Persistencia

El monitor reflejaba su rostro.
Unas gafas sucias lo separaban del brillo verde de los caracteres que fluían en caudal desde el teclado. Su expresión preocupada contrastaba con la juventud de su cara.

—Me duele, doctor.

—Diablos… ¿pero dónde te has metido?

—No lo sé. Me expulsaron. No recuerdo nada.

—Espera. Déjame ver qué tienes ahí incrustado.

—¡Ay!

—¡Quieto!

—Es que me duele.

—Ya está, quejica. Te he aplicado un bloqueo sensitivo. ¿Puedes tomar forma?

—No sé…

—Inténtalo.

Un destello de luz azul inundó la habitación, acompañado de un zumbido constante que duró apenas unos segundos. Cuando se apagó, la luz verde del monitor pareció oscurecerse.

—No puedo.

—Vale, déjame ver…

Se escuchó un chasquido eléctrico.

—Prueba ahora.

La luz azul se volvió más densa, casi espesa. Empezó a tomar forma.

—No… no puedo.

—Venga, claro que puedes.

Era una silueta vagamente humana, de contornos redondeados, vibrando. Se movía. Parecía respirar.

—Doctor… me duele mucho.

—Espera. Ya casi lo tengo.

La forma luminosa comenzó a temblar.

—No aguanto más.

—Aguanta. Un segundo más…

El humanoide empezó a perder intensidad hasta convertirse en una figura casi humana, transparente, con un último resplandor azul.

—¿Qué tal ahora?

—Mucho mejor, doctor. ¿Qué me pasaba?

—Tenías un virus bioinformático adherido al alma.
El doctor alzó la vista.
—¿Dónde demonios te habías metido?

Ryuichi Sakamoto – disintegration

Anuncios

Descubre más desde El descanso del Onironauta

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comentarios

Susurra al abismo. Alguien, en algún sueño, escuchará.