Esa música tan de moda

El demonio dispuesto a un pacto
Sugerencia de escritura del día
¿Qué te aburre?

—¡Baja ya ese ruido!

—Si, ya está bajito.

—¡Que bajes eso o sale el móvil por la ventana!

De pronto me di cuenta de que mis padres, cuando yo era adolescente, me gritaban exactamente lo mismo. Pero… ¿por qué no soporto la música de mis hijos si escucho Slayer o Sepultura?

Mis padres escuchaban música, creo que más por inercia que por gusto. Antonio Machín sonaba a todas horas: Dos gardenias para ti, eternas gardenias que retumbaban en mi cabeza una y otra vez.

Luego llegaron los cuarenta principales. Al principio me satisfizo: Bob Dylan como número uno, bueno, no estaba mal… habrá que estudiar inglés, eso sí. Rocío Jurado me parecía un misterio; letras incomprensibles para un niño de 8 años, una pena tan profunda que parecía pesar sobre sus hombros.

Cuando descubrí a los Beatles, fue gloria para mis oídos. Disfrutaba con Paul y John tanto que terminé rayando los discos preciados de mi tío.

En la escuela me llamaban “carroza” por escuchar música antigua, así que busqué algo moderno: Ozzy Osbourne en Back at the Moon. No confundir con Bertín, que también pertenecía a la época.

Tras varias búsquedas frustrantes, y siguiendo ciertas pistas entre los surcos de los vinilos, invocé al mismísimo diablo. Claro que no estaba dispuesto a venderle mi alma por tan poco:

—¿Y qué me puedes ofrecer si no es mi alma?
—Todo mi apoyo incondicional a la música que te represente.
—¿Acceso a discos?
—Tres al mes y entradas a conciertos cada dos años, pero tendrás que predicar el camino de la bestia.
—¿Dónde firmo?
—Hágase un corte por aquí.

Después de eso, empecé a recibir visitas de mi azufrado amigo con material inédito y espectacular, y mi colección creció. Yo me convertí en un fiel divulgador de su palabra y obra.

Pero a mediados de los 90, algo cambió. El Rock Gótico perdió popularidad y comenzó a llegar música que no me llenaba igual: ritmos electrónicos simples, voces alteradas, melodías que recordaban vagamente a mi aborrecido señor Antonio Machín. Y más tarde… reggaetón.

Curioso, pregunté a mi amigo con cuernos:

—¿Qué cambio es este? —le dije, enseñándole un CD de Don Omar.
—Bueno —respondió—, es la música que me representa ahora.
—Pero no habla de ti, no ensalza tu filosofía.
—Los tiempos han cambiado. Ahora la gente joven prefiere divertirse. Esta música habla de enfrentamientos, celos y engaños.
—Pero el rock y sus variantes tienen solera de culto.
—Sí, y siguen representándome… solo que mi público ahora pide más variedad.

Fue entonces cuando rompí mi contrato con el diablo y decidí buscar mi propia música. Desde entonces prefiero grupos independientes, como Love of Lesbian. ¿Entiendes, hija?

—Papá, déjame de comerme el coco y ábrete una cuenta de TikTok.

Iron Maiden – The number of the Beast

“Entre vinilos y TikToks, siempre habrá un diablo dispuesto a darte pistas.”

Anuncios

Descubre más desde El descanso del Onironauta

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comentarios

5 respuestas a “Esa música tan de moda”

  1. Avatar de BDEB

    Yo también lo sufro bastante a menudo, principalmente en el coche cuando conduce él, que viajes más largos…
    Saludos.

    Le gusta a 1 persona

    1. Avatar de El Onironauta

      Xd hay que poner de todo en el coche, que asi se amplia conocimientos musicales.

      Gratos sueños.

      Le gusta a 1 persona

  2. Avatar de Yelitza Alvarez

    ¡Que calvario!! Ya ni tomarse un cafecito en la cafetería se puede porque resulta que «esa música es la que atrae clientes.»
    Nos vemos en tis tos!!

    Le gusta a 1 persona

    1. Avatar de El Onironauta

      Yo no tengo nada en contra de esa musica, pero se nos acaba la diversidad comercial. A ver si sale al menos otra moda distinta.

      Gratos sueños.

      Le gusta a 1 persona

  3. […] Publicado por blogueame25 el 10 marzo, 202513 marzo, 2024 Esa música tan de moda […]

    Me gusta

Susurra al abismo. Alguien, en algún sueño, escuchará.