Autor: DeOniros

  • Algunos dones enmascarados

    Sugerencia de escritura del día
    Enumera cinco cosas que se te den bien.

    Tengo algunos dones enmascarados en la manga, pero son de mentira, son estatuas de hielo al amanecer, que se derretirán con tus labios después, cuando acabe el invierno, tal vez.

    Entiendo de escuchar, tu voz sabe a melodías de recuerdos, a futuro olvidado de manos y a ciegas. Pero entiendo que oír no es más que prestar atención al atardecer de los hechos, que los has visto pasar y no los has captado.

    Me gusta narrar aventuras absurdas, de enredar soy maestro en papel arrugado, y aunque me sienta empírico en ciernes, me encanta pintar de azul el cielo y poner estrellas de más, por si alguna no me llega y tirarlas todas al aire, para que al remontar el vuelo, se alejen y me digan adiós mientras se alejan.

    Procuro ayudar sentado, encarando al objetivo y pretendiendo guiar mentes dispersas con largos pasos de poeta cansado, que de tanto que ha andado, ya no distingue un rostro cuando lo besa, y aun con esas me digo cuando lo cuento que tan solo estoy empezando, que hay mucho más esperando si estás atento.

    Se me da bien perderme en el aire mojado, esconderme en el rumor de las hojas secas, explorar castillos de arena y alojarme en el umbral de la noche. Observó a los búhos volando lento tras la caricia de amor, que con cola de ratón se escabulle tras contenedores llenos, y disfruto contándolo luego.

    Pero si he de decir que de algo soy maestro, que soy bien diestro en esta lucha, es de enamorarme perdidamente del reflejo de la luna y embelesado en su figura, conjurar un suspiro y concederle un sueño.

    Shireen – So Human of You

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  • Desembarco

    Sugerencia de escritura del día
    Cuéntanos cómo fue tu primer día en algo (en el colegio, en el trabajo, como padre o madre, etc.).

    Antes de entrar en la habitación, Antonio, con un hambre atroz, quiso pasar por el restaurante que, al ser demasiado temprano, estaba cerrado. Así que decidió salir a ver qué encontraba por la extensa avenida principal. El hotel estaba muy bien situado para alguien que no conocía el lugar.

    A pocos metros encontró un bar, que desentonaba mucho con el resto de la calle. Todos los edificios tenían un corte muy moderno y daba la sensación que al cruzar la puerta hubiera vuelto a su Granada natal. Se sentó en la barra, y pidió un refresco y algo de comer.

    El vaso era extraño, parecía una pirámide con una estrecha abertura por donde salía el líquido. En un gesto desesperado intentó beber, pero el líquido salía lentamente, con desgana. Desesperado, intentó agitar el recipiente, separándolo un poco de la boca. El fluido fue saliendo y se quedó agolpado en su cara, haciendo una burbuja pegada a la nariz y la boca, haciéndole imposible respirar.

    El camarero, que estaba atento, agarró un trapo y se lo plantó en la cara. Estaba hecho de un material muy absorbente, consiguiendo atrapar muy bien el líquido. Antonio hizo una respiración profunda y miró al camarero con cara de agradecimiento.

     – Es la primera vez que visita el planeta, ¿verdad?

     – Sí, este es mi primer día en tierra. Sabía de la poca gravedad que hay aquí, pero me cuesta mucho hacerme una idea de que, algo tan cotidiano como beber, sea tan complicado.

     – Te explico, ¿ves que en el vaso, abajo del todo, hay una válvula? 

     – Sí.

     – Al apretar, el líquido sube lentamente, al soltar, baja. Es la mejor manera de no pelearse con un refresco flotante.

     – Ni me imagino entonces cómo tomar una ducha.

     – Vapor frío a presión, que con el calor se agradece. No sé cómo no os preparan para eso en la nave.

     – Se ve que variar la gravedad artificial es complicado. Te explican sobre el peso de la ropa y las suelas magnéticas, pero poco más.

     – Pues hay todo un manual para poder pasar una temporada por aquí, amigo.

    Antonio tardó un poco en aprender a usar el artilugio para la bebida. Con el bocadillo no hubo tanto problema, dio buena cuenta de él al momento. Tenía un sabor exótico, pero tradicional a la vez, aunque de primeras no se vio con fuerzas para aprender sobre la materia de la que estaba hecho. Había que reconocer que estaba bueno y eso le bastaba. Pensativo, Antonio se dio cuenta de que había algo más que hacer.

     – Por favor, ¿me puede decir donde está el baño?

    El camarero le miró con una discreta sonrisa y le respondió.

     – Me temo que estás de camino a tu siguiente aventura.

    Lord of the Lost – Raining Stars

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  • Turbio sueño escrito de madrugada

    A media mañana, con el café en mano y el bocadillo a medio engullir, me di cuenta de que algo habitaba en mi cabeza: un murmullo sordo recorría mi mente enturbiando mi paz. Asustado, en el sucio espejo del pequeño baño de la cafetería, quise mirar al interior de mis ojos, a ver qué encontraba. 

    Examiné mi mente con un palito de helado, encontrando manchas oscuras, como de carbón incrustado, quise limpiarla con el brillo del recuerdo de un amor de verano, que pasó hace ya tiempo, pero quedaba emborronado y empeoraba sin remedio.

    Miré en el cajón donde guardo las ideas, separé las más locas de las más viejas, vigilé las arriesgadas y puse a lavar las desesperadas, pues eran las más manchadas. Busqué tras el inconsciente algún pensamiento sucio, ordené los recuerdos por colores y verifiqué los barrotes donde encierro las emociones, encontrando tizne en algunas, en otras solo miedo seco.

    Pasando por el hipotálamo, lo encontré acariciando a mi capacidad de deseo, que pasó del rojo al negro y se escondió llorando. Era una mancha de tinta de calamar huyendo, un garabato emborronado de un niño travieso que, perdido buscando y encontrándose solo, buscaba una sonrisa sincera, una palabra de ánimo o el rostro de un amigo.

    Armado con un patito de goma, un guante amarillo chillón y la espuma de un jabón de orejas largas, lo llevé regañado a la ducha de ideas, a ver si tras una meticulosa limpieza pudiera aclararlo un poco. Usé para desengrasar un recuerdo lejano, del olor de colonia fresca que dejaban en mi pelo, y sequé con mucho esmero usando el sol de agosto, aquel del verano en la playa donde me perdí en tus labios.

    Tras las capas de mugre y suciedad concentrada, en color azul turquesa y verde esperanza, oculto entre la necesidad de libertad y el deseo de ser amado, empujado por el éxito en el trabajo y pisoteado por la cruda competencia apresadora de almas libres, detrás de una máscara de enfermedad amarilla se encontraba la necesidad de un merecido descanso.

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  • La primera vez

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué acontecimientos positivos han sucedido en tu vida durante el año pasado?

    Él abrió el archivo, en cuyo título rezaba “Su helada mirada”. El cursor parpadeaba impaciente sobre un lienzo blanco en la pantalla.

    Lorena se resguardaba del aire helado de la montaña…

    (No, no me gusta…)

    El cursor volvió sobre la línea, desintegrando la curva de las letras al pasar, quedó intermitente, esperando inquieto en el lugar de salida.

    El frío de la montaña provocaba que el pálido rostro de Lorena…

    (Qué va, horrible…)

    La pantalla tornó al blanco de nuevo, palpitando quedó el puntero ávido de palabras.

    Ella, helada de frío…   El frío hizo erizar… Una helada brisa formaba escarcha en el pelo de la dama…

    (Tendré que tomar otro enfoque, este no quiere salir.)

    El archivo fue renombrado, ahora su título lucía más cálido; Su ardiente mirada. El cursor, con su paso marcial, se impacientaba por vomitar caracteres a su avance.

    Su frente, brillante de calor, discutía con la brisa del mar, pero el danzar de sus caderas desafiaba a la arena ardiendo, en la que se hundían sus pies descalzos. Sorteando turistas y adolescentes, Lorena llegó a la orilla. Él, sorprendido por las curvas que dejaba entrever su transparente pareo, sonrió. 

    (Sí, ahora sí que me gusta.)

    Esta vez, el ritmo armónico del golpear de las teclas, consiguió la ansiada danza de palabras que, abandonadas al avance del alegre cursor, creó una armonía pausada y brillante que mantuvo el baile en alza hasta altas horas de la madrugada.   

    Muse – Follow me now

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  • Fantasear demasiado

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué actividad deberías dejar un poco de lado?

     – Oye, eh, ¿me escuchas?

     – ¿Yo?

     – Sí, ¿me escuchas?

     – Sí, ¿quién eres?

     – Yo, sí, aquí.

     – Te escucho muy bajo. ¿Quién eres?

     – ¡Aquí abajo, coño!

     – ¿Eres la cucaracha?

     – ¿Quién si no?

     – No puede ser, ¿me estoy volviendo loco?

     – ¡Que no, que no!

     – Yo pensaba que no podíais hablar.

     – Pues ya ves.

     – Y ¿qué quieres de mí? ¿Quieres que lleve algún mensaje a la humanidad?

     – No, no es eso, algo mas sencillo.

     – No te preocupes, no te voy a pisar.

     – Lo sé, creo que eres buena gente.

     – ¿Ah, sí? ¿Cómo lo sabes?

     – Pues me fijé en ti cuando andas por aquí.

     – ¿Me andas persiguiendo?

     – Hombre, no soy tan psicópata, pero…

     – ¿Pero?

     – La verdad es que sí, ¿y sabes…?

     – ¿Qué?

     – Me da vergüenza.

     – ¡Ando, dilo!

     – Creo que me gustas.

     – ¿QUÉ?

     – Y mucho.

     – ¡Uf! A ver cómo te digo yo esto…

     – Oye, Carlos, te llamo luego. Me escondí en el baño de los chicos en la oficina para llamarte, pero hay un tío raro hablando con una cucaracha que me está dando miedo.

    Amatria – Chinches

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  • El olvido.

    Sugerencia de escritura del día
    Dinos una cosa que cambiarías de ti si pudieras.

    Hay veces que tengo la suerte de aburrirme, entonces cierro los ojos y miro hacia dentro, en busca de restos de imaginación pegados en las cuencas de mi mirada o retazos de canciones sordas, lanzadas al mar una tarde de sal de playa y lluvia en agosto. Casi siempre vuelvo con una sonrisa disimulada o una lágrima que compartir con la cama. Todo es mejor que dejarse aburrir sin hacer nada

    Aquella vez, de tan profundo que llegué, caí en el hipotálamo, confundido, sin saber cómo regresar a mi yo consciente, seguí una vieja marca de tinta de bolígrafo azul, de textura vieja y agrietada, que en forma de garabato, me fue acercando a los ganglios basales, donde el color se disipaba de recuerdos. Pintados con crayón, dibujaban figuras de risas y carreras en el parque, de animales aullando a la primavera, queriéndome eterno hasta que me muera. 

    Lo encontré ahí, sentado, agarrado a sus piernas. Lo conocía bien, aunque no sabía quién era, esa persona sin cara y con sombrero que, por querer ser mi amigo, se hizo etéreo. “Cuánto has crecido”, me dijo triste, “¿Sigues asustado?”, me dijo serio, “Te veo estupendo”, dijo sonriendo. Entonces le recordé salir de la sombra de un misterio, abrazarme al recuperar el aliento, hace tanto tiempo… Que el olvido me visitó enterrando su aspecto. 

    Tomamos café como hacen los mayores, contándonos historias de citas y de flores, del fracasar caminando y sobre aprender errando. Le hablé del pasado, de lo que no había alcanzado, de tu luz que es mi vida, de lo que gané prodigando, de mis instantes eternos, de la efímera dama donde se esconden mis sueños. Brindamos por el futuro y rezamos por que sea verdadero.

    Me tomó de la mano suavemente, como antaño, cuando estaba más cerca del suelo y él a mi lado, y recorrió conmigo el laberinto de mi mente, que ahora era diferente, y me entregó en la entrada de los párpados cerrados.

     – ¿Vas a quedarte conmigo?

     – Siempre.

     – ¿Eres real?

     – Tanto como lo eres tú.

    Así nos despedimos, con la promesa inventada de algo que jugaba a ser real y desapareció de mi memoria, como las letras de una pizarra borrada, entre tizas blancas de letras curvas y signos de sumar.

    Sexy Sadie y Big Toxic – SR. Nadie

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  • Atardecer en el parque

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Cuáles son tus dos prendas favoritas?

    (Ahí viene, ¡qué bonita es! ¡Qué figura! No puedo dejar de mirarla.)

    (Míralo, ahí está, sentado en el banco de siempre, con sus ojos clavados en mí.)

    (Si es que parece que flota en el aire, no puede ser más guapa…)

    (La verdad es que no está mal, tiene esa sonrisa inocente que le da ternura. Pero, ¿qué hace ahí siempre…?)

    (… Y elegantemente sexy, me encanta cuando se pone esa falda corta, y esa chaqueta de cuero… Es que me pierdo…)

    (¿… No será un chalado, de esos que persiguen a las chicas en los parques? No, no tiene pintas. ¿Qué querrá con tanto mirar?)

    (¿Me está mirando? ¿Eso es una sonrisa? ¿Me está sonriendo? ¡Joder! No sé qué decirle.)

    (Quizás no estaría mal conocerlo un poco mejor ¿Y si le saludo?)

     – Hola.

     – Hola.

    (¡Qué capullo que soy! Me he quedado en blanco, ¡joder!)

    (¿Qué ha pasado? Ha agachado la cabeza, ¿es tímido o pasa de mí?)

    (Mañana la estoy esperando aquí con algo preparado, ¿Un poema? No, muy cursi… ¿Algo que suene a chiste?)

    (La verdad es que no está nada mal, es guapo, me encantan los chicos tímidos, pero este va a tener que espabilar.)

    (Mírala, con ese baile que tiene al andar, tiene un culo perfecto.)

    (¡Eh! ¿Me está mirando el culo? ¡Qué pervertido! Mañana pasaré por aquí, pero un poco menos discreta, a ver si se atreve.)

    Love of Lesbian – Cuando nadie me ve

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  • Sinriu

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Alguna vez has visto animales en su hábitat natural?

    Estaba ella sentada en una nube rosa, de esas tan esponjosas que se forman al ocaso, cuando el cielo limpio de verano la marca con los últimos rayos de sol. Llevaba un biquini a rayas, pamela ancha del mismo color de la nube y su caña de pescar, hecha de bambú, de hilos de escarcha como nailon y de anzuelo un ramo de pensamientos silvestres, ideal para pescar sueños húmedos a finales de junio.

    A lo lejos lo vio pasar, cautivando el horizonte con su baile y destruyendo cúmulos a su paso. En su cadencia imposible brillaban sus escamas perladas, de un azul pálido de escarcha helada, que contrastaba con el abrasador violeta, fuego de su mirada. Largo como un día sin noche, volátil como diente de león, el sinriu andaba aproximándose veloz cuando ella soltó la caña y sin pensarlo saltó al vacío.

    Resbalando por las escamas de la enorme criatura, ella fue a parar a uno de los cuernos de ciervo que le asomaban en la cabeza al sinriu, agarrándose fuerte para no caer. Fue entonces cuando reparó en la existencia de ella.

     – ¿Qué haces en mi cabeza humana? ¿Qué quieres de mí?

     – Quiero que me concedas mi deseo.

     – ¿Quién te ha dicho que puedo conceder deseos?

     – Es lo que cuenta la leyenda.

     – ¿Quién te ha dicho que la leyenda sea cierta?

     – ¿Me vas a conceder mi deseo?

     – Para poder usar mi magia tienes que atraparme.

     – Ya lo he hecho, te tengo atrapado.

     – Más bien, te tengo atrapada yo a ti ¿Qué es lo que quieres? ¿Riquezas? ¿Amor?

     – Quiero volar. Así, como tú lo haces.

     – ¿Cómo es posible que hayas llegado hasta aquí, pero no puedas volar?

     – Pues no, no puedo.

     – Humana, solo tienes que quererlo hacer.

     – Ya quiero, no puedo.

     – Para poder volar solo tienes que darte cuenta de que en realidad estás soñando.

    Incubus – Aquerous Transmission

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  • Raw

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué piensas sobre el consumo de carne?

    Desgarrando el último jirón de piel que estaba pegada al hueso, pensé: “no lo volveré a hacer más”

    The Smashing Pumpkins – Thirty-Three

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  • Espejo de luna llena.

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Eres de día o de noche?

    Demasiada luz, a pesar de cubrir su fría mirada con una lente redonda nivel cuatro, seguía siendo demasiada luz, tanta que esperaba a la maravillosa puesta de sol para salir a respirar. Cuando la línea de la sombra iba ganando terreno, caminaba tras ella, desafiando al sol agonizante,  paso a paso, hasta que el ocaso devorara su último destello.

    Se asomó al acantilado en busca del reflejo de la luna, llenó sus pulmones plenos con la sal del océano y gritó fuerte, muy fuerte, hasta que las pardelas le contestaron y volaron a su alrededor, con su gutural canto en tono de saludo. Al filo de la roca dejó caer su vestido negro y se lanzó al mar.

    Dejó un rastro de espuma tras sus pies, penetró en la profundidad, deslizándose hasta el fondo, arremolinando la arena al pasar veloz y volvió a la superficie a respirar. Se encontró rodeada de figuras luminiscentes, girando sin parar, empujándola hacia la orilla al vals de las olas.

    Impregnada de efervescencia salió del mar, resbalando salitre por las caderas, marcó sus huellas sobre la oscura arena escupida por el volcán y caminó. Sintió el viento secando su melena, desafío en duelo a la oscuridad y corrió, a través de las piedras, sorteando las plantas que crecían cuando ya se quedaba la costa sin marea y, en la sombra de los árboles, se deshizo en el bosque.

    Acechó en silencio, en pasos lentos, como los últimos minutos de un condenado, danzando con respiración agitada, en equilibrio veloz, hasta un último salto hacia su presa, que chilló y luchó por su vida con garras y dientes. En el lago del claro del bosque ofreció su presa al reflejo de la luna, desgarró su carne y la devoró con ansias. 

    Una vez saciada, entró en el azul y frío lago para limpiar su cuerpo de sangre y su alma de maldad, dejando que la cascada meciese su cabello y adormeciera su mente, allí, saliendo de la orilla, en la ruidosa penumbra, las criaturas del lugar dejaron de temerla y salieron a saludar. Corrieron alrededor con ojos brillantes, ardiendo en fuegos fatuos de fluorescencia química y alada, vibrando en violines de cuerdas vocales y percutiendo árboles, chocando las cimas con las ramas al viento.

    Demasiada luz vendrá, a destruir la paz de la noche, mientras los párpados caen con el brillo de un sol que hace sangrar las nubes y graznar a las gaviotas con su calor. Ahora vuelve a su hogar, tras sus gafas de sol, cansada de tanta luz, mientras el astro rey crece, alimentándose de las sombras que ella deja al pasar.

    Kim Dracula – My Confession

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