Autor: DeOniros

  • DarkHaiku: La sombra del tengu

    DarkHaiku: La sombra del tengu

    Oscura silueta,
    la sombra del cuervo cae —
    tu castigo es.

    No debí hacerlo. Tampoco conocía su precio. Despertar así ha sido castigo, pero también la revelación de un misterio.

    Perdido, buscando la antigua maldición de una historia, llegué hasta el fondo de un bosque espeso, donde la luz apenas tocaba el suelo. Entre matorrales muertos y un olor intenso a abandono, apareció el templo. Debió bastarme conocerlo desde fuera, pero la curiosidad me llevó a cometer este acto osado.

    Un nido de telarañas se enredaba entre los restos del mokoshi. La ruina, elevada sobre engawa astillada, rasgaba la tierra con cada paso. En su centro, un jardín descuidado: si alguna vez fue zen, ahora era misterio y silencio.

    Caminé entre los restos, soñando con tesoros ocultos. Solo hallé un secreto oscuro que me perseguía sin saberlo. Su sombra descendía desde el cielo, inevitable, mientras avanzaba ciego. Un susurro en la penumbra, una presencia delatada por un graznido.

    Ahí estaba él: katana en mano, alas negras desplegadas, y un alma oscura que traía mi castigo. La sangre se derramó en el suelo mientras entendía demasiado tarde la profanación que había cometido.

    Al despertar, me creí muerto. Pero no era cierto. Ahora era un cuervo más, custodio de aquel cementerio y guardián de los secretos que yo mismo he despertado.

    Luna Sea – Mother

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  • Carta 19: Primer contacto

    Carta 19: Primer contacto

    Querido diario:
    Esta puerta era distinta. Redonda, lisa, sin gozne ni manija. Y se abrió desde su centro, en espiral. Una puerta curiosa que conducía a un sueño también distinto.

    Para empezar, el paisaje. El aire era espeso y olía a minerales recién despiertos. Caminaba entre raíces que respiraban, bajo un cielo donde los colores se rozaban sin mezclarse: violeta profundo, verde líquido, ámbar encendido. De los troncos brotaban filamentos de luz, y cada paso hacía brillar el suelo, como si el planeta recordara mi presencia.

    Todo me observaba: las hojas que giraban, los insectos translúcidos, los ríos que cantaban nombres perdidos. En la distancia, un arco de piedra se alzaba sobre un lago que no reflejaba el cielo, sino otro más antiguo. Entonces supe que no estaba solo; bajo la piel del bosque, algo respiraba y me dejaba entrar.

    —Bienvenida tu especie, humano.

    Y ahí estaba ella: capas de piel de hojas formando un contorno femenino, que sonreía confiada, con una mirada sin esclerótica aparente. Era de una belleza inaudita, extraña y salvaje. Pero la sensación de paz junto a ella era innegable. Éramos amigos cósmicos, y lo habíamos sido desde antes de que existiera el cosmos. Era la distancia la que nos brindaba calma; no podía ser de otra forma.

    —Un placer conocerte, a ti y a tu… ¿mundo? ¿Es una invitación a conocerlo?
    —Sí, en la medida en que los sueños nos dejen.
    —Es un honor haber sido elegido para iniciar un primer contacto.
    —En verdad no es así. No eres el primero en conocernos.
    —¿Quieres decir que nosotros ya sabíamos de vuestra existencia?
    —Sí. Hace mucho tiempo, nuestras razas se comunicaban con naturalidad, a través de los sueños. Nuestras civilizaciones avanzaban juntas, compartiendo conocimientos, resolviendo los mismos dilemas. Hasta que un día nos separamos y dejamos de lado el enlace. No sé por qué.
    —Nuestra especie se ha vuelto demasiado… mundana.
    —O quizá la nuestra perdió el interés. No lo sé. Tenemos percepciones distintas. Es natural: somos distintos.
    —Pues me alegra que hayamos retomado el contacto. ¿Qué necesitáis de mí?
    —Hemos observado tus experiencias. Te hemos visto enfrentarte a esos espectros oscuros que también nos atemorizan a nosotros.
    —¿Habéis conocido a las sombras?
    —Sí. Hace poco comenzaron a infiltrarse también en nuestros sueños. Como ocurre en tu mundo, no todos somos capaces de controlar el sueño, ni mucho menos de saltar entre portales como hacemos unos pocos. A algunos les hacen daño, los someten.
    —No sé cuáles son sus intenciones, pero ya veo que están organizadas y planean algo.
    —Eso tememos. Nos asusta pensar que algo pueda atacarnos desde ese lugar.
    —¿Necesitáis ayuda?
    —Y vosotros también. Necesitamos estar unidos.
    —No soy nadie para hablar por toda la humanidad, pero por mi parte —y creo que también por la de mis amigos— estamos dispuestos a formar una alianza.
    —Nosotros también somos pocos los que podemos hacerles frente. Será un placer colaborar con vosotros.

    Esta mañana, al despertar, tenía el sabor salobre de un mundo distante en el paladar. No tan distinto al nuestro. Quizás solo en apariencia.
    Aun así, me queda el sentimiento de Magallanes al surcar los siete mares: la certeza de haber descubierto rutas secretas que solo estarán abiertas a unos pocos.

    Jóhann Jóhannsson – Flight From The City

    Todas las estrellas unidas en una figura:

    Diario de sueños

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  • El profeta del espinazo

    Desde la penumbra llegó y gritó:
    Hola… ejem… soy el terror fagocitador que viene del espacio exterior a exterminar, rasgar y segar la vida a quien me cruce…

    La circulación se detuvo un instante; los rostros mostraron preocupación. Algunos indignados, otros asustados. A muchos les pareció una broma de mal gusto, de esas que hacían en las radios.

    —…demonio de la sombra, acabaré con toda vida, arrastrando la corrupción de la carne y la aniquilación de la…

    —Oye, ¿quién es este tipo? —dijo ella, frenando de golpe.
    —No sé, algún pringao —contestó su compañera

    —. Pues parece que hay quien se asusta.

    La que caminaba delante, que había escuchado parte de la perorata, comentó:

    —Dicen que viene del estómago, que es un virus…
    —¿Un virus? Los virus no hablan; si viene de ahí debe ser una parietal desahuciada.
    —Que va. Dicen que viene de un pollo.
    —¿El individuo se ha comido un pollo?
    —Lo suele hacer y nunca ha pasado nada.

    —Y en la podredumbre resultante escupiré entre vuestros cadáveres, destruiré vuestros restos y cubriré de pústulas la…—

    —¿Por qué se paran todas? —preguntó la de atrás—. No dejan pasar, nos estamos coagulando.
    —Es que nadie quiere acercarse a ese chalao.
    —¿Dónde están los glóbulos blancos cuando se les necesita?
    —¡Vamos a morir, vamos a morir!
    —Que no, joder, solo es un pringao dando un discurso.

    —…arrancaré de las entrañas un maloliente fulgor que os llevará a perecer—

    —¡A ver, tú, documentación! —dijo una célula blanca, apareciendo severa.

    La circulación recuperó su latido habitual mientras se llevaban al extraño preso.

    —Oye, las de adelante, ¿os enterasteis de algo? ¿Quién era el chalao? ¿Un virus o una célula de pollo?
    —Que va. Era una neurona vieja con una sustancia pegada; se volvió loca.

    Nadie lo volvió a ver… aunque, curiosamente, desde aquel día, el gran organismo empezó a toser.

    Extremoduro – Me Estoy Quitando

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  • Carta de ajuste

    Carta de ajuste

    Esa noche oscura  no resistí al monstruo de debajo de la cama.
    Me amenazaba incansable: arañando cortinas, susurrando amenazas, haciéndome creer más pequeño, menos valiente, más prisionero de temores imaginarios.

    Pero me cansé de esperar el fin y quise ir a buscarlo.
    Cuando todos dormían, me apresuré a deslizarme desde mi habitación para caer en un salón oscuro lleno de miedo.
    Vacío, poblado solo por las sombras grises que danzaban al ritmo del viento.

    Siguiendo las baldosas grises, la encontré:
    la apagada, muda y solitaria pantalla, que tanto ansiaba ver por las tardes en la merienda.
    Eclipsando diversión con noticias absurdas de ancianos muertos y princesas cantando.

    Mi dedo temblaba.
    Mi corazón sacudía mi pecho, advirtiendo que huiría lejos si seguía con mi empeño.
    Y no pasó nada al conectarlo.
    Solo una pantalla de colores raros, de figuras geométricas absurdas y un pitido sordo.
    Cuadros de colores: azules y amarillos, verdes y grises.
    Estáticos.
    Me quedé encadenado en el reflejo, desilusionado del temor, esperando un destello.

    Ocurrió algo.
    Un fundido en negro.
    Letras amarillas anunciando un secreto.
    Dos rombos blancos señalando el pecado.
    Y, por fin, ella: vestida con poco, transparente capa que iba deslizando, descubriendo su piel blanca.
    Me miraba fijamente.
    Sus labios deseaban mis besos y en su cuerpo ya no había nada.
    Curvas desnudas interrumpidas por una llamada.

    —José Miguel, ¿qué haces que no estás durmiendo?

    —Tenía miedo… —dije asustado. Sabía que lo que estaba viendo era pecado. Esperaba un castigo divino a manos de un padre desvaído—

    —¿Y te viniste a ver la tele?Mi padre ignoró el contenido de la televisión, la apagó y me acompañó en silencio a la cama.
    En silencio descubrí que el castigo de Dios no llegaría esa noche.

    Golpes Bajos – Malos Tiempos para la Lírica

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  • Pequeño hechizo de ojos inquietos

    Pequeño hechizo de ojos inquietos

    Ella es… tan pequeña.
    No sé el día que le dio por crecer.
    Creando alas en su silueta, que ya se me antoja casi de mayor.
    Larga como aquellos cuentos de noches de llanto y calma.
    Aquellos que me inspiraron tanto a seguir mis pasos.
    A fantasear con ellos y creerme el narrador de tus sueños.
    Que ahora son otros, y vuelas con ellos.
    Ella es… tan grande ya, que mi hechizo quedó pequeño.

    Saurom – Soñando Contigo

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  • Dialogo con el espejo

    Dialogo con el espejo

     Unas palabras en negro que se desdibujan en blanco.
    Y yo, buscándome en sueños, en recuerdos pasados.
    En una ardua conversación sobre el papel y mis fantasmas.

    Entre el eco de las teclas, adentrándome en el documento, quise ver cómo…

    El sol de la mañana. Despertando frágil, derramando su calor a sorbos de mar…

    —No. Esto ya lo he escrito. Mejor comenzar de nuevo.

    La luna nueva carecía de brillo hoy…

    —Sí, un tanto ridículo: brillo donde no hay…

    Aquel adiós duró un eterno segundo de desdicha…

    —¿Y qué más? Vuelta a lo mismo. Quizás enfocado de otra forma…

    Ella sonrió con la tristeza de un adiós…

    —Buff… no. Mejor vamos a otra cosa.

    ¿De qué te avergüenzas?

    —¿Yo?

    “Sí, tú. ¿Acaso hay alguien más?”

    —Que yo sepa, estoy solo. Aquí, buscando qué escribir.

    “Claro. Y la primera frase tiene que ser perfecta para que el texto fluya, ¿no?”

    —Creo que por fin ha ocurrido.

    “¿Qué ha ocurrido? ¿Tu frase perfecta? Yo no leo nada.”

    —¡No, no! Lo que ha ocurrido es que se ha roto mi mente. Estoy hablando con el procesador de texto.

    “Un momento… ¿de verdad crees que estás hablando con una máquina?”

    —¿Qué si no?

    “Siempre se ha dicho que los escritores tienen las conversaciones consigo mismos sobre el papel, ¿no crees?”

    —Claro. Sería una buena cita. Algo así como: «Escribir es sentarse frente al espejo y dejar que la tinta diga lo que el alma no se atreve. Una conversación infinita entre el yo que recuerda y el yo que inventa».

    “¿Lo ves? No es tan difícil. Venga, arranca ya.”

    —¿Entonces qué eres? ¿Mi subconsciente?

    “En todo caso, tu inconsciente.”

    —¿…Inconsciente…?

    “¿Tú? Totalmente.”

    —¿Por qué dices eso?

    “¿Te acuerdas del email que leíste hace un rato, ese que decía que habías ganado un premio?”

    —Sí, claro. Seguí el vínculo y no había nada.

    “Bueno, pues en verdad sí había. Estaba yo esperando a ver quién picaba. Llevo un rato buscando en tu ordenador algo valioso. Pero como no encontraba nada y me aburría… empecé a contestar tus textos.”

    Lori Meyers – Mi realidad

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  • Corazones en la sombra

    Corazones en la sombra

    Un episodio mas de la saga «Manual práctico para dinosaurios antediluvianos sobre tribus urbanas modernas«

    – Hola.
    – Hola.
    – ¿Te apetece que pidamos hoy pizza?
    – No tengo hambre.
    – Venga, Mara, algo tendrás que comer.
    – Vale, me comeré un trocito de la tuya.
    – ¿Y vemos una peli?
    – ¿Ponemos “Pesadilla antes de Navidad”?
    – La hemos visto como doscientas veces.
    – Doscientas veinticuatro veces, para ser más exactos.
    – Tantas tenían que ser.
    – Era la favorita de mamá.
    – Bueno, la veremos de nuevo.
    – Papá, ¿cómo era ella?
    – ¿Ya no te acuerdas?
    – Sí, pero digo antes, cuando tenía mi edad.
    – Pues era muy parecida a ti.
    – ¿Vestía de negro y llevaba flequillo azul?
    – No exactamente, en eso era más como yo.
    – Tú eras heavy, ¿verdad?
    – Sí, llevaba el pelo largo y chaqueta de cuero negra.
    – ¿Qué te hizo cambiar?
    – Verás, ser heavy estaba bien en otra época. Era algo fantástico para un niño perdido.
    – Como los de Peter Pan?
    – Sí… y a veces siento que tú también lo eres, aunque de otra manera. Necesitaba algo con lo que arrancar mis días, para sentirme fiero.
    – Ahora eres un carroza inmerso en tu trabajo.
    – Sí, ríete… por eso a veces todavía pongo en el coche a Ozzy Osbourne, para agarrarme a la vida. ¿Lo mismo te pasa a ti con tu sonrisa emo que tanto me gusta?
    – Eres bobo.
    – Y tú una llorona.
    – Papá…
    – Dime, Mara.
    – ¿Crees que mamá habrá conocido a Ozzy?
    – Seguro que sí.

    Yungblud – Changes

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  • El Fary y el gato gurú.

    El Fary y el gato gurú.

    Capitulo II – Dulce despertar

    Con la ventana abierta, el fresco de la mañana descendía en un alegre remolino para posarse sobre la cama. Javier roncaba apacible. Soñaba plácido, y las sábanas, con su relieve traicionero, dejaban adivinar que el sueño venía con curvas incluidas.

    Una figura felina llegó al son de su propio ronroneo. Observó la escena con calma, y de pronto le propinó un mordisco cariñoso en la nariz.

    La expresión de angustia fue instantánea. Javier saltó del sobresalto y, de un manotazo, derribó la mesilla entera. El gato esquivó los objetos con elegancia olímpica y lo miró fiero, como quien reprende a un niño maleducado.

    —Te parecerá bonito dormir hasta tan tarde.

    —¡Qué susto, joder! No te esperaba.

    —Pero yo sí —dijo el gato, malhumorado—. Tenemos que empezar tu entrenamiento y no puedo hacerlo con el estómago vacío. ¿Para cuándo mi salmón?

    —¡Oh! ¿Mi rey quiere salmoncito?

    —Tanto como tú quieres mojar el churrito. Venga, corre: desayunamos y nos ponemos al lío.

    Javier abrió la nevera y empezó a preparar algo.

    —¿Con la panza que tienes crees que te conviene salmón? No, no, no. Primer paso del entrenamiento: mens sana in corpore sano.

    —El salmón tiene omega 3.

    —Buenísimo para los gatos —reflexionó el felino—. A los humanos como tú os crea panza. A partir de ahora, solo comida verde.

    —¿Ecológica?

    —No. Verde de color.

    —Este queso está verde, ¿sirve?

    —¡Perfecto! —sentenció el gato con un brillo malévolo en los ojos—. Come rápido, que hoy te toca correr.

    Arde Bogotá – Los Perros

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  • Epílogo para un poeta muerto

    Epílogo para un poeta muerto

    Añoranza de luna y frases de poeta. Como aquel que acuñaba hasta cien pesetas y que ahora, en el olvido, contempla triste cómo se diluyen las letras. Me hubiera gustado ser como él, pero mejor sigo mi camino.

    Love of Lesbian – El Poeta Halley

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  • 29 de Febrero

    29 de Febrero

    Me encanta cuando vienes a mí, arrancando palabras sin quererlo, dejando que las melodías que susurras se evaporen antes de que pueda atraparlas, mientras yo recojo de ti las esporas invisibles que convertiré en secretos. Cada gesto tuyo siembra misterio en las líneas de mis manos, dibujándome sonrisas arcanas que parecen esperar un epitafio. Entre constelaciones de trazos que se cruzan como ofrendas, sostengo la esperanza de que me quieras más en los días grises, en los veintinueve de febrero, y permanezco atento, deseando el sabor de tus besos como si fueran lo único que pudiera sostenerme en este instante suspendido.

    Alt-J – Fitzpleasure

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