
Sístole.
Diástole.
Marcaba así su condición de estar vivo,
con el pulso enturbiado por el zumbido de las máquinas.
Sístole.
Esperaba.
Diástole.
Miraba a su alrededor, buscando quién era.
Sus pasos no hacían ruido esta vez.
No había violencia.
Ni gritos.
Ni miedo.
Solo espera.
Sístole.
Lo había encontrado.
Diástole.
Respiraba pausado.
Observó sus ojos cerrados.
No pedían clemencia.
No suplicaban nada.
Se acercó sin temor.
Afiló su guadaña.
Esperó.
Silencio.
La música vital cesó un instante.
Comenzaba su labor.
Su mano oscura se aproximó al cuerpo
para llevarlo lejos.
Muy lejos.
Pero las máquinas llamaron.
Urgencia de sueros.
Prisas eléctricas.
Alarma.
Lloraban fuera.
Gritaban dentro.
En un segundo abrió los ojos.
Se miraron.
Sostuvieron el instante.
Sonrieron.
—Nos veremos en otro momento.
Sístole.
Diástole.
Héroes del Silencio – La chispa adecuada

Susurra al abismo. Alguien, en algún sueño, escuchará.