Balada de fuego y nieve

En un cósmico estruendo, entre saliva de lava y ardiente deseo de libertad, el espíritu del fuego se derramó por la ladera del volcán, y a su paso iba arrasando lo que encontraba.

Una niña, con expresión enfadada y manos en la cintura, esperaba al monstruo bajo la falda de la montaña que, preso de la curiosidad, paró ante ella.

 -Eres una criatura bruta y desconsiderada, estás destrozando el monte.- Le replicó la pequeña enojada.

 -Quita de en medio, criatura de agua, o te terminaré quemando.

 -Ni lo sueñes, si me quito, arderá mi pueblo.

Su signo era tórrido, pero su corazón ardía de pasión, no de maldad. Al escuchar a la niña se dividió en dos y rodeó la aldea donde habitaba ella. Siguió su camino sin dejar de abrasar todo lo que tocaba.

El viento trajo a la lluvia y esta fue enfriando al incendiario ser, que sufría inmensamente por cada gota que evaporada. Se vio en la agonía de dejar de existir si no dejaba de dilucidar y crepitó mientras se apagaba.

La niña, rociando de aceite el extremo de un leño, y alimentó con él las brasas de lo que quedaba del espíritu del fuego, llevándolo  cobijo de su poblado. El pirómano ser se convirtió en hoguera y con expresión afligida le dijo a la niña.

 -Yo he destruido tu monte y tú me salvas la vida.

 -Salvaste mi pueblo, y nos volverás a salvar.

 -Pero yo lo único que sé hacer es incinerar y chamuscar.

 -¿Sabes dar calor?

 -Sí.

 -Entonces, nos protegerás del invierno.

Caía la nieve envolviendo el paisaje en un blanco manto helado, convirtiendo en cristal la furia del río, haciendo tiritar a los árboles, que quedaron desnudos e inmaculados. Pero en la aldea reinaba la alegría, de ambiente festivo, de estar sentados todos alrededor del fuego, comiendo y brindando por el calor del invierno.

La niña, cerca de las brasas, comprendió que la tierra amaba al viento y al agua, pero también al fuego.

Shireen – So Human of You

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Susurra al abismo. Alguien, en algún sueño, escuchará.