiendo árboles, chocando las cimas con las ramas al viento.

    Demasiada luz vendrá, a destruir la paz de la noche, mientras los párpados caen con el brillo de un sol que hace sangrar las nubes y graznar a las gaviotas con su calor. Ahora vuelve a su hogar, tras sus gafas de sol, cansada de tanta luz, mientras el astro rey crece, alimentándose de las sombras que ella deja al pasar.

    Kim Dracula – My Confession

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  • Renacer

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Sin qué tecnología crees que vivirías mejor? ¿Por qué?

    La viuda era la única persona triste de la sala, con su vestido oscuro, aguantaba el porte, sin conseguir evitar que algunas lágrimas fugaces le estropeasen el maquillaje. Los demás asistentes, amigos y familia del difunto, esperaban frente a la gran pantalla instalada en el recinto, a que empezara a emitir la ansiada conexión en directo. Mientras, en un rincón, el féretro y el cuerpo sin vida del protagonista de tan singular fiesta eran totalmente ignorados.

    La pantalla hizo un cambio que provocó revuelo entre los invitados al velatorio. Apareció una cuenta atrás de un minuto, eso hizo que la viuda se levantara y se aproximara a la primera fila, justo delante del monitor. Según iba consumiéndose el tiempo, la gente iba ganando excitación, hasta que, en los últimos diez segundos, todos, incluido la viuda, contaban en alto al compás de los números que se descontaban en el dispositivo. 

    Justo cuando terminó el tiempo cronometrado, apareció la imagen sonriente del fallecido. Todos reaccionaron con alboroto, descorcharon champán y hubo felicitaciones, sobre todo a la viuda, que ahora sonreía radiante.

     – Buenas noches a todos, no pensé que habría tanta gente en mi funeral. Que sepáis que estoy bien. Es un poco distinto a estar vivo, pero no mucho, así que empiezo a trabajar la semana que viene, normal, alguien tendrá que pagar todo esto.  

    Los asistentes rieron, todos estaban pendiente de la pantalla, alzaban sus copas y comentaban entre ellos.

     – Pedro, ¿de verdad estás bien? – Quiso saber su viuda.

     – Lola, estoy perfectamente, ni te imaginas cómo es despertar aquí, sin dolor, sin preocuparme por mi salud. Lo único que echo de menos del mundo real eres tú. Aunque vamos a estar en contacto, no estamos tan lejos.

     – Te echo mucho de menos, Pedro.

     – Y yo también, Lola, pronto tendré un espacio privado y podrás venir a visitarme. Te aseguro que esto es una maravilla. Nos veremos muy pronto, te lo prometo. Sabes que esto no es el fin, solo un nuevo comienzo.

    La sonrisa de la viuda se volvió triste y volvió a sentarse, a recomponer su mente, a esperar los cambios que tengan que venir. Mientras su difunto marido explicaba su experiencia en la otra vida a los demás, ella, sumida en sus pensamientos, no entendía el motivo de tanta alegría. 

    Lola sabía que era una oportunidad, la transferencia cuántica por la cual descargaba la mente a una máquina no era para todo el mundo. Había un proceso de adaptación en vida, así que solo podían optar por el traspaso aquellas personas que iban a tener una muerte lenta, siempre y cuando no hubiera degeneración neuronal extrema. Una vez traspasada la esencia al servidor, el cuerpo quedaba en estado vegetativo hasta su muerte natural, solamente entonces se activaba la vida digital, en un proceso al que llamaban El Renacer. Nunca funcionaba si la muerte era provocada.

    La viuda se había informado mucho desde que le propusieron hacerle renacer. Descubrió que el proceso era muy caro, pero los trabajadores virtualizados eran muy cotizados por numerosas empresas y en muchos casos, el pago del servicio pasaba por trabajar para ellos, la empresa que les hacia renacer, con exclusividad durante algunos años. 

    También sabía que lo que en un principio sería una vida virtual, réplica de la que vivía en el mundo real, pronto se convertiría en algo distinto, pues las necesidades de las personas renacidas, como todo el mundo imaginaba ya, eran distintas, dejaban de estar encapsulados a un cuerpo y ya no necesitaban comida y agua para sobrevivir. Su mundo estaba en un bosque de ataúdes electrónicos, conectado a redes y alimentado por la electricidad generada por una placa solar, en cierto modo como las plantas.

    Mirando a la imagen de su marido, que animado, contestaba las preguntas formuladas por familiares y amigos, ella, en un adiós silencioso, abandonó el recinto.

    Radiohead – Fake Plastic Trees

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