
Las doce campanadas me supieron a poco.
Aún con las burbujas cosquilleando el paladar, busqué unos labios que saborear.
Volé escaleras abajo, sentí el relente en la nuca y saludé a la luna, que me miraba enamorada. Me fundí entre la gente, donde todos éramos todos: un mismo cuerpo castigado por los tambores. Y ahí te encontré, entre las miradas de miles, derramando el perfume de tu pelo al deseo de un mito.
— Bonjour, beau garçon.
Me dijiste en tu francés olvidado.
—Hola, Juliette. Qué raro verte sola.
Fui directo a la yugular.
—Espero a mi novio. Va a llegar tarde.
—Si quieres, te acompaño en la espera.
—No sé si es buena idea. La última vez fuiste tú quien perdió a la chica.
—Esta vez manos quietas. Solo… quizá un beso.
Compartimos vaso, licor y recuerdos. Un poco de saliva en un baile. Un adiós y un te quiero. Seguí mi camino con los ojos cerrados y los labios ardiendo.
La primera campanada dio a luz entre el estruendo. La máquina gritaba, sedienta de dolor, y quise calmarla con la pócima de un espíritu oscuro que acechaba buscando verbo, invocando futuros recuerdos.
Con los acordes venideros comenzó el ritual del celo. Mis ojos en su pelo. El viento nos envolvía y yo temblaba. El roce de mis manos, el rojo de sus labios, mi mente en su cuerpo. Me acerqué despacio para descubrirme peón en su juego. Ella cazaba sueños solo para exhibir su trofeo.
Escapé de la espada a tiempo y, en la huida, me sentí herido. Me aparté del ruido y descansé a orillas del mar. Contemplé el infinito y me sentí pequeño. Mientras lloraba en seco, una silueta en sombras se me aproximó.
—Que fais-tu ici tout seul, mon amour ?
—¿Juliette?
—Je te cherchais.
—Pero… ¿no estabas con tu novio?
—Sí, vale. Ellos se van, pero el amor queda.
—¿Qué amor es el que queda?
—El que no nos hace coincidir.
Javier Álvarez – 00
Feliz año.
Que las campanadas no se os queden cortas.
Que encontréis labios cuando el ruido termine,
una silueta que vuelva cuando creáis estar solos,
y un amor —aunque llegue tarde—
que se atreva a ir hacia vosotros.
Que el año nuevo no os pida prisa.
Solo verdad.

Susurra al abismo. Alguien, en algún sueño, escuchará.