
– ¡Qué frío!
– Buenos días, ingeniera Edén, comienza su turno. La temperatura interna es de 19 grados ¿Desea que le informe…?
– Despacio, déjame un tiempo para despertarme, yo te voy preguntando.
– Perfecto, ingeniera Edén, estoy a la espera.
Mirando el techo cerró los ojos un instante. Notaba la mente borrosa y el cuerpo le pesaba como un trozo de plomo colgando del nailon de una caña de pescar. Se incorporó desganada y se dirigió al radiador de calor donde pasó un rato en silencio, intentando encontrarse a sí misma en la espesura de sus pensamientos.
– ¿Alguna anomalía técnica?
– Ninguna ingeniera Edén, todas las funciones trabajan entre los rangos requeridos.
– Perfecto.
Ya en el pasillo, de camino a la sala de ingeniería, fue aclarando las ideas y fueron surgiendo preguntas.
– ¿Cuánto tiempo está estimado para la llegada al destino?
– Veintisiete días.
– ¿Veintisiete días? ¿Y me despiertan ahora? Estamos muy justos para iniciar el proceso de frenado.
– Afirmativo, no hay orden del comandante, se le ha despertado en la fecha programada, trescientos sesenta y cinco días desde su anterior hibernación.
– ¿Quién está de servicio en el puente?
– El comandante Enzo.
– ¿Puedes localizarlo? Necesito hablar con él.
– Imposible, lleva desaparecido desde hace ciento siete días.
– ¿Y no hay un suplente?
– La suplente del turno es la comandante Rhea, está previsto su despertar dentro de cinco días.
– ¿Se puede saber por qué coño no se ha despertado antes?
– La orden que tengo en mi programación es que no realice una acción sin el consentimiento del comandante.
– ¿Y si no está el comandante?
– La orden es clara, no puedo saltarme la programación.








