Autor: DeOniros

  • Viaje astral

    Viaje astral

    Ahí estaba ella: pálida, inmóvil, objeto dormido en el tiempo, esperando vida bajo un corazón que aún latía.

    Nadie nos prepara para esto. Pero es el único modo.

    Todo comienza con un disparo sin materia. La máquina arranca la mente de su envoltura carnal y la lanza al espacio. La canaliza por densos conductos invisibles, arrastrándola hacia su destino, lejos, cruzando el infinito.

    Arrastrarás el frío inmenso hacia el nuevo cuerpo que yace ignorando su destino. Y palpitarás con su sangre, llenándolo todo. Penetrando por la médula espinal hasta el cerebro. Allí se encenderá la noción del tiempo, y cortarás el vínculo antiguo que terminará pereciendo.

    Te sentirás viva de nuevo.
    Pero también habrás muerto.


    Proyecto Astral – Protocolo Nº 17

    Nivel de acceso: restringido. Difusión no autorizada.

    Objetivo:
    Desacoplar la conciencia de su huésped biológico y transferirla a un recipiente alternativo.

    Procedimiento:

    1. Estimulación neuroeléctrica inicial (0,7 segundos).
    2. Separación mente/materia: fase de vacío inducido.
    3. Canalización a través de túneles de tránsito cognitivo.
    4. Inserción en huésped secundario (preferible estado de inconsciencia).
    5. Corte definitivo del vínculo original: el cuerpo inicial deja de sostener la identidad.

    Efectos esperados:

    • Sensación de muerte parcial.
    • Reconexión gradual de noción temporal.
    • Activación autónoma del nuevo organismo.

    Efectos colaterales registrados:

    • Pérdida de memoria episódica.
    • Disociación emocional persistente.
    • Ansiedad existencial recurrente.

    Nota del operador:
    “Se confirma la dualidad: para que uno viva, otro debe morir. La máquina no crea, sólo transfiere.”

    Jon Hopkins – Emerald Rush

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  • Carta 18: Vestido verde con vuelo de estrellas

    Carta 18: Vestido verde con vuelo de estrellas

    Querido diario:
    Me pierdo en su mirada sin poder evitarlo. No sé por qué. No sé si es esa parte del sueño que escapa a mi control. Solo sé que es algo que necesito: estar a su lado.

    La veo venir con su vestido verde, cercana, sonriendo. Me trae mundos de colores, donde luchar con las sombras es imposible y rendirse no cabe. Me enseña a saltar entre nubes y a llover con ellas. En la calma, nos tumbamos en ellas. Conoce el nombre de las estrellas, aunque sean imaginadas. Aunque yo no vea más allá de sus labios al pronunciarlas.

    A veces todo parece extraño. Pienso en esta realidad como fragmentos desconocidos. No distingo lo real de lo fingido. No sé qué es mío y qué es suyo. Si el disfraz que lleva es mi invento o tan real como puede ser un sueño. Y ahí está, delante de mí, con su eterno cuerpo de hada. Quiero dejar de mirarla, pero no puedo.

    Sin darme cuenta, comienzo a hablarle en voz alta:

    —Estás muy raro hoy, ¿qué te pasa?
    —Estaba pensando si esto es real.
    —¿Real? ¿Qué quieres que sea real? Son sueños, y los sueños están vivos. A nosotros se nos ha dado el don de recorrerlos.
    —¿Pero nosotros seremos reales en el mundo despierto?
    —¿Nosotros? ¿Nuestro equipo? ¿Nuestra amistad?
    —Sí, lo que sea que tengamos.
    —No sé muy bien a dónde vas. Pero si te refieres a conocerme fuera del sueño, te diré algo… Es complicado.
    —¿Por qué?
    —A ver, aquí somos una cosa y en el mundo despierto somos otra. No es mentira lo que pasa aquí, simplemente es otra realidad.
    —¿Y cuál es tu realidad despierta?
    —¿Quieres saber de mí entonces?
    —Sí.
    —Vale. Pero vas a conocer a alguien que no es la que estás viendo ahora.
    —¿Te comportas distinto cuando estás despierta?
    —No… bueno, sí. Somos distintos, más capaces…
    —Sí, podemos ser más aventureros, sin tantos límites, pero también hay cosas interesantes, ¿no?
    —Bueno, es nuestra otra vida. ¿Qué quieres saber?
    —Nunca me he aclarado mucho si la distancia tiene que ver con el sueño. Yo vivo en Elche. ¿De dónde eres tú?
    —¿Elche?
    —Sí, cerca de Alicante.
    —¿Alicante?
    —Sí, España.
    —Conozco Barcelona, fui una vez en viaje de estudios.
    —¿De dónde eres, entonces?
    —De Bekkestua, muy cerca de Oslo.
    —Pues hablas muy bien mi idioma.
    —A duras penas: “Hola” y “Guapo”.
    —Entonces, ¿por qué te entiendo tan bien?
    —Porque en el sueño el idioma es otro, y siempre sabemos hablarlo.

    Beach House – Space Song

    Todas las estrellas unidas en una figura:

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  • Melodía enraizada.

    Melodía enraizada.

    No hacía falta estar dormido.
    En la quietud, en el silencio, volvían a enturbiar su mente.
    Las pesadillas lo habitaban: manos ensangrentadas al compás de un cronómetro, el filo brillando sobre la piel del inocente. Una fuga imposible bajo un sendero retorcido.

    Caminaba sin descanso, hora tras hora, invocando a sus demonios sin quererlo.
    Ya se lo habían advertido: es largo el sendero cuando la mente enferma.
    Solo quedaba coronar la cima y hallar allí su descanso.

    —No será suicidio, será expiación —le había dicho la bruja—.
    Si dentro de ti hay fantasmas, tendrás que expulsarlos. Si no puedes, vivirán en ti.

    Ella solo quería ayudar, a su manera. Le ofreció el olvido; él se negó. Le pidió un milagro, y ella respondió: todo tiene un precio. Quería morir, y le dio lo más parecido.

    La colina se alzaba como frontera.
    Ella lo observaba desde la distancia, mientras él elegía el lugar del cambio.
    Sacó de su estuche de trapo una semilla —no mayor que una almendra— y se la tragó sin dudar.

    El cielo se cerró. Las nubes lloraron.

    La metamorfosis comenzó entre espasmos y crujidos. Huesos que se rearmaban, piel que se endurecía, ramas que brotaban de un cuerpo rendido.

    Los fantasmas regresaron con un último golpe de sangre y culpa, recordándole su error humano, su error mortal al filo del monitor cardiaco. Dudó un instante, pero la voz de la bruja volvió en su memoria:

    …te hará libre.

    Abrió los brazos y dejó de resistirse.
    En su último aliento, sus pulmones se transformaron en tronco, ramas y raíces que buscaron la tierra con avidez.

    Entonces comenzó su canto.

    Un himno de hojas, corteza y viento.

    La tierra le respondió al momento.

    Y de algún modo —oscuro, silencioso, secreto— lo perdonó.

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  • Del Nokia al “papito”: Crónica de una evolución tecnologica.

    Del Nokia al “papito”: Crónica de una evolución tecnologica.

    Suena el timbre del establecimiento. Un señor con cara de despistado se asoma al mostrador. Una jovencita risueña acude a atenderlo.

    —Buenos días, señor. ¿Qué puedo hacer por usted?
    —Hola, jovencita, tengo un problema con este móvil.
    —¡Hala, señor, qué teléfono más vie… esto… tan de época! ¿Lo trae a arreglar porque le tiene cariño? Normal, llevará con usted toda la vida.
    —No, el teléfono está perfecto. El problema está con la pantalla.
    —¿La pantalla? Pero si está entera y reluciente…
    —Sí, hija, pero resulta que se me apaga en nada. Estoy leyendo un mensaje y, a la que pestañeo, se apaga. Tengo que estar todo el rato dedo arriba, dedo abajo.
    —Anda, como la Lore… esto… Bueno, eso creo que se puede regular.
    —Lo peor es que, además, para devolver el mensaje, no me caben los dedos…
    —Eso le digo yo a mi novio. Es que también escribe raro. Pone: “vccaroñlo tre voy a ponbnwer mirewtso a Ciuyenca está nocjhgfgf”. Menos mal que yo ya le entiendo.
    —¿No hay manera de poner letras más grandes?
    —Ufff, en ese móvil no lo creo. Si ponemos las letras al doble de tamaño, se le acaba la memoria fijo. ¿Ha pensado en cambiar de móvil? Mi novio se compró uno y, bueno… lo dejé. No aguantaba leer sus WhatsApp, se volvieron muy sosos.
    —Pero mi móvil funciona bien.
    —Fíjese en este… es divino de la muerte. ¿Ve qué pedazo de pantalla? Ahí le cabe hasta la… el dedo gordo, el dedo gordo.
    —Muy bonito… pero…
    —Además, se asoma y él se enciende solo.
    —¿Y no se apaga?
    —No, hasta que deje de mirar la pantalla. Cuidado con lo que mire, abuelete, que se queda sin batería.
    —Ya, bueno, pero al escribir pasará igual.
    —Bueno, este precisamente tiene integrada una IA.
    —¿Ia? Suena a rebuzno.
    —No, burra, no es. Un poco zorra, sí. Escuché su voz. Diga: “Hola, Sognia”.
    —Hola, Sonnia.
    —“¿Qué hay, mashote? ¿En qué te puedo ayudar, papito?”
    —Adelante, pídale algo. Nada guarro, que luego tengo problemas yo en el curro.
    —“Las once y veinte, mi amol. ¿Quiere que se lo diga en inglés o que se lo susurre al oído?”
    —¡Uy!
    —Le ha gustado, ¿verdad? No, si es que la tía es la caña. ¿Se lo envuelvo o se lo lleva puesto?
    —Pero, hija, ¿cuánto vale este aparato?
    —Na, 1400 euros, pero lo puede pagar cómodamente en diez años.
    —“Vamos, papito, llévame a casa.”

    Carolina Durante – Elige tu propia aventura

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  • La esfinge del Fary y el gurú felino

    La esfinge del Fary y el gurú felino

    “¿Me sonríe?”
    “¿Es a mí?”

    Ante la duda, forzó media sonrisa sin gracia. Víctima de su baja autoestima, Javier no supo hacerlo mejor. Ya sabía que era imposible que esa sonrisa fuera para él. Y así fue. Llegó un caballero andante a rescatar a la dama de la furiosa mirada lasciva del dragón.

    —Sigue así y mueres virgen.

    ¿De dónde venía esa voz? En el banco del parque donde pasaba sus penas no había nadie.

    —Estoy aquí, imbécil.

    De entre los setos salió un enorme gato, pardo como la noche que empezaba. Lo miraba fijamente, como esperando una explicación. Javier, asustado, estaba paralizado.

    —No te he comido la lengua. Háblame de una vez.

    —¡Eres un gato!

    —¡No! Soy un búfalo salvaje y vengo a rescatar el guerrero que hay en ti.

    —Pero hablas.

    —Sí. Tus plegarias han sido escuchadas. Voy a ayudarte.

    —¿A qué?

    —Coño, a ligar. Te veo todas las tardes mirando a las chicas pasar. Todas se asustan de ti, claro. Te ven friki y rarito. Y yo voy a cambiar eso.

    —¿Cómo vas a cambiar eso? Si no se fijan en mí es porque soy feo.

    —Ser feo es una parte del problema. Nada que no se pueda disimular un poco. Pero hay otras cosas más atractivas que la cara de uno.

    —Vale, te escucho.

    —Debo entrenarte. Mis honorarios son estos: libre disposición de entrada y salida a tu casa y comida a demanda.

    —¿Croquetas de esas de bolsa?

    —¿Me ves con cara de animal de granja? ¿Crees que este cuerpo felino lo alimenta el pienso? Quiero pescado fresco: salmón, atún, sardinas…

    —Me vas a salir caro.

    —Y tú seras un conquistador imparable. Estás a un mes de tu primera conquista. ¿Hay trato?

    —Sí, hay trato.

    —Pues vamos, no hay tiempo que perder. Desde hoy serás una persona nueva.

    —Sí, alguien que necesitará atención psiquiátrica por hablar con los gatos.

    —Calla y llévame a la pescadería, machote.

    La La Love You – El Fin del Mundo

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  • Manual práctico para dinosaurios antediluvianos sobre tribus urbanas modernas

    Manual práctico para dinosaurios antediluvianos sobre tribus urbanas modernas

    La indomita vida de un Cottagecore en territorio rural.

    – Hola amiguis, como veis, esto es el campo. Mirad qué lindo paisaje…

    – ¿Irene? ¿Ya estás otra vez con ese cacharro en la mano?

    – ¡Ya voy, ma! ¡Uy!, la llamada de la líder de la manada… seguimos en directo. Como veis, cruzando la cosecha de lechugas…

    – Sí, claro… como que tienes callos en esa mano. ¿No será del dedo gordo de tocar el móvil todo el día?

    – ¡Coño, má! ¡Me fastidias el directo! Vosotros ni caso, ¿veis? Alimentación natural, recién salida de la tierra.

    – ¡Irene, cuidado!

    – …La vida ideal de Cottagecore, outfit de trabajo…

    – ¡Irene…!

    – ¡Coño, ma! ¿Que no entiendes que estoy en Live-streaming?

    La jovencita cae estrepitosamente en una zanja recién excavada. Sale escupiendo tierra y sacudiéndose el cuerpo.

    – Irene, es la tercera vez este mes que te caes en una zanja. ¿Y el directo, eh?


    Glosario exprés para gente vetusta

    Broh (que a veces suelta Irene a su padre en otros capítulos) → De “bro” en inglés, hermano/colega.

    Cottagecore → Estética romántica que idealiza la vida rural: flores, huertos, encaje, té, libros y paz bucólica.

    Outfit → Conjunto de ropa que se lleva puesto, normalmente pensado para mostrar en redes.

    Live-streaming → Transmisión en directo por internet, ya sea en TikTok, Instagram, Twitch, etc.

    Amiguis → Forma tierna o irónica de llamar a los amigos en lenguaje juvenil.

    Manada → Aquí usado como metáfora de grupo de amigas, referencia frecuente en redes.

    Gorillaz – On Melancholy Hill

    Irene se gira a la cámara, sonríe con tierra en los dientes y lanza la pregunta final:

    – Bueno brohs, ¿vosotros entendéis las tribus modernas como la mía, o ya os habéis perdido entre zanjas y lechugas?

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  • Serenata nocturna

    Serenata nocturna

    “Esta noche, mirando al firmamento, la vi pasar.
    Su senda triste, su mirada entrecerrada, un brillo de espera en su delicadeza.
    La vi pasar a mi vera, y quise verla entera.”

    Dover – Serenade

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  • La última palabra

    La última palabra

    Episodio II: El sueño del huérfano

    Ocurrió en un callejón a últimos de marzo. Entre contenedores, una perra y sus tres cachorros se guarecían del viento.

    Él siempre tenía el mismo sueño: caminaba erguido, hablaba con palabras extrañas, tenía un hijo al que amaba. Al despertar, seguía siendo un cachorro famélico, pero aquel recuerdo lo llenaba de nostalgia.

    Pasaban los días entre juegos y hambre. Comían lo que encontraban en los cubos, y por las noches se acurrucaban unos contra otros. El frío era un enemigo más.

    Una madrugada la madre desapareció y no volvió. El hermano enfermó de tristeza y murió al poco. La hermana se fugó con un vagabundo. Él se quedó solo, esperando el verano.

    Hasta que lo vio. Un niño que pasaba cada tarde, con la sonrisa abierta. El cachorro, feliz, movía la cola y lo saludaba. El niño empezó a dejarle trozos de pan. Y al fin, una tarde, suplicó en casa:

    —Mamá, por favor, es tan bonito.
    —No, hijo, crecerá demasiado.


    —Te harás cargo tú de él.

    Quién podría negarle un perro a un huérfano.

    Y así el cachorro encontró un hogar. Así el sueño que lo visitaba cada noche se hizo realidad: el niño con el que soñaba se convirtió en familia.

    Explosions In The Sky – Your Hand In Mine

    En cada historia, un alma perdida —sea perro, niño o mendigo— revela que incluso en la penumbra de un callejón puede brotar un sueño.

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  • La última palabra

    La última palabra

    Episodio I – Sentencia en el callejón

    —¿Cómo ocurrió?
    —Pero usted ya lo sabe.
    —Sí, quiero escucharlo. A veces las palabras son otro tipo de verdad.
    —Bien, se lo explicaré.

    Llevábamos tiempo siguiéndolo. Salía de la joyería y siempre acababa tomando un atajo por el callejón. Allí lo esperábamos esa noche.

    Yo llevaba la navaja. Los otros, armas falsas: una pistola de juguete y un cuchillo de cocina. Él se percató de nuestra presencia y aceleró el paso. Yo lo llamé:
    —Eh, colega.

    No respondió. Caminaba cada vez más rápido. Por un momento pensé en abandonar, pero recordé mis deudas. Apreté el paso, lo alcancé y lo empujé. Me miró de frente:

    —No sé lo que pretendes. Soy un trabajador. No gano mucho y no voy a ceder ante matones.

    Trabajador, decía. El dueño de la joyería, explotador de los suyos, traficante de piezas robadas. Aquel miserable nos lo debía.

    Intenté arrebatarle la bolsa. Retrocedió y dijo:
    —Chaval, te estás equivocando.

    Los otros lo rodearon. Yo saqué la navaja. Entonces él abrió la chaqueta y vi el revólver. Mis compañeros huyeron al instante. Yo me quedé paralizado. Hice un movimiento torpe. Un gesto extraño bajo su americana negra. El disparo tronó.

    —Por eso estás aquí, ¿verdad?
    —Sí.
    —¿Tenías deudas?
    —Sí.
    —¿Y por eso atracaste a ese hombre?
    —Sí.

    —¿Qué deudas eran?
    —Debía dinero a quienes me trajeron del otro lado. Los que me hicieron cruzar el estrecho.

    —¿Cómo esperaban que las pagaras?
    —Al principio vendiendo baratijas y algo mas… a turistas. Después, me pusieron en la puerta de un colegio. No quise hacerlo.

    —¿Te obligaron?
    —No. Pero me dieron un plazo. Mi familia como aval. No quiero ni pensar qué les habrán hecho.

    —Has tenido una vida dura, pero tus actos te condenan. No irás al paraíso. Te propongo un pacto. Un pequeño castigo.
    —¿Cuál será?
    —Nacer de nuevo.

    Bohren & Der Club Of Gore – Prowler

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  • Carta 17: La casa del árbol y los nombres prohibidos

    Carta 17: La casa del árbol y los nombres prohibidos

    Querido diario:

    En esta ocasión el sueño me llevó a una gran casa árbol. Colgaba de un sauce llorón como una campana inmensa. En una de sus terrazas tomaban té de recuerdos. Mi amiga del traje verde, cuyo nombre aún no sabía, había quedado en presentarme a sus amigos.

    En ese mismo instante llegó un hombre alto, vestido de azul marino y armado con una gran lanza perlada. Su sombrero de ala ancha le tapaba los ojos. Nosotros hablábamos con una pareja, él y ella, idénticos como dos gotas cayendo al océano. Se hacían llamar Wilson, y narraban juntos sus hazañas en el mundo onírico.

    —Este es Don, es el más viejo de nosotros. Aprendimos de él, aunque no sea mucho de contarlo.

    Se sentó en una de las sillas de mimbre, invocó una taza con un gesto de la mano y se sirvió de la tetera de la que todos habíamos bebido.

    —¿Y estos dos son gemelos? ¿O en verdad son una sola persona? Debe de ser complicado sincronizarse para dormir.
    —Más difícil todavía: son pareja.
    —Pero… se parecen tanto…
    —No deja de ser un disfraz.
    —Es un homenaje a unos personajes de dibujos coreanos —dijo la Wilson mujer.
    —¿Podéis transformaros? ¿Rostro y cuerpo?
    —¿Tú no lo haces? —preguntó la anfitriona.
    —¿Yo? No sé hacerlo. Bueno… no se me había ocurrido…
    —¿De verdad? Interesante —observó Wilson mujer—. Estás muy bueno.

    Enseguida noté el rubor en mis mejillas. Wilson hombre miró de reojo a su pareja y soltó una carcajada nerviosa.

    —Me parece que ha llegado la invitada que faltaba.

    De una rama se descolgó, se balanceó en una pirueta imposible y cayó de pie. Katty, la chica gato. Vestía poco, casi nada. Si lograbas apartar la vista de su cuerpo, descubrías sus orejas felinas y sus garras negras. Sonrió y me dijo:

    —Prrrrrrr.
    —¿Nos conocemos, no?
    —No sé… creo que coincidimos alguna vez… en tus sueños.
    —Bueno, ya estamos todos —dijo mi amiga—. Ahora haré la presentación oficial. Este es… Bueno, tienes que ponerte un nombre.
    —Me puedo llamar Oniros.

    Todos protestaron. Ella me dijo, sonriendo:

    —Esos nombres están vetados. Además, ya hay un DeOniros por ahí, aunque no se entere de mucho: anda escribiendo historias absurdas de sus sueños. Y Morfeo no es un nombre de persona, es un sitio. Anda, sé original.
    —Debería llamarme Olvido.
    —Eso es de chicas —dijo Wilson hombre.
    —A mí me parece sexy —dijo Katty, la gata.
    —¿Por qué Olvido?
    —Cuando empecé a caminar en sueños, lo hice para olvidar mis pesadillas.
    —Buen nombre, entonces —me dijo, acariciándome con sus ojos verdes.
    —Ahora faltas tú. No sé tu nombre.
    —Ya te lo dije una vez.

    Fever Ray – When I Grow Up

    Todos los pasos del viaje quedan grabados en estas páginas.
    Aquí encontrarás cada carta, cada encuentro y cada sombra de la saga “Diarios de un soñador lúcido”

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