Autor: DeOniros

  • La princesa de la coraza oscura

    La princesa de la coraza oscura

    Esa tarde la volví a ver.
    Pequeña princesa despojada de casta, de los silencios entre notas y de la oscura desdicha.
    Liberándonos del germen en su oculta morada.
    Herida de muerte por el poder de mi raza.
    Pero vivirá para siempre, aunque le quieras dar caza.

    Me asusté al verla, sin sus tinieblas, bajo la luz fría de los cables de trenza.
    Agonizaba un sortilegio de terrorífica presencia.
    Y supe de su miedo en sus alas de hada.

    —Te propongo un pacto: yo pasaré y tú no te moverás —cantaba mi hechizo—. De esa forma tú vivirás.

    Pasé al lado de esa forma esquiva, de coraza negra.
    Bendije las paredes para que corriera.
    Y, para cumplir mi promesa, me despedí de mi princesa de antenas negras.

    Nox Arcana – Fairy Tale

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  • Estudio preliminar sobre visitantes improbables

    Estudio preliminar sobre visitantes improbables

    —No lo entiendo, por más vueltas que le doy no lo entiendo.

    —¿De qué se trata? ¿Es por el trabajo de fin de estudios?

    —¿Qué va a ser si no?

    —Te dije que eran complicados.

    —Bueno, tanto como otras especies. Algunas son más complejas a nivel orgánico.

    —Sí, pero luego tienen una sociedad simple y ordenada.

    —En este caso, su sociedad es compleja, pero sigue patrones lógicos. Profundizando, se comprenden bastante bien la mayoría de aspectos de su civilización.

    —Bueno, entonces ¿dónde está el problema?

    —En sus conductas reproductivas.

    —No comprendo. Biológicamente está claro, ¿no?

    —Sí, sí, entiendo el funcionamiento hormonal, los receptores de estímulos, las funciones cognitivas. Hay otros aspectos…

    —No entiendo.

    —El ritual de apareamiento. No lo entiendo.

    —Explíquese.

    —Vamos a ver. Todas las especies conocidas, por muy diferentes que sean, tienen una forma de proceder. Siempre encaminada a que ambos elijan al mejor candidato para su reproducción.

    —Sí, entiendo.

    —Por ejemplo: los raelianos entonan sus salmos y conversan sobre sus progresos. Los reptilianos combaten entre ellos, machos y hembras, y sólo se aparean los más fuertes. Los arcturianos hacen una especie de reunión donde cada uno aporta sus dones y culminan con una orgía controlada. Los insectoides son seleccionados por la reina, la única hembra que se aparea.

    —Claro, cada especie tiene su manera de reproducción y sus aspectos sociales también influyen. ¿Qué pasa con los humanos?

    —Cuando empezamos a estudiarlos, su sociedad era más sencilla. En sus núcleos urbanos hacían eventos sociales llamados “fiestas”, y solían tener una deidad religiosa como anfitriona. Los machos bebían brebajes exóticos que les daban valor para interactuar con las hembras. Las hembras también bebían, pero para soportar el acoso de los machos. Ambos se ornamentaban para parecer más atractivos. Los machos peleaban físicamente con otros machos. Las hembras peleaban verbalmente con otras hembras. Al final de la noche, los menos afectados por la bebida y los enfrentamientos lograban realizar la cópula.

    —Sí, bueno, tiene su complicación, pero no es diferente al de otras especies.

    —Lo que me confunde es que ahora los humanos han creado una segunda sociedad en la que no están presentes físicamente. Eso les permite un mejor contacto a distancia, intercambio entre culturas y resolver cuestiones que de otro modo tardarían mucho tiempo.

    —Un claro ejemplo de evolución.

    —Sí, pero su ritual de apareamiento también ha migrado a esa vida paralela. Ahora se acicalan, se exhiben y se seducen a distancia.

    —¿Y el coito?

    —También.

    —¿Cómo que también?

    —Sí. Usan extensiones y aparatos para simular su sexo. Se exhiben usándolos. Incluso los comercian. El contacto real empieza a desaparecer.

    —Si esto persiste, pienso que se van a extinguir.

    —En unos cuarenta años, quizás.

    —Qué lástima, son muy monos.

    Kavinsky – Nightcall

    Apendice I: Guia rápida de alienígenas de confianza.

    1. Grises (Homo visitantibus cliché)

    • Procedencia supuesta: Zeta Reticuli (porque suena a serio).
    • Aspecto: Bajitos, cabezones, ojos enormes y negros como un lunes por la mañana.
    • Conducta típica: Abducciones, sondas sin pago previo.
    • Estado científico: Personajes secundarios recurrentes en toda ufología.

    2. Reptilianos (Saurius conspiratus)

    • Procedencia supuesta: Alfa Draconis o directamente el Senado.
    • Aspecto: Altos, escamosos, mirada fría y manos en tu cartera.
    • Conducta típica: Dominar gobiernos, disfrazarse de famosos y piratear el WiFi.
    • Estado científico: Comodín favorito de toda teoría conspirativa.

    3. Pleyadianos (Homo guapensis)

    • Procedencia supuesta: Constelación de las Pléyades.
    • Aspecto: Altos, rubios, guapos, modelos de instagram cósmico.
    • Conducta típica: Mandar mensajes de amor universal, la cena y las copas las pone el receptor.
    • Estado científico: Canalizados con entusiasmo en sesiones de incienso.

    4. Nórdicos (Vikingus galacticus)

    • Procedencia supuesta: Vega o algún Airbnb interestelar.
    • Aspecto: Idénticos a los pleyadianos, pero con cascos de pinchos, cuernos y chaquetas de cuero.
    • Conducta típica: Salvadores de la humanidad, aunque se pierden mucho en aeropuertos.
    • Estado científico: Variante estética de los pleyadianos.

    5. Arcturianos (Mentis azulensis)

    • Procedencia supuesta: Estrella Arcturus.
    • Aspecto: Azulados, sabios, con manuales de autoayuda interdimensional.
    • Conducta típica: Enseñar cómo ascender espiritualmente, cobrando un módico precio.
    • Estado científico: Estrella invitada en todo congreso new age.

    6. Annunaki (Deus capitalismus)

    • Procedencia supuesta: Nibiru, planeta perdido o inventado según la fuente.
    • Aspecto: Gigantes de estética sumeria, con joyas de oro falso muy llamativas.
    • Conducta típica: Crear humanos como esclavos, inventar las hipotecas y desaparecer misteriosamente.
    • Estado científico: Protagonistas de documentales de madrugada.

    7. Sirianos (Delfinus cósmicus)

    • Procedencia supuesta: Estrella Sirio.
    • Aspecto: Se representan como delfines, felinos o humanoides acuáticos.
    • Conducta típica: Mensajes sobre armonía, agua cristalina y a veces Atlantis.
    • Estado científico: Perfil bajo, pero con mucho simbolismo místico.

    8. Mantidianos (Insecta sapiens)

    • Procedencia supuesta: Nebulosas olvidadas.
    • Aspecto: Insectoides gigantes, como mantis religiosas con mal despertar.
    • Conducta típica: Supervisores de abducciones, observadores fríos y poco sociables. Adictos a las telenovelas.
    • Estado científico: El alien que no querrías encontrar en tu cocina.
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  • Carta 14: Recuerdos del pastel de sueños.

    Carta 14: Recuerdos del pastel de sueños.

    Querido diario:

    Entré con miedo, pero no había rastro de pesadillas. Esta noche sería para descansar, sin sombras oscuras que me atormentaran. Solo un acostumbrado paisaje de otoño en mi bosque de puertas, en la isla flotante. Lo previsto, nada más.

    Así que di media vuelta, simulé un bostezo y me dispuse a intentar una siesta dentro de mi propio sueño.

    Escuché un sonido y temí lo peor: una puerta abriéndose. Era verde, como su mirada; extraña, como la solidez del líquido evaporado. De esa forma se movían sus caderas: como si fueran lluvia y viento. Vino hacia mí con una sonrisa, como si mi cara de sorpresa fuese un poema romántico, de esos que escribía un tal Bécquer hace ya tiempo.

    —Hola. Quise llamar primero, pero veo que no cierras las puertas. Te gustan las sorpresas, pienso.
    —Hola, bienvenida a mi morada. Si son como tú, no necesitan aviso.
    —¿Has probado alguna vez pastel de sueños de otro? —preguntó, mientras me mostraba el paquete que llevaba en las manos.
    —No he tenido el placer. Me encantará probarlo —admití, mientras invocaba una mesita, dos sillas y hasta un juego de té con su tetera humeante.
    —Veo que ya has aprendido algunos trucos. Ahora prueba esto.

    La misteriosa mujer rasgó el paquete que traía. De su interior salió una impresionante tarta. Parecía de chocolate, y su tamaño triplicaba al de su envase. Ella sacó una daga de su vestido verde y cortó dos porciones.

    Era imposible describir el sabor. Me recordaba a los días de lluvia en casa de mi abuela. Al horno de la cocina de leña. A la sonrisa de mi prima, con la cara manchada, pidiendo más en la merienda. Sabía a casa y, a la vez, a palacio real.

    —No tengo palabras.
    —Pero sí tienes recuerdos. Es a lo que sabe la comida en estos sitios. Lo que pasa es que el recuerdo de este pastel es mío. Aquí compartimos recuerdos… y la habilidad de imaginar.
    —¿Conoces a más gente como nosotros?
    —Claro que sí. Somos pocos los que logramos cruzar la frontera, pero quizás más de los que crees.
    —¿Y qué pasa con ellos?
    —Lo normal. Con algunos te llevarás bien, con otros no. A los últimos seguramente los evitarás, y listo. Con los que comulgues intentarás coincidir. Llegarás a llevarte muy bien con unos pocos, y esos se convertirán en parte de tu familia.
    —Como en la vida normal.
    —Sí, como estando despierto. Con algunas diferencias. Aquí hay otras reglas.
    —¿Cómo cuáles?
    —Ya las irás viendo. Ahora me tengo que ir. Hoy madrugo.
    —No te conozco, pero no me importaría coincidir otro día contigo.
    —¿De verdad no me conoces?
    —¿Nos conocemos en el mundo real?
    —No. Solo en el sueño. Nos vemos otra noche. Aunque si me necesitas, solo tienes que cruzar mi puerta. Quedará abierta para ti.

    Cocteau Twins – Lorelei

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  • Milagro y pico

    Milagro y pico

    Mario tenía la expresión triste de quien habla solo.
    Su desgastada ropa, fruto de batallas interminables, contaba historias de un camino con un final impreciso en la cúspide del destino. Sentado un martes por la mañana en un parque que, por no saber qué hacer, se le hacía grande, miró hacia el horizonte y suspiró.

    —¡Cuack!

    En el asiento de al lado subió un pato. Blanco, con plumas desordenadas, un pato más de los que nadan en el pequeño lago del parque, ajenos a quienes los miran curiosos desde la barrera. Este en especial parecía embravecerse con sus congéneres, a juzgar por las cicatrices de su pico. Se acercó a Mario con cuidado. Llevaba una bolsa coloreada en el pico que depositó justo al lado de su pierna.

    Sorprendido, el ocioso caballero miró a su alrededor. Los pajaritos cantaban, las lagartijas hacían carreras con los ratones, ni un alma humana cerca. Abrió curioso la bolsa y sonrió levemente.

    En el interior había un bocadillo cuidadosamente envuelto y una lata de gaseosa con sabor a limón. Miró al pato, y este lo miró con su rostro de ánade. Hambriento como estaba, Mario exclamó al cielo:

    —Gracias.

    —De nada —dijo el pato.

    —Gracias, Dios, por escuchar mis plegarias.

    —Dios escuchará sus plegarias, pero el bocadillo es cosa de nosotros, los patos del lago.

    —¿…De los patos? —dijo Mario, confuso.

    —Sí, los que vivimos en este parque.

    —¿Os ha enviado Dios?

    —No, no tiene que ver. Verás: desde pequeño nos alimentas. No hubo una sola tarde que, viniendo al parque, no compartieras tu bocadillo con nosotros. De adolescente nos invitabas a papas fritas, de esas de bolsa; las que saben a queso eran mis favoritas. Luego venías con tu novia y nos traías pan. Por último, le enseñaste a tu hijo a compartir el bocadillo, como lo hacías tú. Hoy te vimos especialmente hambriento, así que nos permitimos este detalle.

    —¿Cómo…?

    —La gente se empeña en creer que da suerte tirar monedas al agua. Nosotros no las necesitamos, así que usamos unas cuantas de esas monedas. Pedimos uno de jamón serrano, como los que te veíamos comer.

    —Pero… los patos no hablan…

    —Conocemos vuestro lenguaje, pero normalmente no tenemos nada que deciros.

    —Entiendo. Tengo alucinaciones, ¿no?

    —Probablemente, pero… ¿está bueno el bocadillo?

    —Divino.

    The Soft Boys – I Wanna Destroy You

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  • De vuelta

    De vuelta

    Hoy se abrirá un ciclo.
    Los astros se alinearán, terminará el sepelio.
    Se abrirán las puertas del nirvana, las almas se elevarán desde sus oscuros féretros.
    Habrá juicio, júbilo errante, canciones de inicio.
    Nos reencarnaremos en aquello que deseamos.

    La crucifixión quedará atrás.
    No habrá batallas, ni mentiras, ni duelo.
    Solo orden. Solo silencio.
    Un descanso roto en la felicidad de muchos.
    Un sol radiante en un ocaso pactado.

    Y yo… hoy llegaré tarde y cansado.

    Dead Can Dance – The Host of Seraphim

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  • Haiku enlatado para el fin de los tiempos.

    Haiku enlatado para el fin de los tiempos.

    Ichiko Aoba – Lullaby

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  • Recital de poesía para la cola del paro

    Recital de poesía para la cola del paro

    La cola era inmensa, una serpiente hambrienta, inquieta, intentando cazar su presa. Tanto trámite moderno por internet, y aún así, aquí estábamos: esperando. El cielo reflejado en gris me devolvía al mismo lugar de siempre, la cola del paro.

    —Perdona, ¿eres la última?
    —Pues sí. Ya lo ves. Ahora eres tú el que va detrás.
    —Eso parece.

    Venía bien distraerse con esos pantalones cortos y esa cara de descaro. Eran días malos y cualquier distracción servía. Tanto luchar por mantener un trabajo digno y, después de diez años, echarme por no cumplir no sé qué requisitos. En fin, mejor pensar en el futuro, aunque la crisis en ciernes y la falta de estudios no presagiaban suerte, sino malos augurios.

    —¿Ha cambiado mucho la cosa? Hace unos diez años que no venía por aquí.
    —No lo sé, mi caso es parecido.
    —Pues andamos apañados.
    —¿Diez años en la misma empresa?
    —Sí. Me echaron por no tener determinados estudios.
    —¿Qué hacías?
    —Trabajo de oficina: revisaba contratos, llamaba a clientes… algo así como secretario de un gestor. ¿Y tú?
    —Camarera, en un bar de copas. Me pillaron sisando el bote. Pero en realidad descubrí quién lo hacía: nuestro propio jefe.
    —Qué cabrón.
    —Y aún así, un cabrón intocable.
    —Me imagino. ¿Y cuánto tiempo llevabas?
    —Cinco o seis años. Aunque ya estaba buscando otro curro. Un restaurante te deja sin vida.
    —Ya, trabajo de actores y estudiantes.
    —¿Cómo?
    —Que se gana dinero, pero para toda la vida no sirve.
    —Nada, te ha salido una rima.
    —¿De verdad? Es que llevo un poeta dentro.
    —¿Ese es tu método para ligar?
    —¿Qué? No. En serio, me gusta la poesía. Pero no lo voy pregonando.
    —Pues ya que tenemos tiempo, recítame algo.
    —Pero soy muy malo recitando… además no me sé ninguno de memoria.
    —Venga ya, seguro que un poeta tiene recursos.
    —No, de verdad. Qué vergüenza.
    —Si me gusta, te invito a una cerveza.
    —Vale… intentaré improvisar algo.
    —Pero me tiene que gustar, ¿eh?
    —Ejem, a ver…

    “La cola era inmensa, una serpiente hambrienta, inquieta, intentando cazar su presa. Tanto trámite moderno por internet, y aún así, aquí estaba de nuevo, en la cola del paro. El cielo reflejado en gris me lo recordaba.”

    —Me gusta. Pero eso no es poesía.
    —Es prosa poética.
    —Sí, lo que tú digas. Pero te lo estás inventando.
    —De eso se trata: inventarme algo.
    —¿Para ganar una cerveza?
    —Para beber de tu risa.
    —De mi risa y de mi tiempo.
    —Ya que nos sobra… vivámoslo en el momento.
    —Pues nos queda una eternidad.
    —Vivirla contigo no suena mal.
    —Más que poeta pareces rapero.
    —Trabajo pendiente… si volvemos a vernos.

    —Vale, la cerveza te la has ganado. Aunque no sé si con tus rimas fáciles conseguirás trabajo.

    Carolina Durante – Perdona

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  • Azul apagado

    Azul apagado

    En la oscuridad de su hogar la esperaba, cabizbajo, temeroso. Quizás hoy ya no vendría, o quizá fuera la última noche. Guardaba la poca energía que le quedaba para recibirla. El sopor lo arrullaba en una duermevela que parecía la hibernación de su desdicha.

    Ese aura azul tocó a la puerta y lo despertó de inmediato. Ya la sentía cruzando la calle, subiendo las escaleras, dudando frente a la entrada. Cuando abrió, ella se abalanzó a sus brazos, buscando entregarse entera, refugiándose en el sabor de la almohada.

    No hubo saludos, flores ni cenas con velas: solo la desesperación de dos cuerpos devorando la espera. Terminaron en silencio. Ella, con el aura gris, cansada; él, sonriendo por dentro, con un destello azul en la mirada.

    —Jonas, ¿a dónde va lo nuestro?
    —No va, Sofía, simplemente fluye.
    —No sé por qué sigo viniendo.
    —Porque me deseas más allá de lo lógico.
    —Pero podríamos evolucionar, ser algo más que una visita de viernes.
    —Somos distintos. De otro modo no funcionaría.
    —Algún día encontraré a alguien y esto terminará.
    —Mientras tanto seguirás viniendo.
    —Sí, aunque empieza a ser peligroso.
    —No te lo niego.
    —Cuando salgo me siento vacía.
    —Y si nos viéramos todos los días te sentirías así siempre. Lo sabes.
    —Lo intuyo.
    —Es mejor esto.
    —Dime al menos que me quieres.
    —Te quiero. Te necesito más de lo que imaginas. Pero no te puedo dar más.
    —Me tengo que ir.
    —Lo sé. ¿El viernes?
    —Puede.

    Cerró la puerta dejando tras de sí su estela oscura. Hambre de cariño en cada paso, dispuesta a buscarlo afuera para entregárselo luego, cuando su aura vuelva a ser azul y el cielo brille oscuro.

    Lord Gordon – Love Like Ghosts

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  • Crónicas de primavera

    El suspiro se lo llevó todo. Una vida de sueños, un rincón donde resguardarse de la fatiga y del viento. También se fueron los nervios de esperarte. Y de tanto esperar, me casé con la ausencia.

    Resbalé sobre una lágrima y caí. Fui a parar al fondo de mi infierno, que de tanto verlo en fotos me resultó familiar. Seguí el rastro de amantes imaginarios que me aguardaban en la brisa de este mundo. Pero yo no quise quedarme: preferí conocer mundo.

    Escalé por las grietas de mis heridas que, de tan hondas, abrían salida. Al otro lado estaba el mar, y sin dudarlo comencé a nadar.

    Era de noche cuando llegué a la orilla. Entre la arena negra y el brillo del romper de las olas encontré a una sirena llorando, sola. Me senté a su lado, pero el miedo la devolvió al mar de su pasado. Seguí mi rumbo sin pensarlo. Mejor con los peces que con piernas de plástico.

    Subí el sendero, crucé el desfiladero, alcancé la cima primero. Y ahí estaba yo, sentado, mirando al cielo, con mi luna lejana alumbrando el firmamento.

    El eco me prometió luces de palmeras meciéndose sobre la vereda; me mostró el camino de regreso y me insistió en una vida nueva. Donde otros labios me esperan, al final de la primavera.

    The Black Angels – Young Men Dead

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  • Carta 13:  Sombras en los sueños

    Carta 13: Sombras en los sueños

    Querido diario:

    Mi sueño hoy estaba oscuro. Era un mal presagio. Las nubes emborronaban el horizonte, y el sol era apenas una minúscula estrella que alguna vez existió. Llovía en el jardín de las puertas, empapando los senderos que llevan hacia otras mentes durmientes.

    Una de esas puertas me era desconocida. El aire se respiraba entrecortado, oscureciendo el entorno. Algo enfermo habitaba allí, rezumando maldad y ganas de huir. Pero yo me negaba a renunciar a mi espacio secreto. Tendría que enfrentarme a ese destino.

    Abrí la tenebrosa puerta. Era la pesadilla de un demente: viento arrasando un lugar olvidado por las lágrimas, polvo en las aceras, herrumbre en las señales de tráfico. En ese lugar yo vestía cuero negro. Mi linterna se había convertido en un farol de mano, y la pistola de plástico, ahora, en una ballesta con flechas luminosas.

    Caminé por la carretera hasta encontrar un edificio en medio del vacío. Una casa muerta, enorme y deforme, no una torre que buscara el cielo. Escupía sombras por su puerta y de sus ventanas supuraba una sangre oscura, enferma.

    Me acerqué con cautela. Entrar no era mi idea, así que esperé. A ver si el mal que habitaba allí quería mostrar su rostro.

    Y lo hizo. De su interior emergió algo que una vez fue humano, mirándome con ojos infectados de penumbra.

    —Has entrado en el sueño de un insano. Pronto estarás con nosotros.

    Dijo la horrenda criatura, acercándose lentamente. Disparé cerca, a sus pies. Sabía que el daño que le hiciera a la criatura también lo recibiría el dueño de esta pesadilla. El dardo rozó su pierna y se clavó en el suelo, incendiando la oscuridad con un destello.

    La criatura sonrió, inmóvil. Le afectaba la luz tanto como a nosotros el fuego.

    —¿Crees que eso nos va a detener? —respondió, avanzando cojeante, riendo.

    Hurgué en mi bolsillo. Era el momento. Allí no estaba la campanilla que me había entregado el extraño visitante, sino un teléfono viejo. Sonó de repente, con un timbre áspero y gastado.

    Contesté la llamada, asustado por la cercanía del ser oscuro.

    —¿Quién es?
    —Veo que por fin te has enfrentado a tu primera sombra. ¿Es muy grande? ¿Está sola?
    —Es poco más alta que un hombre, pero salió de una casa viva, que destila oscuridad.
    —Esa es su guarida, la puerta por la que ha entrado. ¿Tienes algo que ilumine?
    —Sí.
    —Bien. Si no es muy grande, temerá la luz. Hazla retroceder, que vuelva a su refugio. Luego ingeníatelas para quemarla. Si la sombra te toca, estarás perdido. No dejes que ocurra.

    Reaccioné rápido. Dos disparos frente a sus pies hicieron que retrocediera. Disparé entre sus piernas, varias veces, hasta levantar un muro de luz. La criatura avanzaba a trompicones hacia atrás.

    Mi gatillo se hizo ligero. Dos flechas más ocuparon el lugar donde ella había estado, y la sombra terminó por retirarse. Ya cerca de la casa, fue arrancada del cuerpo que poseía: una espesa criatura de humo negro, atravesada por mis dardos, fue engullida por la mansión tenebrosa.

    El cuerpo quedó desplomado en el suelo. Corrí a socorrerlo. Antes, estampé mi farol en la puerta del edificio, que ardió al instante. El hombre, recobrando su forma humana, abrió los ojos con miedo. Fue entonces cuando comprendí que estaba despertando.

    Corrí hacia la puerta de mis sueños. Crucé sin aliento. Desperté sudando, en un instante.

    Murcof – Cosmos II

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