
En el piso de arriba se escuchó abrir.
Suspiro.
Tres segundos.
El golpe seco del cerrar de la puerta.
Dos segundos.
El sonido del ascensor respondiendo a la llamada. Siempre estaba en el segundo. Subía alegre mientras contaba el tiempo.
Siete segundos.
El deslizar de la apertura del ascensor le aceleraba el pulso.
Dos segundos.
El mismo ruido al cerrar.
Un segundo.
El clic del botón de llamada aseguró una pausa del ascensor en la planta en la que estaba.
Dos segundos.
Suspiro.
Al abrir la puerta notó su perfume. Estaba allí. Tal y como había deseado. Tal y como había previsto.
—Hola.
—Hola.
Silencio.
Un segundo.
Él pulsó el botón B. Le hubiera gustado pulsar todos los botones. Que el camino hacia la planta baja durara más de los siete segundos de costumbre.
Uno.
Ella disimuló la mirada.
“Se ha peinado raro”, pensó fijándose en su pelo.
“Le sienta bien”.
Dos.
A él le quemaba la mano de la necesidad de rozarla con la suya. Quiso provocarlo. Un roce fortuito. Pero… ¿y si se molestaba?
Tres.
“No sé cómo las chicas se meten tanto con él”, pensó intentando no mirarle.
“No se puede negar que es guapo”.
Cuatro.
Dos suspiros se silenciaron en el movimiento del ascensor.
Cinco.
“Además, es listo. Solo le falta una chispa de valentía”.
Ella dibujó en su mente que él le tomaba de la mano. Sin querer, la rozó.
Seis.
Los dos se miraron un segundo.
Siete.
La puerta del ascensor rompió la complicidad de la mirada.
—Adiós.
—Adiós.
Esta vez, los suspiros fueron a destiempo.
Love of Lesbian – El Hambre Invisible
Siete segundos bastan para no olvidarse.

Susurra al abismo. Alguien, en algún sueño, escuchará.