Categoría: sueños

  • La forma correcta de callar

    La forma correcta de callar

    Una sonrisa puede ser un refugio o una obligación.


#Poesía #DeOniros #SonrisaImpuesta #ViolenciaSutil #TextoBreve #PoesíaContemporánea #LoQueNoSeVe #Escritura

    Ella sonreía.

    Hacía brillar de marfil
    la más tímida de las miradas.

    Encandilaba, cotidiana,
    las frases de súplica que se acercaban,
    esas que eran órdenes amables
    y que siempre subían de escala.

    Y ella callaba.

    Sonrisa seria en el rostro pintado.
    Mirada triste.
    Cansada.

    Soñaba con imposibles golpes de suerte,
    suplicaba el milagro remoto,
    ese que, desde templos de usura,
    liberara caudales
    a cambio de una amabilidad de firma impuesta,
    de esas que, aunque duelan,
    se asume sin protesta.

    Ella sonreía triste,
    aunque nadie lo notara.

    PJ Harvey – The Words That Maketh Murder

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  • A pesar de la marea

    A pesar de la marea

    Si a pesar de la marea,
    de la brisa en tu cara,
    aparezco alguna noche en tu orilla.

    Si a pesar de tu sonrisa,
    el rocío bajo los párpados
    acaricia mi espalda.

    Abrázame.
    En silencio, como si fuera un secreto.
    Aunque en la mañana alejes la mirada
    hacia el cielo.

    Si a pesar de tus ganas
    de fugarte con las estrellas,
    te duele el alma cada vez que te alejas.

    Suéñame.
    Que acaricio tu pelo y me quedo.
    Aunque se quede en eso.

    En el humo distante
    que evaporó nuestro hado,
    y solo quede
    la flor
    de un recuerdo.

    Maria Rodés – Hechizo
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  • Tracción, freno y conciencia

    Tracción, freno y conciencia

    —Buenos días. Soy Piluco Motora y voy a ser su instructor de a bordo.
    ¿Es la primera vez que se enfrenta a este armatoste de metal?

    —Bueno… salvo en el simulador.

    —Bien. Salgamos de aquí.
    Compruebe sistemas. ¿Comunicaciones?

    —Activas.

    —¿Alarmas?

    —Negativo.

    —¿Luces?

    —Funcionando.

    —Perfecto. Solicite permiso de salida y vamos a probar la tracción.

    —A la orden. Permiso concedido y tablero de mandos en orden.

    —Si no hay tránsito ni obstáculos, suelte el freno.

    —Frenos desactivados.

    —Acelere suave hasta la curva. Luego mantenga velocidad y trácela.

    —Perfecto.

    —Habiendo superado los simuladores, entiendo que ya sabe manejar a la bestia.
    ¿No es así?

    —Mayormente, sí.

    —Entonces nos centraremos en lo complejo: seguridad, ética y emergencias.

    —¿Ética?

    —Sí, ética.

    —¿Qué problema ético nos vamos a encontrar llevando un tren?

    —Unos cuantos. Le pongo un ejemplo.
    Imagine que en un cambio de vías hay cinco personas. Puede salvarlas desviando el tren, pero en la vía muerta hay una persona durmiendo. ¿Qué haría?

    —Mmm… Pasar por la vía donde solo hay una persona.

    —Bien. Y si descubre que esa persona es un científico brillante, a punto de curar la leucemia infantil.

    —¿Estamos hablando del dilema de Foot y Thomson?

    —En la otra vía hay unos punkis de botellón.

    —Vale. Salvamos al científico.

    —Pero el científico adora a los niños. De una manera… peculiar.
    Eso sí, les ahorrará una enfermedad agónica.

    —Entonces pasamos por encima del científico.

    —El científico erradicará todas las enfermedades del mundo, arreglará la economía y acabará con el hambre y el déficit de vitamina C.

    —Pasamos por encima de los punkis.

    —Pero los punkis luchan contra la pobreza y la opresión.
    El científico es un depravado.

    —Pues nos cargamos al científico.

    —Además, el científico ha prometido que, si le salvamos, nos compra un piso en Móstoles.

    —Me está saturando. Nos cargamos a los otros.

    —Fíjese cómo se complica la cosa.
    Uno de los punkis ha contraído una enfermedad desconocida. Gracias a ella, el científico podría salvar al mundo de futuras pandemias…
    pero tiene que estar vivo para conservar el virus.

    —Oiga, yo solo quiero ser maquinista. No quiero un trauma que me persiga de por vida.

    —¡Lo sabía!
    Pare. Usted no está capacitado para llevar un tren.

    Idles – NEVER FIGHT A MAN WITH A PERM

    —¿Y quién sí esta preparado?

    Piluco sonrió por primera vez.

    —El tren.

    *Dedicado a todos los que se juegan la vida entre vías. No son pocos los peligros a los que se enfrentan y siempre están a tela de juicio cuando ocurre algo.

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  • Mi colección de sonrisas

    Mi colección de sonrisas

    Cansado de querer ser melodía,
    suspirar acordes de tono profundo,
    de abrazos de cuerda y entraña.

    Conteniendo lágrimas absurdas
    y mendigando caricias.
    Quise saber de ti fuera de ti,
    en otras sonrisas.

    En la bruma de una mirada que se me cruza.

    En la media cara torcida entre las estrellas.

    En el roce artificial
    en noches de brillo y danza.

    No me entristece tu condena
    si ya conmigo no vuela.
    Me entristece que en tus labios
    solo dibujes pena.

    En la brisa del camino,
    en la cima más alta.

    En el sueño más oscuro
    que se me enreda en la mañana.

    En el humo de caricias
    que no llegan a nada.

    León Benavente – Ser Brigada
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  • Semilla de tinta

    Semilla de tinta

    Tanto tiempo he pasado frente a este lienzo en blanco.
    Tanto, que de pronto fueron años.
    Dos, para ser exactos.

    Mezclando mi acento con el verbo amar.
    Contando líneas para no hacer caso.
    Rebuscando sinónimos, ordenando vocablos al azar.

    Y aún me falta mucho.
    Me leo poco. Me miro poco.
    Aunque a veces me encuentro en el espejo y sonrío.

    Ya no me pesa la pluma cuando la empuño.
    Y quiero más.

    Quiero narrar batallas al ritmo de una guitarra sucia.
    Aprender cómo suena tu risa si te atreves a escucharla.
    Convertir el cristal roto en gotas de lluvia
    y rodar en la nube de tinta cuando caiga la primavera.

    Esa que se me hizo tarde
    cuando por fin comprendió mis letras.

    Quiero entender que no es el final,
    que no es más que el comienzo.
    Que la senda está por andar,
    pero que ya no camino lento.
    Que ya no sirvo al silencio,
    aunque vea las estrellas pasar.

    De frente hay muchos folios en blanco.
    Detrás veo mil líneas:
    dispersas, tímidas de melodía,
    pero grandes de ánima furtiva.

    Dime tú,
    si al leerlas
    no son buena semilla.

    Para quien tenga curiosidad por el origen del trazo, aquí quedó la primera huella:
    Venus sobre Marte

    Judas Priest – Dream Deceiver

    Que la noche os dibuje sonrisas de tinta

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  • La flor del soldadito

    La flor del soldadito

    Parecía triste.
    La mirada al suelo, sentado en silencio en aquel sillón que le venía grande.
    Parecía perderse en él, en sus sueños. En sus heridas infantiles: tan fáciles de curar y tan dolorosas al mismo tiempo.

    ¿Es que los adultos no se dan cuenta?

    pensó el soldadito de plomo.

    Vio caer una lágrima por su mejilla. Silenciosa como el mar en calma. Melancólica como el olvido.

    Al acercarse un poco más, el juguete de metal rompió su silencio.

    —¿Qué te pasa, niño?

    —Mi mamá no quiere que hable con desconocidos.

    —Pero yo no soy un desconocido. Soy un juguete.

    —Mi mamá no quiere que juegue con juguetes armados.

    —Pero soy de latón. No puedo disparar.

    —Mi mamá no quiere que tenga juguetes violentos.

    —¿Y qué quiere tu mamá?

    —No lo sé. No quiere que haga nada.

    —Claro… por eso estás triste, ¿no?

    —Estoy triste porque no tengo con quién jugar. Mis padres no quieren. No tienen tiempo para mí.

    —Pero estoy yo aquí. ¿Qué quieres hacer?

    —No puedo jugar si llevas un arma.

    —Entonces dibuja una flor en su lugar. Verás cómo lo cambia todo.

    El niño empezó a pintar colores sobre su uniforme de cobre. Disimuló con pétalos pequeños la bayoneta que llevaba en el brazo.

    Se entretuvo toda la tarde dibujando y hablando.

    Descubrió que, al pasar las páginas de aquel libro, podía convertir en cuento las palabras que solo escuchaba en sus sueños.
    Que, aunque a veces fueran mentira, eran lo más cierto.

    Saurom- Soñando Contigo

    A veces no se juega.
    A veces solo se imagina.

    Y eso, a veces, es lo que más asusta.

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  • La noche en que Dios sonrió

    La noche en que Dios sonrió

    Un resplandor arañó el cielo nocturno del desierto.
    Dejó una estela dorada que fue perdiendo intensidad hasta detenerse.
    Quedó una estrella colgada en un lugar en el que nunca antes hubo nada.
    Y allí esperó.

    A los pocos días aparecieron.
    Eran tres.
    Cada uno montado en un camello. Avanzaban lentamente hacia el punto donde la estrella se había detenido. Iban buscando respuestas; bajo ella tan solo encontraron una pregunta.

    La estrella estaba suspendida sobre una cueva, poco antes de la pequeña aldea que ponía fin a las penurias del desierto. Según se aproximaban, vieron que el astro no era tal. Era una esfera brillante que flotaba de manera imposible. De ella colgaban hilos dorados que iluminaban el refugio.

    De los tres, el de túnica negra bajó de su montura y entró en la cueva.

    Dentro había un anciano con gesto preocupado.
    A su lado, una joven vestida con una bata verde descansaba en un sillón flotante. De su cuerpo salían varios de aquellos cables luminosos, que parecían alimentarla. El pecho subía y bajaba con una calma artificial, como si el tiempo no fuera exactamente el mismo a su alrededor.

    —¿Pero qué pasa aquí? —dijo el hombre negro, asustado.

    —No temas, caballero de Oriente —respondió el anciano—. Dios es el artífice.

    —Vengo por respuestas para mi pueblo.

    —Diles que ha nacido el Niño Dios.

    Entonces lo vio.
    Tras la penumbra, un niño dormía en una cuna. Alrededor de su cabeza flotaba un aro dorado, repleto de pequeñas luces parpadeantes. El forastero se acercó. El bebé abrió los ojos y le regaló una sonrisa sin dientes.

    El hombre salió apresurado para avisar a sus compañeros. Les contó lo que había visto. Los otros dos desmontaron de inmediato; querían comprobarlo con sus propios ojos.

    La esfera emitió un zumbido grave. Cambió ligeramente de tonalidad y dejó ver una abertura. De ella saltó un ser que quedó suspendido en el aire. De su espalda surgían alas metálicas que lo impulsaban con precisión. Descendió haciendo filigranas, dejando rastros de luz a su paso, hasta aterrizar frente a los tres viajeros.

    Ellos retrocedieron. Decidieron que aquello debía de ser un ángel.

    La criatura llevaba una armadura plateada cubierta de luces de distintos colores. Se quitó el casco y reveló su rostro: alto, de facciones suaves, con una espesa cabellera rubia. No supieron decir si era hombre o mujer. Tampoco por su voz.

    —¿Sois los tres magos de Oriente?

    Se miraron entre ellos.
    El ser alado sonreía con una felicidad difícil de ocultar, como un niño a punto de estrenar un juguete.

    El de la barba blanca rompió el silencio:

    —Podemos decir que sí. Estudiamos la magia de las estrellas y venimos del Oriente.

    —No temáis —dijo el ángel—. Es tiempo de dicha. Pero para que mi jef… esto… para que Mi Señor tenga constancia de vuestra presencia, necesito que os vea.

    —¿Y cómo va a vernos? —preguntó el de barba castaña.

    —Con este artilugio.

    Sacó un objeto rectangular con varias lentes.

    —¿Es como un catalejo?

    —Algo así.

    Lo dejó sobre una roca y, entusiasmado, corrió a abrazarlos.

    —Ahora juntaos y sonreíd.

    Tras el destello, desapareció en un vuelo acrobático.

    Los tres viajeros, confundidos, comenzaron a aceptar el carácter divino de todo cuanto allí estaba ocurriendo.


    Desde el interior de la esfera, todo parecía más pequeño. Más irreal.

    El panel de control marcó negativo en patógenos y autorizó la entrada del individuo disfrazado de ángel. Tras inspeccionar el traje, uno de los técnicos le dio una palmada en el hombro a su compañero, puso los ojos en blanco y dijo:

    —No te podías resistir a hacerte un selfie con ellos, ¿verdad?

    El otro sonrió, todavía eufórico.

    —Para ti no sé —respondió—, pero para mis hijos, que su padre tenga una foto con los tres Reyes Magos… eso vale oro.

    Faith No More – Woodpecker From Mars

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  • Callejones en la sombra

    Callejones en la sombra

    grandes peligros que acechan en las calles de una ciudad moderna. Yo, precavido por naturaleza, no dejo descansar a mis sentidos cuando paseo por ellas.  

    Mis oídos prestan atención a las sombras de las esquinas. Mi ojos están siempre acariciando la senda. Mi olfato interroga al dueño de las pisadas que me persiguen en los callejones. 

    Pues nadie sabe que terrible criatura se esconde tras la penumbra. Existen rayas del tamaño de un mastín. Grandes criaturas de mirada incandescente que cruzan su camino por la noche, en manada. Fieros felinos de orejas cortadas y delgada figura y horribles mastodontes que absorben toda vida del suelo con sus mandíbulas circulares.  

    Pero el peor de todos es aquel que sale los días de. Engalanados de perversos colores en un acto de guerra con escudo heráldico. Caen del cielo cuál rapaz, transformándose en el acto en otro animal, si cabe, aún más feroz.  

    Los verás arremolinados en las plazas, agarrados en las paredes con saña. Embistiendo a los que pasan al lado. Aplastados devorando el asfalto. En los días que el aire es recio no verás peor engendro. 

    — Vamos Gonzo, es solo una bolsa de plástico. 

     Pero yo no les tengo miedo. Respeto si acaso. 

    Billie Eilish – bury a friend

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  • Amiga esp(a)cial

    Amiga esp(a)cial

    —Pero… solo es una niña.

    —Sí, es una niña que ha salido de un huevo.

    —¿Y qué problema hay? Dijimos que tendríamos que aprender a manejar la tolerancia.

    —No es falta de respeto, es que… somos tan distintos.

    —Tampoco tanto.

    —¿Ah, no? Veamos. ¿Cuántos ojos tiene nuestro hijo?

    —Dos, ¿cuántos quieres que tenga?

    —Vale, y ella… ¿cuántos tiene?

    —Pues…

    —Ni lo sabes.

    —Mirándolo así…

    —Paco, me parece bien que los pongan en el mismo colegio, que hablen y se lleven bien. Pero por muy tolerante que sea… me niego a que nuestro hijo quiera salir con la chica reptiliana del colegio.

    Stereolab – Metronomic Underground

    ¿Y si la invasión no fuera venir… sino quedarse y enamorarse de nuestros hijos?

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  • Bestiario del amor (carta de cuarzo rosa)

    Bestiario del amor (carta de cuarzo rosa)

    Este texto surge como parte del reto Escribir Jugando del mes de Enero, una invitación a leer la carta del cuarzo rosa desde la emoción y la resistencia al amor. Animaos y participad.

    Esta vez, el amor se le presentó en forma de gato siamés,
    ronroneando entre caricias y agasajos.

    En el pasado fue distinto.
    Tomó forma de caniche ladrador y poco mordedor,
    de serpiente escurridiza, lengua bífida,
    incluso de un león feroz que caminaba siempre cansado
    y miraba distante, ajeno.

    Pero ahora era otra cosa.
    Tenía un color translúcido, como el cuarzo rosa,
    y llevaba el perfume leve de una flor de beech recién abierta.

    Acarició la idea como un sueño sin sentido
    y, a la primera oportunidad, huyó sin remedio:
    no fuera a despertarse el león
    y acabara con todo.

    Travis Birds – Una Romántica

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