
El ambiente tenía aroma gris fétido, calle principal, lleno de peligros con ruedas, de prisas por llegar y volver, por la poca importancia que se le da a la vida en sus bosques de indiferencia y cemento.
Me atrajo el rastro de la soledad que tanto olía a azul, con niebla, de arroyo vestido de musgo, de gazapo libre corriendo hacia la cumbre. Desierto de máquinas extrañas, de cielo roto curado por lluvia.
Sabor de sol, arena de playa, donde correr libre huyendo de invierno, frente a la ribera del hipocampo, haré mi hogar, el tiempo que dura un suspiro de baja de ser tan yo.
El Mato a un Policía Motorizado – El Día de los Muertos
Susurra al abismo. Alguien, en algún sueño, escuchará.