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  • Hechizo

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué piensas del frío?

    El camino se hizo largo, enrevesado de espinas y árboles atormentados, de cuestas escarpadas y lamentos en el viento que, pegando fuerte en la cara, congelando sus lágrimas en la senda. El esfuerzo mereció la pena al ver que era cierto. Entre los dos árboles cruzados estaba el altar, en un círculo de runas de piedras, antiguo como el propio bosque.

    Sin darse ni un respiro y con mucho cuidado, se descolgó el objeto que portaba en la espalda y lo puso encima de la mesa de piedra. Era un conjunto de mantas de piel de cabra con un respaldo rígido y una serie de correas para permitir su carga. Al extenderla, entre medio de un nido de telas más suaves, había un bebe protegido. Lo depositó justo en el centro del altar y comenzó su rezo.

    El niño estaba casi inmovil, lloraba suave, ajeno a lo que ocurría. La fiebre era demasiado alta como para distinguir la realidad. Ella cantaba entre lágrimas una plegaria, invocó al viento, que se arremolinaba alrededor. 

    Invocó al fuego y ardió en círculo. 

    Invocó al agua y comenzó a llover dejando un claro en la posición de ellos.

    Por último, invocó a la tierra y esta tembló.

    La luna salió de su escondite de nubes y derramó su luz en la criatura, que empezó a elevarse en el aire. Quedó suspendido a la altura de la mirada de la mujer, que seguía con su oración, con los ojos entrecerrados y cara de angustia.

     – El niño está muy enfermo, bruja. – Dijo una voz de procedencia desconocida. Parecía salir del bosque, pero a su vez del cielo, de la copa de los árboles y del suelo que pisaba la dama.

     – Pero, ¿podrás salvarlo?

     – Sí, pero voy a necesitar tu energía.

     – ¿Eso me matará a mí?

     – No, pero estarás muy débil, no podrás alimentar ni proteger a tu vástago, morirá sin remedio.

     – Pero, tiene que haber una forma.

     – Solo puedo hacer algo.

     – Lo que sea necesario.

     – Puedo encomenderos a la luna.

    En ese momento, ella empezó a temblar, sus ojos se volvieron grises y sus piernas quedaron quebradas, su cuerpo se cubrió de pelo oscuro y su canto se volvió aullido de dolor que la dejó agotada y tumbada de lado frente al altar.


    El lobezno, con esfuerzo, saltó del altar y se refugió en el pecho de su madre, ansioso por alimentarse después de mucho tiempo sin lactar.

    Megadeth – She-Wolf

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  • Fuera, en el frio

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué piensas del frío?

     – ¡Qué frío!

     – Buenos días, ingeniera Edén, comienza su turno. La temperatura interna es de 19 grados ¿Desea que le informe…?

     – Despacio, déjame un tiempo para despertarme, yo te voy preguntando.

     – Perfecto, ingeniera Edén, estoy a la espera.

    Mirando el techo cerró los ojos un instante. Notaba la mente borrosa y el cuerpo le pesaba como un trozo de plomo colgando del nailon de una caña de pescar. Se incorporó desganada y se dirigió al radiador de calor donde pasó un rato en silencio, intentando encontrarse a sí misma en la espesura de sus pensamientos.

     – ¿Alguna anomalía técnica?

     – Ninguna ingeniera Edén, todas las funciones trabajan entre los rangos requeridos.

     – Perfecto.

    Ya en el pasillo, de camino a la sala de ingeniería, fue aclarando las ideas y fueron surgiendo preguntas.

     – ¿Cuánto tiempo está estimado para la llegada al destino?

     – Veintisiete días.

     – ¿Veintisiete días? ¿Y me despiertan ahora? Estamos muy justos para iniciar el proceso de frenado.

     – Afirmativo, no hay orden del comandante, se le ha despertado en la fecha programada, trescientos sesenta y cinco días desde su anterior hibernación.

     – ¿Quién está de servicio en el puente?

     – El comandante Enzo.

     – ¿Puedes localizarlo? Necesito hablar con él.

     – Imposible, lleva desaparecido desde hace ciento siete días.

     – ¿Y no hay un suplente?

     – La suplente del turno es la comandante Rhea, está previsto su despertar dentro de cinco días.

     – ¿Se puede saber por qué coño no se ha despertado antes?

     – La orden que tengo en mi programación es que no realice una acción sin el consentimiento del comandante.

     – ¿Y si no está el comandante?

     – La orden es clara, no puedo saltarme la programación.

    Judas Priest – Alone
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