
A veces siento en negro, y mi pasión tiñe letras de un oscuro azulado que, mientras desangro mi alma, se tiñe en rojo los adjetivos o en frases tintas y abrazo al vacío que tanto me inspira. Evoco danzas macabras en tonos pastel y trazos de tiza emborronados, que acaricio mientras caigo en el más absoluto misterio. Y amo así mi juego de arrítmica oratoria silenciosa, en el falso papel de fantasía electrónica.
A veces la oscuridad se torna en colores, y brillan en metálicos reflejos, compases de estética televisiva, abriéndose en morse, circunloquio de risas melancólicas de un sombrerero a la hora del té. Disfrazando cada palabra en mi carnaval, de campanillas asonantes, de lágrimas de alegría en danza, descalzo, tensando las cuerdas místicas de una guitarra.
A veces hablo blanco y mis letras se desarman en relieves de piedra, gastados por la marea, mientras runas incoherentes juegan a ser oraciones mágicas, capaces de rotar en creciente, negras y blanca entre corcheas.
A veces callo y acompaño al viento a contemplar las olas en silencio.
A veces simplemente sueño.
Susurra al abismo. Alguien, en algún sueño, escuchará.