
Me enamoré de ti, sin remedio. Apenas sin conocerte.
Tu voz enlatada en memoria, tus labios moviendo el aire de una lente,
tu expresión emocionando la secuencia.
Tal vez el brillo de tu mirada fue la estrella que despertó mi interés.
Pero lo que me hizo amarte no tuvo más que palabras.
Recitadas en sonrisa asombrada,
con el gesto exacto del acento preciso en cada verbo exhalado.
Y en cada sílaba partida,
caricias de antiguas heridas
que hoy endulzan el alma
de aquellos que, como yo, te aman,
lo saben
y callan.
Me enamoré de ti
en un divagar de pestañas.
Y como el viento me fui.
A besar otras bocas.
Christina Rosenvinge – La distancia adecuada

Susurra al abismo. Alguien, en algún sueño, escuchará.