Autor: DeOniros

  • La llegada

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué trayectorias profesionales alternativas te has planteado o te interesan?

     – ¿Estás seguro?

     – ¡Que sí!

     – Pero es que queda raro.

     – Vamos a ver, todos tienen coche, así que he buscado uno que no llame la atención. 

     – Sí, pero…

     – Es uno de los favoritos del lugar, líder en ventas por muchos años consecutivos, ¿no?

     – Sí, es así, pero…

     – ¿Ostentoso? ¡No! ¿Verdad? 

     – No, eso no.

     – Pues he conseguido uno sin llamar la atención y lo estoy reformando.

     – Eso es una de las cosas que me preocupa.

     – A ver… Tiene una carrocería, un volante y ruedas, ¿no? Lo tengo que adaptar a nuestros medios, por diferencias tecnológicas.

     – Sí, eso lo comprendo.

     – Es un 127. De color beige, con antena, suena música de la época y lleva cinturones de seguridad delanteros.

     – Sí, todo eso está muy bien.

     – Entonces, ¿Qué es lo que te preocupa Smerk?

     – Pase que haya ciertas luces y pantallas holográficas en el interior, que la antena del techo sea una resistencia ovalada de diodos de tungsteno. Pero que el vehículo circule flotando a cinco centímetros sobre el suelo y que las ruedas que lleva son de cartón pintado es algo que nos delata un poco.

     – Tu siempre tan exquisito, así no vamos a poder invadir nada.

    El Milagro de P. Tinto – Tengo un OVNI formidable

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  • Moneda de un Dólar

    Sugerencia de escritura del día
    Si un genio te concediera tres deseos, ¿qué pedirías?

    La moneda de un dólar brillaba argenta en su mano, su abuelo se lo había regalado aquella noche que se fue de casa, harta de discutir con todos, de que siempre pensaran lo peor. Su regalo prometía un deseo, la ofrenda de suerte perdida, ahora la abandonaría tirándola a la fuente, en un anhelo mezclado con rabia.

    Hace poco, en el gimnasio,  Marta se había encontrado la puerta entreabierta en el vestuario de los chicos, ahí lo vio, desnudándose frente al espejo, con esa mezcla de sudor y piel húmeda, que le hizo paralizar, contemplando en silencio sus movimientos. La mirada de él se quedó clavada en el espejo, ella reaccionó escapando con vergüenza. Supo que se había dado cuenta.

    Pasaron unos días en coincidir de nuevo, él vestía una sonrisa, ella un pequeño atisbo de pudor, él jugaba a buscar entre líneas, ella esquivaba balones, él detrás de sus pasos, ella buscó la puerta de atrás y desapareció. 

    Él tampoco apareció más. Hasta hoy. Y Marta se le quedó mirando alzar pesas, tensar músculos, empapar su minúscula camiseta de poliéster con el sudor de su frente. Se pensó nimia gota en el mar y quiso volver a casa, a meditar en calma sobre el placer solitario de un recuerdo. Pero a la salida una mano le agarró el brazo.

     – ¿Qué quieres?

     – Perdona, solo quería saber si querías tomarte algo conmigo.

     – ¿Por qué? No quiero nada contigo. 

     – Pero, yo noto que te fijas en mí.

     – ¿Y qué?

     – Pensaba que te gustaba.

     – Pero eso no significa que quiera nada.

     – El otro día sé que te quedaste mirándome, al desnudarme en el vestuario.

    Marta se escondió tras una mirada de furia, se hizo viento y se fue.

    La moneda de un dólar giró impulsada por el chasquido de dedos de Marta, volando alegre hasta estrellarse en un sonido de campanas más allá de la oscuridad en el pozo de los deseos.

     – Ojalá desaparezca – Pensó la joven, con los ojos brillantes, apoyada en el pozo. Pensó en el chico del gimnasio, en sus padres, en el ruido sordo del viejo que le mira cuando sube las escaleras. En su vecina que le sonríe raro, en el de la frutería que se equivoca en el peso, en el jefe de personal, con su porte serio de maestro antiguo, con aroma de naftalina y polillas en los bolsillos, en el niño que toca al timbre de su casa y la mira desde la esquina de la escalera… 

      – Ojalá desaparezcan todos –

    Antes de que una lágrima estallara en el suelo, Marta se quedó sola.

    Lacuna Coil – Oxygen

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  • El tío Tobías

    Sugerencia de escritura del día
    Describe a un miembro de la familia.

    El tío Tobías es algo excéntrico, siempre con un salmo secreto en los labios, con una parábola hiperbólica en la mente. Desde pequeño parecía mayor, su pelo tornó a blanco al mismo tiempo que su voz cambió de tono y su cara de niño cambió a la de un señor, serio, sin tintes de broma adolescente, ni juvenil alboroto.

    Si me acerco a su vera, simula que no me ve, si me pego a él, se retira discreto, recitando no sé qué indescifrable misterio, pero se queda cerca, vigilando. Detrás de esa mirada perdida en un vaso de luquete de limón sobrio, donde pierde el tiempo cuando está en casa, cuando no está en un libro.

    Cuando estoy yo, él lee en voz alta, sin expresión pero con fluidez. Le pido historias de animales salvajes, de tierras inhóspitas y de selvas perdidas, de ríos anchos y árboles eternos. Aunque él parece no escucharme, aparece pronto, dispuesto a llevarme de paseo, por alguna de sus impenetrables junglas o algún desierto yelmo.

    El tío Tobías parece perdido, pero no lo está, simplemente sonríe de otro modo, su lenguaje es diferente y ama suave desde su respiración profunda, para comprender el significado de su canción hay que entrar en su mente. Aunque el tío Tobías esté siempre serio, yo sé que también se alegra de tenerme cerca aunque él esté lejos.

    Don McLean – Vincent

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  • Sopa

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué plato dirías que es tu especialidad?

     – Doctor, verá, es muy raro lo que me pasa.

     – Usted dirá.

     – Por las noches, cuando me siento y me relajo, empiezo a ver colores. Salen de la sopa, humeantes y ondulantes, de la televisión, por medio del sonido, salen en mi piel cuando me rozo con el sofá. El azul me golpea como un mazo en la cabeza, dejándome el sonido de platillos, el amarillo me chilla fuerte en el oído, con su voz de trompeta barítona, el violeta se desparrama sobre mí, mojándome la ropa dejándome perdido de olor a frambuesa. Y el rosa, este es el peor, se sube por mis piernas como una hormiga, cientos de ellas subiendo queriendo devorarme el alma.

     – Interesante, ¿y usted qué hace cuando le pasa eso?  

     – Lloro, con ganas además, pero en vez de lágrimas salen dos arcoíris, uno a cada lado, que se evaporan y se elevan, dejando nubes de colores en la sala que llueven confeti y serpentinas. No sé qué hacer, estoy desesperado ¿Me puede recetar algo, doctor?

     – Pero ¿Se puede saber que ha tomado usted?

     – Nada, yo solo ceno y me voy al sofá a ver la tele.

     – ¿Nada de nada? ¿Toma alguna medicación?

     – No, paracetamol si me duele la cabeza.

     – ¿Bebe?

     – Solo agua destilada.

     – Vale, ¿qué es lo que come?

     – Sopa de setas, unas pequeñitas con forma de paraguas que me consiguió un amigo, son caras, pero están muy ricas.

     – Tómese estos antidepresivos isotónicos con agua de lluvia.

    Three Days Grace – Animal I Have Become

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  • Reunión de Amigos

    Sugerencia de escritura del día
    Dinos algo que creas que todo el mundo debería saber.

    Había subido algo de peso y en su cabello se podía ver un adelanto del reflejo plateado que algún día cubrirá su cabeza. Aun así, era inconfundible ese porte marcial en la sala de espera del hotel que habíamos acordado, por supuesto, el primero en llegar. Tras el abrazo que tantas ganas tenía de darle, nos pusimos a charlar en la cafetería mientras esperábamos a los demás. Hacía muchos años que no veía a él y al resto del grupo. Por fin, después de meses planeándolo, habían conseguido hacer una reunión de amigos de la infancia. 

     – … Como adolescentes, y tú estarás de acuerdo conmigo, amigo mío, fuimos de lo más felices, el problema fue más adelante ¿Te acuerdas cuando nos juntamos con el grupo de Patri?

     – Como no acordarme, tú estabas frito por Patri ¿Verdad?

     – Lo confieso, me encantaba, pero a ella le gustaba Miguel.

     – A Miguel le gustaba Ángeles, me lo dijo él. Pero no le hacía caso ninguno.

     – Porque a Miguel quien realmente le gustaba era Fernando ¿Cómo te quedas?

     – Pues no me extraña, siempre estaban juntos.

     – A Fernando le gustaba Marta, pero también Miguel, la época no era para ir saliendo del armario, así que  mantuvieron sus coqueteos en secreto. Los tíos se lo hacían en mi casa cuando los demás no estaban. Y Marta participó alguna vez.

     – ¿Eran un trío poliamoroso?

     – No, solo se liaban algunas veces, a Marta le gustabas tú.

     – No jodas, nunca noté nada.

     – Eso es porque Fernando alardeaba de que tu estabas detrás de el.

     – A mí me gustaba Sonia.

     – Y Lidia, y Clara, lo sabré yo. Bueno, a marta tampoco le hubieras hecho ascos.

     – A Lidia le gustabas tú, a Clara no lo tengo tan claro.

     – Lidia decía que le gustaba yo, pero en verdad le gustaba Clara, a Clara no le gustaba nadie, pero se acostó con todos, menos contigo, claro. Incluyendo a Lidia. Ella solo buscaba pasarlo bien. 

     – Joder, yo no estuve con nadie del grupo. 

     – Estuviste con Ángeles, bribón.

     – ¿Pero tú cómo lo sabes?

     – Yo lo sé todo ¿De quién era el apartamento? Mío, así que yo veía y sabía todo y si no, me lo contaban. A parte tenía una cámara en la entrada.

     – Mira, ahí viene Marta. 

     – Pues ahora que sé todos los líos amorosos, no sé de qué manera mirarlos.

     – ¿A Marta? Con cariño, que está recién divorciada.

    Dorian – Algunos Amigos

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  • Gimnasio de Realidad Aumentada.

    Gimnasio de Realidad Aumentada.

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Cuál es tu forma favorita de hacer ejercicio físico?

    El gimnasio era una explanada enorme con la forma y el tamaño de un campo de fútbol con áreas de colores grabados en el suelo. Juan Morales había sido invitado, ya que en su trabajo habían acordado la estrategia de que estando en forma se rinde mejor. Él conversaba animadamente con la señorita encargada de la promoción. 

     – … Sin duda señor Morales, para bajar de peso, tonificar los músculos y tener una experiencia de lo más saludable, tenemos el método perfecto, es una novedad que está funcionando muy bien en otros países.

     – Sí, pero todos los gimnasios prometen lo mismo y claro, son rutinas de ejercicios que terminan cansando, yo me aburro con facilidad, ¿sabe?

     – Lo comprendo, señor Morales. Le proponemos un sistema basado en un juego de realidad aumentada. 

     – Suena bien, señorita. ¿Cómo funciona?

     – Vale, como ve, aquí tenemos un traje ergonómico, para la prueba que le prometimos hemos elegido este, que es de su talla. Póngaselo, Señor Morales, le haré un recorrido. 

    Alrededor del área del recinto había zonas habilitadas para duchas, habitaciones individuales para cambio de ropa y zonas de descanso con lo que denominaban bar saludable, bebidas isotónicas y aperitivos a base de proteínas, hasta había una sala de karaoke.

     – Vale, me va como un guante.

     – Ahora póngase el casco neurotransmisor, esto le hará conectarse con el entorno virtual del juego.

     – A ver. Listo.

     – Solo le faltan estos guantes y ya tenemos todo lo necesario para una experiencia sensorial completa.

     – Ya los tengo puesto ¿Y ahora qué hago?

     – bien. ¿Preparado Señor Morales? Conectamos con el servidor del juego.

    La visión de Juan cambió por completo, alrededor de él, un paisaje imposible de bosques de ensueño y animales legendarios, centauros armados con arcos se encabritaban, bellas sílfides semidesnudas paseaban coquetas saludando con la mano, hasta andaba Cupido revoloteando, armado de flechas de amor y mirada burlona.

     – Pero esto es increíble.

     – ¿Le gusta nuestro mundo? A este escenario le llamamos “En forma en el Olimpo”.

     – ¿Cómo se juega?

     – Antes de nada quiero que sepa que todo lo que pase en este Olimpo virtual solo lo saben los Dioses. Usted puede regular el nivel de privacidad que quiere tener. En el primero, podrá interactuar con todos los deportistas que están en su entorno, podrá participar en actividades en grupo con todos los asistentes a estas instalaciones.

     – Ideal para partidos de tenis.

     – Y para combates con espadas. Tiene que probarlo Señor Morales, son muy divertidos. En el nivel dos solo podrá tener interacción con aquellos que haya registrado como amigos, así nadie os podrá molestar. 

     – Hay tercer nivel, ¿verdad?

     – Sí, pero tiene tarificación especial.

     – ¿De qué se trata?

     – En el nivel tres sería invisible para los demás, solo podría interactuar con su entrenador personal. Mejor se lo muestro.

    Frente a la comercial apareció una pantalla transparente flotando. Pulsó una serie de botones y apareció junto a él. Era la más bella criatura que podía imaginar. Una joven alta, con una melena morena ondeando a ese viento que no existía, pero erizaba la piel, adornada con flores de colores, con orejas puntiagudas de duende del bosque y un minúsculo traje hecho de piel de animal mitológico.

     -Hola, mi nombre es Xanthe, y puedo ser su asistente personal. – Dijo a modo de presentación la entrenadora virtual. 

     – Como ve, esta sería su espectacular asistente. Se hace consultando el perfil del cliente y normalmente acertamos mucho con sus gustos. Aun así se puede modificar, cambiar el color de piel, ojos y rasgos, hasta podemos quitarle un poco más de ropa si lo desea.

     – Si es fantástica, ¿Cómo funciona?

     – Tiene una tabla de entrenamientos que con diversos juegos le tonifica todos los músculos del cuerpo.

     – ¿Todos?

     – Todos, pero para lo que usted piensa, a modo de premio, tendrá que ganarle en combate. Es lo que llamamos entrenamiento con final feliz.

     – Por su apariencia cualquiera le gana.

     – No se preocupe, si le cae bien, a veces se deja ganar.

     – ¿Cuánto cuesta la suscripción con la asistente?

     – Incluyendo la cuota del gimnasio, que es 137,85 al mes, se quedaría en 787,24, si se suscribe hoy le haremos un 20% en los tres primeros meses.

     – Es un poco caro ¿No hay alguna otra posibilidad?

     – Sí, existen varios asistentes, este es el más barato, solo sube la cuota 50 euros.

    En el lugar donde estaba la valkiria de pasarela de Women’secret, apareció un mastín de tres cabezas, con encías recubiertas de afilados cuchillos de marfil y llameantes miradas de rencor.

     – ¿Y ese bicho?

     – Es Cancerbero. Le perseguirá hasta darle caza, usted podrá huir o enfrentarse con él. En ambos casos, si le alcanza, o si pierde la batalla, le devorará vivo. 

     – Eso no suena muy bien.

     – Tranquilo, no sufrirá daños físicos, pero sí es verdad, que nuestra unidad de dolor neuronal, da unos resultados muy realistas. 

    Dark Sarah – Dance With The Dragon

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  • Ruido Blanco

    Aquella tarde, como cualquier tarde detrás de un día de fiesta, tenía ruido en la mente. No un ruido fuerte, de motosierra, de camión de la basura a las tres de la mañana, mientras recoge cristales fragmentados en el contenedor de los suspiros rotos y yo soñando con ella mientras ignoro la consciencia. Mas bien, ruido de batería vacía, sonido sordo de televisión en silencio, donde escuchas los planos de tus pensamientos con gestos de otros, de ventrílocuo en conversación de lenguaje de signos con sombras chinescas.

    Quise romper el silencio, por si eso acallaba mi pensar, subir el sonido de aquel tocadiscos viejo, que solo recordaba melodías de Pink Floyd viajando lejos, recreándose en universos de dibujos extraños. Pero solo conseguí martillos desfilando al redoble de cientos de palabras inconexas, que querían acompañar mi cabeza y aumentar la sinfonía de luces que latían dentro de mí, acompañándome cuando el silencio era lo que más necesitaba escuchar. 

    Decidí escapar de mis pensamientos, vagando por la vereda del paisaje campestre de un cuadro de Van Gogh, pero giraba constante, llenando el vacío de mi razón de largos trazos pastel, llenando de gritos el espacio sobrante y derramando gotas de pintura a modo de lágrimas profundas. 

    Acallar el ruido de mi mente sería más fácil si te tengo cerca y te derramas en mi sofá, y me tapas con tu piel, cuando el frío de la ausencia de pensamientos araña el compás de mi meditar, aquellas tardes de cansancio acumulado donde robar un beso de tus distraídos labios cuesta un milagro a cambio.

    Pink Floyd – Wish You Were Here

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  • Selene en mi ventana.

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Cuánto pagarías por ir a la luna?

    Luna. Mi luna, mi delirio eterno divino.

    Daría todo y más por dejar esta noche mi huella en tu camino.

    Frank Sinatra – Fly Me To The Moon

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  • Mi descanso no es tu descanso

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Los días de descanso te hacen sentirte descansado o improductivo?

     – Por fin es viernes. Ah, que no es viernes. Bueno, sábado. El primer día de descanso, después de una larga semana enredado, rezumando tinta de estampar sellos para alegrar esos documentos tóxicos, que vinculan tu alma a la prisión de la deuda, adornando con garabatos como presentación de mi nombre a la ley de la justificación. Concediendo el derecho, pero también sentenciando el deber. Arañazo de papel de tinta del diablo, con bic como escudo, entono la oración que invoco en tu nombre para poder ejecutar la gran danza de la firma, con membrete de diseño y copyright en vigor. Que exige su tributo entre cifras apretadas y su sacrificio de almas pías e impuras, sin importar su condición, piel o credo. Todo vale si la dádiva es efectuada sobre fondos legales y reglamentarios, por los siglos de los siglos…

     – Sí, vale, lo que usted diga, ¿se va a tomar la última o qué? Cerramos en diez minutos.

    Triangulo de Amor Bizarro – Estrella Solitaria

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  • Un dinerillo

    Sugerencia de escritura del día
    ¿En qué has trabajado?

    Tras su sonrisa tan cordial, su mirada me decía que había algo más. Algo que no sabía explicar. Extraño como su forma de comportarse conmigo. Como todas las mañanas, me la crucé en la entrada de su casa.

     – Hola cariño, que vaya bien en el colegio.

    Y es que la vecina, estaba siempre en la puerta de su casa, la veía allí cuando iba al colegio, cuando volvía, cuando salía a la calle con mis amigos. Incluso aquella noche, cuando me llevaron corriendo a urgencias por aquella intoxicación de chocolate en mal estado, estaba en la puerta de su casa, con aquella sonrisa rara. Inmutable.

    Ayer, al volver del colegio, me paró sonriendo, me ofreció las galletas que acostumbraba a hacer y me dijo.

     – Niño, estoy ordenando el trastero, y me vendría bien dos brazos fuertes para mover unas cajas ¿Te gustaría ganar un dinerillo?

     – No sé, señora, se lo preguntaré a mis padres.

     – ¡Oh, cielo! Seguro que te dicen que sí. Vente esta tarde y te ganarás unos cuantos euros y te dejaré quedar con los trastos que ya no necesite.

    Como quise ser buen vecino y la posibilidad de tener algo de dinero me resultaba atractiva, a las cuatro y media estaba tocando en su puerta. Fue la única vez que no estaba ahí con la sonrisa encendida, esperando a que pasara.

     – Hola, niño, pasa, pasa. Te estaba esperando.

    Nada más entrar me invadió el recuerdo de los días de Navidad, una casa ordenada y decorada, con aroma a cocina antigua, a cebolla refrita con pimientos y especias, para preparar el asado y tarta de manzana de postre.

     – Hola señora, ¿Está esperando visita?

     – Sí, niño, hoy van a visitarme mis antiguas compañeras de… de la facultad. – 

    La vecina me indicó que llevara unas cajas. Estaban amontonadas en la habitación, quería que las fuera llevando al trastero. Y eso hice. Fui llevando trastos de un lado a otro. En una ocasión me asomé a la cocina, muy extraña, con un horno enorme. ¿Querría asar un caballo?

     – Oh, niño, estás trabajando mucho. Ven, descansa un rato, tómate esto. He hecho pastelitos, ¿quieres probarlos?

     – Señora, ¿esto es vino?

     – Vino dulce ¿Qué? En mi tiempo se le daba a los niños, con azúcar, para que crecieran fuertes.

     – Si usted lo dice.

    Yo ya había probado la cerveza y en alguna ocasión el champán en Navidad, además. Mi tío Enrique, a veces, también me daba a probar ese licor de cerezas que tanto le gustaba y tanto ardía al tragar, a escondida de mis padres, claro. Cada tres cajas tocaba uno de los ricos pastelitos de chocolate y una copita de vino dulce. A la hora, estaba tan mareado que me costaba pensar. 

     – Oh, niño, ¿estás cansado? No te preocupes, acuéstate un rato en esa habitación, luego continúas.

     – No hace falta, puedo seguir.

     – ¡Que entres, niño! No me discutas.

    Aquí pasaba algo raro. Entré en la habitación y me acosté en la cama, me sentía mareado pero no tanto como para perder el control. Aunque hice un poco de película,  tambaleándome y dejándome caer a peso sobre la cama. Me sorprendió cuando escuché que cerraba con llave, así que empecé a explorar alrededor.

    Era una habitación pequeña de narices, con rejas en la ventana y un armario empotrado, que abrí encontrando libros escritos a mano, con tapa vieja y símbolos incomprensibles, raros y llenos de aristas. Intenté sin conseguirlo abrir la puerta, así que pensé en llamar la atención de alguna manera.

     – ¡Señora! ¡Me estoy meando! ¡Me meo mucho! ¡Ábrame, por favor! ¡Me voy a mear aquí! – 

     – ¡Ay, niño! Espera, que ya voy.- Dijo mientras se escuchaba caminar por la casa. – Ni se te ocurra ensuciar el cuarto.

    Salí de la habitación tambaleando y simulé querer vomitar por el camino. Me guió al cuarto de baño y me empujó dentro. Abrí el grifo del lavamanos y me dispuse a salir por el ventanuco que había justo al lado de la antigua cisterna del váter. Casi no cabía por allí, pero conseguí acceder al patio interior. 

    La señora preguntaba que si me faltaba mucho desde la puerta del baño, yo ya había recorrido todo el pasillo que daba a la cocina. Si era como la de casa, debía tener salida al exterior. El horno enorme estaba prendido y abierto, había cacerolas burbujeantes y un libro de recetas abierto por la página del centro, con un dibujo de una persona atada de pies y manos con una manzana en la boca. Fue entonces cuando empecé a tener miedo de verdad. Ya no pensaba que la vecina era una señora chiflada, ahora pensaba que era una bruja peligrosa.

    La puerta de la cocina cerrada, como ya había pensado, era de cristal, pensé en usar algo para romperlo. Pero para ganar tiempo tenía que cerrar la cocina. Al aproximarme al pasillo vi un gato negro entrando, era enorme y tenía cara de pocos amigos. Me bufó y se abalanzó sobre mí con fiereza.

    De los videojuegos conseguí reflejos de guepardo, conseguí esquivar al estúpido gato sin esfuerzo, que con el impulso entró en el horno de cabeza y yo cerré la puerta, dejando al felino cociendo dentro entre siniestros maullidos. 

     – ¡Niño maleducado!

    La señora se había dado cuenta de que me había escapado y ahora venía corriendo por el pasillo, cerré la puerta de golpe y tranqué calzando una silla. La vecina golpeaba la puerta con rabia, se escuchaba sus uñas, arañar la madera. Desesperado por escapar, tiré uno de los calderos a la puerta de salida, se rompió el cristal en mil pedazos, sin mucho cuidado logré salir de una pieza y sin heridas graves. Tras de mí, la señora, gritaba como una poseída. Pero no se atrevió a perseguirme mucho trecho fuera de su casa, por suerte.

     – Es por eso, Don Matías, por lo que no pude hacer ayer la tarea.

    Lori Meyers – Punk

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